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De cristiano. Y oye, raúl, yo no puedo creer, tú dices que solo comerías hot dogs o perros calientes de nueva york, yo te reto a que pruebes el que yo preparo, mira, con sus jalapeñitos, con chile, tomate.
Bueno, la cebollita. Clarissa: qué rico, karina.
Karina: a parte, tiene unos trocitos de bacon. Raúl: karina.
Karina: mira, raúl. Raúl: vas a hacer que carlos ponce se ponga de mi tamaño si sigues cocinándole en la casa todos los días.
Karina: ¿verdad? Pero es que mira, ¿quién se puede resistir a esto, raúl?
Yo te mando uno. Ahí va para allá.
Raúl: gracias, karina. Clarissa: gracias, karina.
Qué rico, oye, está toda una chef ahora. Raúl: sí, está todo el día cocinando en casa de carlos ponce, todas las noches.
Clarissa: me encanta. Está enamorada, raúl.
Raúl: llega, se pone a cocinar, que vamos a hacer esto. Pocas veces que salen a comer, porque ahora es difícil salir a comer en esta pandemia.
Clarissa: si yo me enamoro, a mí me daría por comer, no por cocinar, yo creo. Y yo ya como, imagínate.
Raúl: tú estás igual que mi esposa, que cuando yo la conocí me invitaba a comer a su casa, hacía picadillo, arroz, esto lo otro y ahora... Clarissa: cocinas tú, raúl, de vez en cuando.
Raúl: espera que yo llegue a la casa para que le cocine. Clarissa: pero hoy en día-- raúl: cómo cambia la vida, señores.
Vámonos a una pausa. ¿tú hacías reservaciones o no?
Porque mi esposa no pone las reservaciones tampoco. Clarissa: bueno, tal vez sí.
Sí, puedo, puedo asegurarme de que todo salga bien. Raúl: ¿ya está listo?
Clarissa: ah, yo quiero un chin.