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Lo que comenzó como una comodidad moderna hoy es un desafío para nuestra salud. Sin saberlo, todos consumimos diariamente pequeñas partículas de plástico.
Estas piezas invisibles provienen de productos que usamos a diario y están presentes en nuestra cadena alimentaria. Pero cómo afecta nuestro cuerpo y cómo podemos frenar su avance?
Aquí se los explico. Están en el agua que bebe, en el aire que respira y muy probablemente ahora mismo recorren su torrente sanguíneo.
No se ven, pero están transformando el planeta de forma irreversible. Son los microplásticos partículas de polímeros de menos de cinco milímetros que han colonizado hasta el último rincón de la tierra.
Vienen de dos. Dos lugares.
Uno de la. Todas las cosas que compramos y usamos y a veces no también hay otro tipo de plástico que hacen las fábricas gigantes que que manufacturan los plásticos.
Yo tengo unos ejemplos aquí no sé si se se ve. Y estos son los más grandes.
Ahí también hay polvos. Muchos más pequeños.
Los microplásticos o nanoplásticos provienen de nuestra rutina diaria. Por ejemplo, cada vez que lavamos una prenda sintética, miles de fibras de poliéster viajan al mar.
Y luego esas pequeñas partículas son consumidas por los peces que terminan en nuestra mesa. O cada vez que frenamos nuestro auto, el desgaste de los neumáticos respiramos y llegan a nuestros pulmones.
Eso es grave. Están en las cimas de montañas y también en el fondo.
Más, más profundo del mar. Se calcula que cada semana una persona consume aproximadamente cinco gramos de microplásticos, es decir, el equivalente a una tarjeta de crédito.
En el cuerpo humano se han encontrado microplásticos en cabello, saliva, sangre, leche materna, placenta, hígado, riñones, colon, bazo, pulmones y cerebro, por mencionar algunos. La primera cosa que yo recomendaría sería no tomar agua en botellas de plástico.
Pongan mucha atención si en su casa tienen algunos de estos utensilios. Si es así, los expertos recomiendan desecharlos inmediatamente y en su lugar que de utensilios.
Mucho más saludable. En el caso de los contenedores, recomiendan que sean de cristal.
En el caso de las palas y cucharas tienen que ser de metal o de madera. Las tablas se recomienda que sean de bambú o de madera natural.
Y en el caso de los sartenes y las ollas, piden que sean de cerámica o de acero inoxidable. El panorama no es alentador, pero si no cambiamos el rumbo para el año 2050 habrá más plástico que peces en el mar por peso.
La pregunta no es si el plástico está en nosotros, sino si seremos capaces de limpiar