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Ana, hondureña de 28 años, merienda en la Casa del Migrante, en Ciudad Juárez, junto con su hijo de casi dos años.

El dilema de cruzar la frontera a días de dar a luz

El dilema de cruzar la frontera a días de dar a luz

En el mayor albergue de Ciudad Juárez, migrantes descartan cruzar la frontera por las nuevas políticas migratorias de Donald Trump. Este febrero fue el mes con menos detenciones de indocumentados a su llegada a Estados Unidos desde 2000.

Ana, hondureña de 28 años, merienda en la Casa del Migrante, en Ciudad J...
Ana, hondureña de 28 años, merienda en la Casa del Migrante, en Ciudad Juárez, junto con su hijo de casi dos años.


CIUDAD JUÁREZ, México.- Ana y Luis deben decidir si cruzan o no la frontera entre Estados Unidos y México en las próximas horas. Ella, embarazada, está a una semana y media de dar a luz. Cuando huyeron de las maras y la extorsión en Honduras, su plan inicial era entrar a Estados Unidos de forma ilegal, pero durante su viaje hacia el norte tomó posesión Donald Trump, y ahora la pareja es un mar de dudas.

“Estamos en ese dilema de cruzar o no”, dice Ana, de 28 años, acompañada de un hijo de casi 2. “Queríamos cruzar, pero ya viendo las circunstancias de las cosas…”, comenta Luis, de 23 años, mientras ella se seca alguna lágrima de incertidumbre.

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Es imposible saber si es generalizado pero, en la segunda mayor urbe de la frontera, Ciudad Juárez, la mayoría de migrantes con quien hablamos pospusieron o cancelaron sus planes de seguir su viaje más al norte: los centroamericanos se plantean quedarse a probar suerte en México y los mexicanos recién deportados descartan arriesgarse a cruzar de nuevo.

Este febrero fue el mes con menos detenciones en la frontera desde 2000, el primer año del que se dispone de estos datos. El gobierno de Donald Trump lo interpretó como “un marcado cambio en las tendencias”.

El Departamento de Seguridad Nacional vinculó esa “noticia esperanzadora” con el drástico giro en políticas migratorias que está logrando a través de órdenes ejecutivas y memorándums. Sin embargo, los expertos advirtieron que era muy pronto para dibujar tendencias y sacar conclusiones de las decisiones del presidente Trump.

En Ciudad Juárez sí parece que las promesas de Trump tienen algún efecto.

¿Nos arriesgamos para que la bebé sea estadounidense?


Ana y Luis le dan vueltas a la opción de que ella cruce a El Paso para dar a luz en territorio estadounidense y que él se quede esperando en Ciudad Juárez. La decisión les quita la sonrisa y Ana dice:

“Ahorita me hicieron algo de miedo, como están las leyes en Estados Unidos, el presidente va a empezar a separar mamás de hijos. Y dijo yo, ¿será mi caso? Entonces me da como miedo, como terror”.

En los albergues de migrantes, en los trenes y los autobuses, en las redes de coyotes, no hay margen para la precisión informativa. Oyen, cuentan, dicen que. La pareja se refiere a una opción que el gobierno de Trump todavía está barajando llevar a cabo: separar a las madres de sus hijos al cruzar la frontera ilegalmente con el propósito de desincentivar la migración.

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En la entrada de la Casa del Migrante, donde Ana y Luis se albergan, hay un mural colorido con recortes del Diario de Juárez enmarcados con rotulador. Se lee: “Prioridad, contratar a más agentes para la Patrulla Fronteriza”, “Rechazará México a deportados de otros países”, “Sin boleto de vuelta, repatriados dejan atrás el sueño”, entre muchos otros titulares.

Este albergue católico, el más popular de Ciudad Juárez, está recibiendo muchos menos migrantes centroamericanos que un tiempo atrás. Este mes de marzo alberga al día a una veintena de personas en unas instalaciones preparadas para atender a varios centenares. También corroboran esa tendencia en Mirando a lo alto, un comedor evangélico a unos metros del Río Grande, que separa Ciudad Juárez de El Paso.

¿Y si nos devuelven directamente a Honduras?


Freddy y Héctor, de 33 y 35 años, acaban de llegar esta mañana a Ciudad Juárez. Dejaron a sus familias en Honduras por la inseguridad y la falta de trabajo, y tomaron rumbo a Estados Unidos.

