El escepticismo republicano sobre el cambio climático

“La negación del calentamiento global es el equivalente contemporáneo a la negación de que la Tierra es redonda, mito que condenó a muchas personas ilustradas a la hoguera durante la Edad Media e incluso después”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2018-12-03T11:55:24-05:00

Cuando el fin de semana concluyó la cumbre del Grupo de los 20 en Argentina, 19 suscribieron el principio de preservar y mejorar el acuerdo de París contra el cambio climático. La nota discordante la dio el rebelde sin causa de la política exterior, Donald Trump. El presidente estadounidense pertenece al aberrante club de dirigentes políticos que no creen en el calentamiento global, ni en sus peligros para nuestro planeta y sus habitantes ni mucho menos que el hombre sea un factor en ese fenómeno. Es un escepticismo que comparte formalmente casi todo el Partido Republicano, con la excepción de algunos herejes que hoy carecen de influencia en él. Y es un escepticismo que en principio se cura leyendo y estudiando. Pero es demasiado tarde para devolver al colegio a miles de dirigentes del GOP, para no hablar de los ciudadanos que a pies juntillas acatan sus prejuicios y recelos sobre el tema.

La negación del calentamiento global es el equivalente contemporáneo a la negación de que la Tierra es redonda, mito que condenó a muchas personas ilustradas a la hoguera durante la Edad Media e incluso después. Y su presupuesto es parecido: se basa en la ignorancia a menudo voluntaria de hechos y datos científicamente constatables porque algunos negadores influyentes le sacan partido a la negación. Muchos líderes conservadores rechazan la verdad sobre el tema porque reciben generosas donaciones de los sectores mayormente responsables del calentamiento global, como las industrias energéticas del carbón, petróleo y gas; y porque creen que es más fácil hacerse eco del oscurantismo de la gente que ejercer el liderazgo que hace falta para ilustrarla y exigirle los sacrificios que todos deberíamos hacer para combatir el problema.

Un ejemplo ya clásico de este escepticismo oportunista lo dio Mitt Romney cuando aspiró a la presidencia en 2012. Antes de declararse candidato, en 2010 publicó Apology, libro en el que sostuvo: “Creo que se está produciendo el cambio climático. También creo que la actividad humana es un factor que contribuye a ello”. Pero tan pronto los grandes donantes contaminadores le halaron las orejas, en plena campaña por la Casa Blanca, proclamó: “Mi criterio es que no sabemos qué está causando el cambio climático en este planeta”.

El escepticismo de Trump es mucho más acendrado que el de Romney. Se hunde sin remedio en el oscuro pozo de la ignorancia. Tan pronto asumió el poder, despidió a científicos federales cuyos estudios habían confirmado el creciente problema del cambio climático y recomendado medidas concretas para frenarlo. Sus sustitutos, sin embargo, llegaron a las mismas conclusiones, las cuales acaban de publicar en el National Climate Assessment. Los calentamientos extremos, advierte el informe, “ya se han hecho más frecuentes, intensos, extensos y de larga duración”. Y han “batido récords en Estados Unidos, dañando el clima a un costo de 400,000 millones de dólares desde 2015”. La respuesta oficial de Trump es una oda a la necedad que comienza con un elemental: “ I don’t believe it”, “no me lo creo”.

El presidente también retiró a Estados Unidos del acuerdo de París que en 2015 suscribieron 195 naciones. Su objetivo fundamental es que cada país contribuya a reducir o frenar el aumento de las emisiones de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero. Trump más bien lleva a Estados Unidos exactamente en la dirección contraria. Desde que llegó a la presidencia, ha procurado desmontar las medidas que gradualmente adoptaron sus predecesores, especialmente el Presidente Obama, para proteger el medio ambiente. La publicación Axios ha documentado cómo funcionarios del propio gobierno trumpista conspiran para salvar de la arbitraria cuchilla presidencial protecciones sin las cuales los efectos del calentamiento serían más fuertes y serios, en menos tiempo, para nuestro país.

Las industrias contaminantes han formado un poderoso cabildo que se afana en ofuscar el debate sobre el cambio climático. Han subvencionado estudios apócrifos y alentado a billetazos a seudocientíficos para que arrojen dudas sobre el problema. Pero, a pesar de todo eso, se ha abierto paso un consenso científico casi total de que la Tierra se está calentando, que su calentamiento se debe en gran medida a ciertas actividades humanas y que sus consecuencias serán más negativas que positivas.

Es verdad que aún queda espacio para el debate, como suele ocurrir con todas las cuestiones científicas de importancia para la humanidad. Pero, mientras se debate y explora, los gobiernos responsables deberían fomentar el estudio del cambio climático, escuchar las sugerencias de los expertos, tomar precauciones y, sobre todo, educar a la población sobre el fenómeno en el que está en juego el bienestar no solo de futuras generaciones, como suele advertirse, sino también de la nuestra. Desde las tormentas tropicales cada vez más frecuentes e intensas hasta los voraces incendios en el oeste del país, los estadounidenses conocemos, o deberíamos conocer, de primera mano el gran reto que representa el cambio climático.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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