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Indocumentados entran a EEUU antes de que Donald Trump asuma el poder

Indocumentados entran a EEUU antes de que Donald Trump asuma el poder

En la frontera sur hay migrantes centroamericanos que aseguran haber acelerado su viaje por temor a las amenazas migratorias del presidente electo. Es el caso de Paola, una joven guatemalteca que vino con su hija de dos años.

El viaje de una guatemalteca indocumentada que quiso llegar antes de Trump Univision

Paola A. se sube al autobús que la llevará en un viaje de unas 30 horas hasta Florida con las pocas pertenencias que tiene: una bolsa de plástico con algo de ropa, documentos y un oso de peluche del tamaño de su hija de dos años, a la que agarra de la mano.

Pero hay algo que le pesa más que todo eso. En el tobillo de su pierna derecha tiene un grillete electrónico con una batería que dura 12 horas.

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La joven de 26 años es de Guatemala, y acaba de cruzar la frontera de manera ilegal en McAllen, Texas. Después de ser detenida durante casi dos días por la Patrulla Fronteriza, le permitieron ir a la casa de su padre, que vive en el sur de Florida, mientras su caso se delibera en una corte de inmigración.

Hay miles de centroamericanos como ella que pasan a diario por el mismo proceso. Una vez son liberados, deben defender su caso de deportación y pedir asilo ante la corte. A algunos les colocan el grillete electrónico, uno de los métodos utilizados por las autoridades migratorias para hacerles un seguimiento.

“Me dijeron que con el chip no podía trabajar hasta que termine todo”, relata Paola. “Que solo tengo que ir a tiendas si es necesario. Si uno se enferma llamar (al médico), no salir donde a los doctores”.

Paola y su hija duermen de camino a Florida. Las familias indocumentadas...
Paola y su hija duermen de camino a Florida. Las familias indocumentadas que recién cruzan la frontera sur suelen viajar en autobús al resto del país para reencontrarse con parientes o conocidos que aceptaron recibirlos.

El número de indocumentados detenidos en la frontera sur se acerca hoy a los niveles de 2014, cuando el gobierno de Barack Obama declaró una crisis humanitaria ante la llegada masiva de menores no acompañados. Esta vez, el repunte es especialmente pronunciado entre lo que se conoce como unidad familiar: padres o madres que vienen con hijos.

Durante el año fiscal 2016, la Patrulla Fronteriza detuvo a 77,674 unidades familiares, un aumento del 95% con respecto al año fiscal 2015. Entre octubre y noviembre de este año hubo 28,694 detenciones de personas que viajan en familia, un 130% más que los mismos meses del año pasado.

El 'efecto Trump'

Muchos creen que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca aceleró esta tendencia. Al menos ese es el caso de Paola. Si bien no sabe el nombre del nuevo presidente de EEUU, le bastó con escuchar los rumores sobre cómo arremeterá contra los indocumentados para decidirse a partir. “Tal vez por eso la gente se viene lo antes posible de enero, por lo que se escucha de que él no quiere inmigrantes”, dice.

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Carmen Ramírez también apuró su viaje antes de la toma de posesión de Trump el 20 de enero. Su esposo, que vive en San Francisco, pidió ayuda a unos primos para terminar de juntar los 10,000 dólares que cobraba el coyote para traerla a ella y a sus dos hijos de El Salvador.

“Mi marido dijo que el señor que ha entrado va a deportarlo, pero tiene confianza en Dios de que a lo mejor cambia su pensamiento”, cuenta. Durante el camino tuvo que deshacerse de todas sus pertenencias, salvo el trozo de papel con el teléfono de su esposo. Por si acaso, también se lo memorizó.

A menudo, son los coyotes los que usan a Trump como excusa para armar a sus clientes de valor. La decisión de cruzar México no se toma a la ligera. Durante el viaje, los migrantes suelen ser víctimas de robos, violaciones o asesinatos.

Ramón, un coyote que Univision Noticias entrevistó en Reynosa, México, les dice a los inmigrantes sin papeles que con Trump “va a haber más fuentes de empleo porque van a despedir a las personas”.

La lógica de este coyote -que no quiso ser identificado con su apellido- es la siguiente: a juzgar por sus promesas electorales, Trump deportará o encarcelará a millones de indocumentados. Esto provocará muchas vacantes de empleos informales en Estados Unidos. Habrá más demanda y mejores salarios para llenar esas vacantes.

“Estados Unidos no va a poder vivir sin nosotros”, asegura Ramón, que habla como si fuera un migrante más. “Lo que hace fuerte a Estados Unidos somos nosotros, los que somos la gente indocumentada”.

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Emigrar o correr el riesgo de morir

Pero activistas y expertos en inmigración subrayan que Trump no es la principal causa detrás del nuevo pico de migrantes. El motivo de fondo sigue siendo el mismo: la pobreza y la violencia que azotan al llamado Triángulo Norte, conformado por El Salvador, Guatemala y Honduras.

