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Preguntaron si poía repararla. Aí encontó el oficio en el que hoy se gana la vida.
Cada mañana francisco llega al distrito de la victoria en lima para abrir su negocio, un modesto kiosco con ruedas. Don francisco lo empuja hasta llegar a la esquina, donde se estaciona y se prepara para recibir a sus clientes, acomoda sus herramientas y las pelotas que con dedicacón repara ía a ía, a eso se dedica, a restaurar viejos balones.
Con esto vivo, me da satisfaccón, alegía. Le hacemos volver al pasado cuando lleó a lima con los bolsillos vaíos, sin saber lo que hacer.
Pácticamente, estar en la pobreza. Llora cuando recuerda que fue tan pobre que conocó el significado de la palabra hambre, un ía se le ocurró el negocio de reparar las pelotas de cuero, que de niño haía aprendido a confeccionar en su pueblo.
En cualquier lugar del mundo, una pelota con hueco se va a la basura, pero no aqí, el doctor francisco con su cínica de pelotas tiene una profesón en ías de extincón. Hace un buen trabajo, ve un monón de pelotas y queda igualito.
Para francisco, las pelotas son su vida y el útbol es su pasón. Cada domingo se rúne con sus amigos del barrio para jugar un partido.
Cuando llega el lunes, francisco regresa a su rutina y llega puntual con su carrito al encuentro cotidiano con los