“Lo que le preocupa a uno de cruzar la frontera ahora es más por la seguridad que han puesto y los policías que le arrestan a uno y lo deportan directamente a Honduras”, dice Héctor, para quien una deportación sería deshacer todo el camino logrado en Centroamérica y México.

Estos migrantes se quieren quedar en México por miedo a Donald Trump

“Imagínese: cruzamos, llegamos, trabajamos allá, y de repente nos sacan, porque se ha escuchado que los van a sacar a sus casas”, añade Héctor, que sentado en un banco en el patio exterior del albergue piensa en cómo trabajar ilegalmente en México.

Muchos migrantes repiten lo mismo, pero por ahora México no tiene constancia de un aumento de las deportaciones bajo el gobierno de Donald Trump. Ni en los datos de enero –que incluyen 11 días del nuevo presidente– ni en los provisionales que manejan en la oficina del Instituto Nacional de Migración en Ciudad Juárez. Sin embargo, la estadística mexicana no contempla a los deportados centroamericanos.

¿Para qué volverlo a intentar?


Quienes también parecen temorosos de cruzar ilegalmente a Estados Unidos son los deportados. Los que ya lo habían logrado una o más veces en el pasado.

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“Antes yo veía en ellos esa sencillez: ‘sí, sí, voy a volver'. Ahora lo están dudando, de si lo van a volver a hacer”, dice Blanca Rivera, coordinadora de la Casa del Migrante.

Al mediodía, llega al albergue una furgoneta con siete deportados. Aquí les dan comida y cama durante las primeras horas en México. Para el país, esta nueva realidad migratoria se presenta como un fuerte reto presupuestario, social y político.

Germán Fernando Jiménez, deportado tras vivir 36 años en Estados Unidos, descarta volver a cruzar ilegalmente por el racismo del que acusa al nuevo presidente. Patricia Damaris, que cruzó clandestinamente en 2016, se volverá a Chiapas porque el intento fue demasiado duro y sufrió “demasiada discriminación” en sus meses detenida.

¿Cruzamos o no cruzamos?

Mientras Patricia Damaris cuenta sus problemas para pagar el boleto de autobús a Chiapas, vuelven al albergue Luis y Ana de una visita al hospital que les tomó horas. Ella ya ha dilatado pero la bebé todavía no se encuentra en posición para nacer.
Luis trabajó en Honduras de cadete naval y de técnico en reparación de celulares. Ana en la casa. Todo se complicó cuando llegaron a cobrarle “el impuesto de renta” a su pequeño negocio. En la segunda extorsión, se negó a pagar y le gritaron, se negó a entrar en la pandilla y le pegaron. Herido, Luis le dijo a Ana: “Mira cómo me dejaron: aquí te quedas o te vas conmigo”, recuerda nueve meses después en Ciudad Juárez.

Luis, de 23 años, juega con su hijo en el comedor de la Casa del Migrant...
Luis, de 23 años, juega con su hijo en el comedor de la Casa del Migrante, en Ciudad Juárez.

El día siguiente habían desaparecido de su barrio, lo dejaron casi todo en su apartamento. Querían llegar a Los Ángeles, la ciudad que tanto le gusta a él, que tantas veces ha recorrido en Google Maps de forma virtual. Tiene supuestamente un hermano que es ciudadano estadounidense allí, pero no ha contestado a ninguno de sus mensajes recientes por Facebook.

Saben que dar a luz en Estados Unidos es muy riesgoso, pero que quedarse en México tampoco es fácil: “Tendremos dos tiernos y no podemos ir a dormir al suelo. Es muy difícil”. Tienen un permiso de residencia en México porque demostraron que huían de amenazas y violencia directa.

La decisión

Nos despedimos del matrimonio y su hijo de casi 2 años. La probabilidad de quedarse en México –dice él, que es quien parece que decide – es del 90% de que se quedan en México. Deberán buscar trabajo para él y algún sitio para rentar en Ciudad Juárez.

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Una semana después, la bebé todavía no había nacido y Luis trabajaba en una planta recicladora de Ciudad Juárez.

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Se omitieron los apellidos de los testimonios para protegerlos. El periodista Ronny Rojas, de Univision Data, colaboró con cifras de detenciones en la frontera. Pueden contactar al autor de esta historia a través del email dbonmati@univision.net o por Twitter.

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