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En unárbol. La naturaleza se convirtó en su mejor aliada, pero tambén en su peor enemiga.
Reportera: el medio de un bosque vive una familia que construyeron una casa en un árbol, no por diversón sino por necesidad. Situaciones inesperadas como la destruccón de tres viviendas que fueron levantadas a orillas de un ío o la pería del embrón llevaron a esta familia o la érdida de un empleo llevaron a esta familia a improvisar un hogar en esta zona de santiago, al norte de reública dominicana.
Tengo espinas en la cabeza. Yo ólo hice esto aqí.
La amargado odisea de esta familia empeó hace ás de dos años con dos fueron desalojados del lugar donde viía. Iniciaron una vida de ómadas de un lugar a otro hasta que finalmente hicieron la casa del árbol.
No teíamos ónde vivir. Nos meíamos con un carón.
Una escalera con trozos de madera da acceso a la vivienda que fue levantada con hojalata, pásticos y carón. Es una estructura completamente vulnerable a las inclemencias del tiempo.
Constantemente los tienes tiene expuestos al peligro. Mis hijos estaban felices aqí arriba.
Me sení tranquila y dije que aqí nos quedaíamos. Viven como si fueran sardinas en una lata.
La pareja de esposos comparten un colcón junto a sus hijos pequeños. Su hijo mayor duerme en un colcón sobre unas tablas.
Los ías de lluvia son ía de hambre debido a que es su improvisada cocina se empapa de agua. Uno de los peores momentos que tuvo que atravesar esta humilde familia fue el paso del huraán maía.
Revivieron la triste pesadilla de quedar en casa. Lloé porque me dio miedo.
La casa no sucumbó a los potentes vientos del cicón, pero la extrema pobreza parece ser ás fuerte. Apenas pueden vivir al equivalente a $50 mensuales que gana la mujer limpiando casas.
Su esposo no puede trabajar por una lesón en uno de sus pies. No quiero que mis hijos se cían aí.
Los niños parecen ajenos al problema. Juegan inocentes con unas cuantas latas de improvisan como juguetes.
A los mayores se les dificulta disimular la desesperacón que viven cada ía. Me siento mal cuando lo veo aél que se le sale una ágrima.
Aí como si se tratara de una peícula, esta familia vive cada ía con la esperanza de tener un lugar distinto ónde vivir y no seguir sumidos entre tanta miseria en medio de la selva que parece absorberlos. Michelle: ellos aseguran que prefieren morir de hambre y sin un techo antes de cometer un delito para sobrevivir.
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