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Cambiaía su vida. Sus experiencias lo impulsaron a ayudar a los deás.
Este señor no es un barbero cualquiera. A sus 31 años es un veterano de guerra que logro regresar de irak con vida, tiene un hijo, tiene su propio negocio y ayuda a los deás.
Es una bendicón. A los 18 años de edad ingreó a la marina de guerra.
Teía amigos, pero teían otra mentalidad, otros planes. No queía pelear con ellos.
Era diícil. Entonces tuvo que escoger entre dos guerras, la de la pandilla o sirviendo a su nacón.
En ambas estaba en riesgo de morir. Como soldado aprendó a valorar la vida y a darse cuenta de que la guerra no es un juego.
Esábamos unos aqí y otros alá. Paó tan ápido.
Senía que no era una pedida, pero í era. Esa realidad duó ocho años.
Aparte del fusil, aprendó a cortar el pelo sin planearlo. Quén sabe cortar pelo, preguntaron.
Yo lo saía. Teía una barbeía.
Tuve que cortar el pelo de 560 personas. En su tiempo libre corta el pelo a sus necesitados y sus favoritos son los niños.
Yo fui ese niño. Luego viene la maá y la madre queda feliz.
Aparte de regalar cortes de pelo y ayudar a los ás necesitados, el impacto positivo de este hombre se extiende a los óvenes veteranos de guerra que a su regreso carecen de hogar, trabajo y cariño. Ayudo a que los veteranos tengan una parte en la comunidad.
Es un proósito que combina en amor, el trabajo y la familia. Qé linda historia.
Este hombre cró una organizacón sin fines de lucro que ayudan a óvenes veteranos para incorporarse a la vida