La empresa
OpenAI detectó una campaña de influencia global impulsada por China tras descubrir que un funcionario utilizaba
ChatGPT para documentar la intimidación a disidentes en el extranjero. El
chatbot sirvió involuntariamente como "diario" de esta operación, permitiendo a la tecnológica identificar tácticas de
acoso y manipulación digital. El hallazgo expone nuevas vulnerabilidades en el uso de inteligencia artificial para fines de espionaje y control político internacional.