El
gobierno federal pone bajo la lupa la seguridad de los expertos que trabajan en laboratorios nucleares tras
reportar once casos de muertes o desapariciones en tres años. A pesar de manejar información clasificada, estos especialistas
viven sin protección oficial constante, lo que facilita posibles agresiones externas. El
FBI reconstruye la vida de los afectados para
descubrir si alguna red criminal planeó estos incidentes para frenar el
flujo de datos sensibles hacia el futuro.