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Kevin Feige, artífice del Universo cinematográfico de Marvel, revela las claves detrás de su éxito

Publicado 6 Jul 2017 – 06:00 PM EDT | Actualizado 14 Mar 2018 – 09:48 AM EDT
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Se puede hablar de éxito en términos puramente económicos y decir que el Universo cinematográfico de Marvel ( MCU) es la franquicia más taquillera de la historia, superando con su recaudación global a sagas clásicas como James Bond y Star Wars, a otras más contemporáneas como las películas de la Tierra Media de Peter Jackson y Harry Potter, y a cualquier otra de superhéroes, incluyendo X-Men, Batman y Spider-Man.

Pero el éxito del MCU no es solamente cuantitativo.

La franquicia, que dio inicio oficial en 2008 con el estreno de Iron Man, fue un cambio de paradigma, un punto de inflexión en el campo de la producción de blockbusters, con un concepto que ya excede al género de superhéroes y se ha convertido en el modelo que todo gran estudio de Hollywood quiere replicar: el del universo cinematográfico, con historias y personajes interconectados que comparten una misma continuidad, una idea que deja atrás la simple realización de secuelas que antes caracterizaba a cualquier blockbuster exitoso.

Es, sin dudas, un concepto heredado de los cómics de los que estas mismas películas toman inspiración, por lo que en cierto modo podría verse como una evolución natural del crecimiento de los superhéroes en la gran pantalla, un desenlace inevitable.

Pero hubo un responsable detrás de todo esto, y ese fue Kevin Feige.

La mente detrás del universo

Kevin Feige comenzó su incursión en el cine de superhéroes como productor asociado en la primera X-Men (Bryan Singer, 2000).

Avi Arad, el fundador de Marvel Studios, quedó asombrado con el conocimiento que mostró Feige del Universo Marvel, y lo nombró su mano derecha en el incipiente estudio cinematográfico dedicado a realizar adaptaciones de Marvel Comics a la gran pantalla.

En 2007 Feige fue nombrado jefe de producción de Marvel Studios.

Desde entonces, Kevin Feige ha producido todas y cada una de las películas del MCU.

Este rol le permitió oficiar como guía creativo de la franquicia, como factor unificador y cohesivo de esta vasta historia narrada a través de muchos capítulos y diferentes personajes, por encima de las intenciones y la visión de cada director y de cada película. Como tal, Feige fue el artífice de una especie de fórmula increíblemente eficaz, un estándar que ha permitido al MCU lanzar 15 películas que, más allá de consideraciones puntuales, siempre fueron como mínimo de calidad aceptable, y de ahí para arriba.

La presencia de una figura jerárquica de este tipo, y de un plan claro y centralizado definido de antemano al largo plazo, tiene ventajas que se evidencian al notar las diferencias entre el MCU y su eterna competencia DC Comics, con Warner Bros. llegando tarde, de manera apresurada y caótica a la fiesta de los universos cinematográficos, sin poder capitalizar, al menos no hasta la reciente Wonder Woman, todo el potencial de sus enormes franquicias y superhéroes.

Pero también tiene sus aspectos negativos: con el paso de las películas, esta fórmula estandarizada se hace cada vez más evidente y todas las películas parecen cada vez más iguales entre sí; además, Marvel ha tenido sus problemas con algunos directores, cineastas que probablemente pretendían mayor libertad creativa para salirse de los aspectos más anquilosados y mecanizados de la franquicia, y buscar caminos más personales ( Edgar Wright, uno de los casos más famosos tras alejarse de Ant-Man, declaró hace unos días: «Yo quería hacer una película de Marvel pero no estoy seguro de que Marvel quisiera una película de Edgar Wright»).

Una respuesta a las críticas 

En una entrevista con Mashable, Kevin Feige habló sobre todo esto, y sus primeras declaraciones parecen orientadas, precisamente, a contradecir estos que han sido de los pocos objetos de crítica de la franquicia, es decir, el apego a una fórmula que parece cada vez más restrictiva y la sensación de que se privilegia la narrativa global de la franquicia por sobre la historia de cada película.

«No hay una fórmula. Si lo tuviéramos todo escrito en un papel, en una receta detallada como el “nazi de la sopa” [el personaje de Seinfeld], sería todo mucho más fácil» dijo.

«Si es que existe una fórmula» consideró después, «es que cada película individual es, antes que nada, más importante que la conectividad general». 