La hermana Norma Pimentel, directora de Caridades Católicas del Valle del Río Grande, en Texas, conoce de cerca las historias de las familias que huyen de esos países. “Se atreven a todo para poder salvar a sus hijos. Mientras esa situación en sus países no cambie, van a continuar buscando la manera de huir de esa realidad”.

En un centro de ayuda que supervisa en McAllen, esos relatos toman cuerpo y forma. Maritza Hernández, una salvadoreña de 34 años, se vino después que las pandillas la amenazaran de muerte e intentaran quitarle dos veces a su hijo, con el que viaja. Querían cobrarle una extorsión de 80 dólares mensuales, más de un tercio de su sueldo como promotora de salud.

Decenas de familias pasan a diario por el refugio, montado en una iglesia local de la ciudad fronteriza. Allí pueden descansar, bañarse, comer y recibir ropa y juguetes que los más pequeños estrenan a gusto.

Paola lleva puesto un grillete electrónico en su tobillo, uno de los mét...
Paola lleva puesto un grillete electrónico en su tobillo, uno de los métodos utilizados por las autoridades migratorias como alternativa a la detención. Lo tiene que cargar cada 12 horas.

Con un grillete, rumbo a Florida

Paola A. también pasó por el centro de ayuda en McAllen, donde le dieron ropa, un biberón para su hija y el oso de peluche que ahora le sirve de almohada en el viaje hacia Florida.

Los indocumentados recién llegados utilizan los autobuses comerciales para moverse al resto del país al encuentro de parientes o amigos que aceptaron recibirlos.

En el vehículo de Paola, todos los pasajeros parecen hablar español. Tanto es así que el conductor da las instrucciones en ese idioma. Al cabo de un rato, se da cuenta de que se olvidó de los posibles angloparlantes y toma el micrófono para agregar: “If somebody here doesn't speak Spanish let me know if you have any questions” (Si alguien aquí no habla español, por favor avise si tiene alguna pregunta). Nadie levanta la mano.

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Entre las risas de los que siguen atentos una película de Cantinflas en dos pequeños televisores del autobús, Paola cuenta que la sombra amenazante de Donald Trump -el presidente electo cuyo nombre no conoce- es solo una parte de lo que la impulsó a dejar Guatemala.

Las maras (las pandillas criminales que siembran el terror en el Triángulo del Norte) dejaban celulares desechables en la puerta de su casa para pedir extorsiones, asegura. “Nos llamaban al teléfono a decirnos que si no dábamos el dinero nos iban a matar”. Pedían 8,000 quetzales, más de 1,000 dólares.

Paola se reencuentra con su padre en Florida y con un hermano que había...
Paola se reencuentra con su padre en Florida y con un hermano que había emigrado antes y que no conocía a su sobrina de dos años.

Paola también vivía el miedo puertas adentro. Es víctima de violencia doméstica y trae consigo una denuncia policial que espera presentar como una prueba en su petición de asilo. “No me gusta hablar de eso porque hablar de eso me genera tristeza de recordar esos momentos”, murmura.

Lo que Paola no sabe es que las cortes de inmigración están saturadas. Al día de hoy tienen acumulados más de 521,000 casos para un total de 273 jueces, según los últimos datos disponibles del Centro de Información de Acceso a Registros Transaccionales (TRAC) de la Universidad de Syracuse de Nueva York.

Tampoco sabe que es difícil obtener asilo si no es perseguida por motivos políticos, religiosos, por su nacionalidad, raza o por pertenecer a un grupo particular, los principales criterios considerados por las leyes internacionales ratificadas por EEUU.

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Un abogado es crucial para poder navegar un proceso laberíntico y presentar las pruebas necesarias. En el año fiscal 2016, a los que no tenían representación legal les denegaron el asilo en el 90% de los casos. En cambio, a los que sí tenían abogado, ese porcentaje bajó al 48%, según TRAC.

Hay una visa especial para víctimas extranjeras de maltrato doméstico, pero el crimen tiene que haber ocurrido en Estados Unidos o haber violado las leyes estadounidenses.

La mayoría de los indocumentados recién llegados no tienen dinero para pagar un abogado privado. Hay varias organizaciones que brindan ayuda legal a los inmigrantes sin recurso. Los agentes fronterizos le dieron a Paola una lista de grupos a los que llamar en el sur de Florida.

Al llegar a su destino final, Paola se baja con su hija y busca a su padre con la mirada. Todavía no llegó. No se ven desde hace un año. Hay inmigrantes que pasan mucho más tiempo sin verse, a la espera de una oportunidad para reencontrarse.

Al cabo de unos minutos, el padre aparece. Se reparten besos y abrazos. Está allí también un hermano de Paola que emigró antes a Estados Unidos y que solo conoce a su sobrina por fotos. Después de los saludos, la familia se sube a una camioneta y enfila en la oscuridad hacia el nuevo e incierto hogar de la joven guatemalteca en suelo estadounidense.

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