Comer es una actividad que realizamos todos los días, la cual cubre nuestras necesidades básicas como proporcionarnos los nutrientes necesarios que nuestro cuerpo necesita a través de los alimentos.
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Sin embargo, algunas veces desarrollamos el mal hábito de comer rápido sin darle la oportunidad a nuestro organismo de digerir la comida como debería de ser, además de poner en riesgo nuestra salud debido a un atragantamiento y otras cuestiones más.
Lev Dolgachov
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Las personas que comen lentamente tienen menos probabilidades, tanto de volverse obesas como de desarrollar el síndrome metabólico, es decir, un conjunto de condiciones que nos ponen en riesgo de sufrir enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2.
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En un estudio realizado por la investigadores de la Universidad de Hiroshima, en Japón y el cardiólogo Takayuki Yamaji, participaron mil 83 personas (642 hombres y 441 mujeres), con una edad media de 51.2 años y que en 2008 no tenían síndrome metabólico.
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En el experimento, procedieron a dividirlas en tres grupos diferentes, según la velocidad a la que consideraban que comían habitualmente: lenta, normal o rápida.
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Asimismo, asociaron la velocidad de comer con un mayor aumento de peso, un nivel de glucosa en sangre mayor y también con un incremento de la circunferencia de la cintura.
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"Cuando las personas comen rápido, tienden a no sentirse llenas y es más probable que coman en exceso. Comer rápido provoca una mayor fluctuación de la glucosa, lo que puede llevar a la resistencia a la insulina", explicó Takayuki Yamaji.
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Si eres de las personas que comen rápido, debes saber que lo ideal es que le dediques al menos 30 minutos a consumir todos tus alimentos para hacerlo de forma adecuada.
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Además, existen otros efectos negativos como la hinchazón del vientre, ya que si no se mastica lo suficiente, la comida llegará al estómago en trozos grandes, los cuales no podrán ser digeridos adecuadamente causando distensión abdominal, flatulencias y pesadez.