Este es un aspecto que no siempre sale bien. Hay algunos casos notorios en los que la película se ve perjudicada por aspectos de la trama ostensiblemente orientados a construir historias o desenlaces de películas futuras, que no encajan en la lógica interna de esta película concreta (claros ejemplos son  Iron Man 2 o Avengers: Age of Ultron).  

Sobre el surgimiento del universo cinematográfico, Feige sugirió que no fue algo completamente premeditado: «En realidad nunca nos propusimos algo como “vamos a hacer un gran universo cinematográfico”, lo que dijimos fue “queremos hacer una gran película de Iron Man”. Después, “queremos hacer una gran película de Thor”, y “queremos hacer una gran película del Cap”».

Sin embargo, sí se inspiró en los cómics y en esa maravillosa sensación que había experimentado cuando un personaje aparecía en un título dedicado a otro.

«Queríamos recrear eso y convertirlo en el aspecto distintivo de Marvel Studios, algo que en ese momento otros estudios no podían hacer, porque tenían los derechos de un solo personaje».

Pero para conectar diferentes películas y personajes, era necesario primero tener películas y personajes que el público conociera.

«Mi esperanza era que Iron Man recaudara el dinero suficiente como para poder hacer otra película. Éramos un estudio nuevo, si esa película no funcionaba ahí se terminaba todo» recordó.

De todas maneras, se arriesgaron. Durante la producción misma de Iron Man, antes de comprobar si sería un éxito o no, decidieron grabar el cameo de Samuel L. Jackson como Nick Fury que aparecería después en la escena post-créditos, con el famoso anuncio de que Iron Man no era el único superhéroe en el mundo y la intención de discutir la “ iniciativa Avengers”.

En mayo de 2008, apenas días después del estreno de Iron Man, Marvel Studios anunció que lanzaría cuatro películas más dentro de los siguientes cuatro años. Éstas serían Iron Man 2, Thor y Capitán América: el primer vengador, todas las que conducirían finalmente a The Avengers.

Ese ambicioso anuncio fue el punto de quiebre: secuelas y spin-offs no eran nada nuevo, pero anunciar cuatro películas, conectadas entre sí, que saldrían en un período de cuatro años, fue revolucionario.

Sin embargo, en el momento no hubo una reacción acorde a lo grandioso del anuncio.

«Recuerdo haber pensado “es algo genial y nadie está hablando de esto”» dice Feige, «creo que la gente no terminaba de creernos, lo cual es entendible. Si Thor no hubiera funcionado, o si el Capitán América no hubiera funcionado, todo el plan se caía y las cosas habrían sido muy diferentes».

Por otra parte, el escepticismo general se puede explicar por el lugar que ocupaban en ese momento Iron Man y Thor, dos superhéroes relativamente menores dentro de Marvel, mucho menos populares que otros como Spider-Man (cuyos derechos de adaptación tenía Sony),  o los X-Men y los Fantastic Four (ambas franquicias en manos de 20th Century Fox).

Marvel vs. Directores

Kevin Feige también se refirió a la relación de Marvel con sus directores, asegurando que la visión de cada uno de ellos siempre cuenta, y que además muchas veces la visión de uno de sus directores es «un trillón de veces mejor que la nuestra».

«A veces un director se encarga de mejorar una idea nuestra, a veces consiste en hacer exactamente lo opuesto a lo que nosotros queríamos» reveló, para echar por tierra esa extendida noción de que Marvel y sus directores no siempre se llevan de la mejor manera.

Para confirmar esto, Feige le dio todo el crédito a Jon Watts, el joven director de Spider-Man: Homecoming, por haber encontrado ese tono juvenil perfecto para la película que querían.

Finalmente, Feige se resignó a hablar de una fórmula, aunque en términos más bien metafóricos y poéticos:

«Nuestra fórmula creativa siempre ha sido ir con el equipo de Marvel Studios, con nuestros socios creativos y con los colaboradores que contratamos en cada película, tomarnos las manos y saltar de avión en pleno vuelo, con la esperanza de, entre todos, lograr construir un paracaídas antes de llegar al suelo».

Siguiendo en la línea de su metáfora, se podría decir que Marvel se ha acostumbrado a volar muchas veces en piloto automático, lo que no siempre conduce al destino deseado. 

Hasta el momento, sin embargo, el Universo cinematográfico de Marvel lleva 15 paracaídas construidos y todo indica que habrá un 16.

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