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Corona de Lágrimas Capítulo 80

8 Abr 2020 – 12:00 AM EDT

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refugio: yo acostumbro cumplir

con mi palabra, fíjese.

rómulo: qué bueno, me da mucho

gusto, porque eso quiere decir

que usted y yo

somos prácticamente iguales.

refugio: ay, ya.

rómulo: bueno, ya estoy aquí,

refugio, súbase, por favor,

no sea usted penosa,

no me desprecie la galantería.

ándele, ándele.

nacho: ¿es mi jefa?

[música]va en ese coche?

rómulo: ¿por qué me mira así,

refugio?

refugio: no quiero que vuelva

a hacer esto.

yo tengo más motivos

para desconfiar de usted

que usted de mí, eh.

rómulo: óigame, por favor.

¿qué va a decir mi chofer, abel?

bueno, abel escucha

hasta donde yo le pago.

¿verdad, abel?

abel: sí, señor.

rómulo: ¿ya ve?

pero, por favor, olvide que vine

por usted por desconfianza.

piense más bien que fue

una cortesía, de un servidor.

de alguien que la admira.

que no quiere que se calcen

esos "piececitos"

en sus sandalias baratas.

refugio: muchas gracias,

pero ni la acepto

ni la necesito.

ya veré cómo me voy yo

a casa de patricio.

y si me subí fue para

que no me vean mis vecinos

y vayan a hablar de más.

rómulo: sí, porque

en estas vecindades luego

son bien chismosos, ¿verdad?

bueno, está bien,

quise asegurarme de que usted,

el día de hoy, se presentara

en casa de mi hija.

refugio: pues hizo muy mal, eh.

y ya me voy a bajar,

porque tengo

muchas cosas que hacer,

antes de llegar con olga.

rómulo: no.

no, por favor.

mire, antes que nada,

soy un caballero.

nosotros la llevamos

a donde usted se dirija.

refugio: tengo que ir

con una amiga a dejarle...

una cosa.

rómulo: ¿una cosa?

refugio: sí, sí, una cosa.

y a un rumbo que a usted

seguramente no le va a gustar.

rómulo: por favor.

refugio: y también tengo

que comprar una libretita.

porque tengo que tomar nota

de todo lo que se necesita

en casa de mi hijo.

rómulo: una libretita.

esas con su lapicito amarillo

bien afiladito.

para ponérselo aquí,

arribita de la oreja.

y perdón

que la saque de su error,

pero no es casa de su hijo,

es casa de mi yerno.

fíjese, que he estado pensando.

¿cómo le dicen a los niños

que cuidan las nanas?

porque si usted

fuera su madrina,

sería su ahijado.

si usted fuera su tía,

sería su sobrino.

pero en este caso,

usted no es nada.

¿qué pasó, refugio?

yo pensé que la gente pobre

nunca perdía

su sentido del humor

pero veo que me equivoqué.

refugio: ¿qué?

¿de verdad no puede

abrir la boca sin hacer

un comentario de mal gusto?

rómulo: me cae bien.

vamos a donde te diga la dama.

nacho: chale.

espero que mi jefa

sepa lo que hace.

edmundo: doctora, ¿cómo está?

doctora: bien.

¿cómo sigue tu mamacita

de los ojos?

ya no me la has llevado,

para que le haga

la siguiente evaluación

de la vista.

edmundo: le prometo

hacerlo pronto.

pero como ya no está trabajando

todo el día

frente a una pantalla

de computadora,

pues su visión

ha mejorado muchísimo.

doctora: es lógico.

y me da mucho gusto.

pero, de cualquier manera,

quiero hacer una evaluación

de rutina, como corresponde

en este caso de enfermedad.

edmundo: sí, sí,

muchísimas gracias.

yo le aviso, gracias.

doctora: edmundo.

tengo una pregunta que hacerte.

me da un poco de pena, pero...

¿sigues viendo

al alumno barajas?

edmundo: muy de vez

en cuando nos vemos,

pero ¿quiere que le diga algo

cuando me lo encuentre?

doctora: no, no.

solo quiero

que me saques una duda,

porque escuché un rumor

que espero no sea cierto.

me preocupa mucho

que el alumno barajas

ha estado distribuyendo

medicamento controlado,

de manera clandestina.

edmundo: no, pues,

no tengo idea de eso.

¿quién anda diciendo eso?

doctora: un anestesiólogo,

amigo mío.

y me preocupa,

porque como tú y él

son muy amigos,

te puede perjudicar.

edmundo: pero eso no es cierto,

doctora.

doctora: mundo,

tú eres un alumno muy brillante.

y me dolería mucho

que te vincules con él.

podría acarrearte

muchos problemas.

empezando porque no podrías

terminar tu carrera.

y jamás ejercerías como médico.

martina: nacho, mi hijo.

ay, nachito.

qué bueno que llegas.

nacho: ¿y para qué soy bueno,

doña marti?

martina: chelito me dio el sobre

con el dinero de lo que sobró

de tijuana, y pues,

estoy bien apenada contigo.

nacho: achis,

¿gastamos de más?

martina: no, hijo,

al contrario.

vi que pusiste las notas,

¿cómo crees que yo

te voy a pedir cuentas?

además, sobró más de la mitad.

me salieron re baratos.

nacho: pues sí, doña martina,

si el viaje no duró ni la mitad

de lo que pensábamos.

tuvimos mucha suerte

de encontrar pronto a césar.

martina: entonces,

el resto es para usted.

nacho: no, no, ¿cómo cree?

no para nada, no.

martina: no, sí.

yo ya había separado

ese dinero para el viaje.

si hasta pena me da

que me hayas devuelto

lo que sobró.

nacho: doña martina,

no, muchas gracias, pero no,

no me ofenda.

martina: ¿cómo te voy a ofender?

no sea usted orgulloso,

tenga, ándele.

martina: ¿por qué no?

nacho: porque, de verdad,

no lo puedo aceptar.

¿cómo voy a tomar algo

que no me gané?

además, usted me echó la mano.

mejor, guárdelo para cuando

va a ver al césar o algo.

martina: [ríe]

ay, muchacho.

lo voy a dejar, eh,

para cuando se necesite.

incluyéndote a ti.

nacho: gracias, doña martina.

martina: bueno,

y ahora, cuéntame.

¿cómo está tu mamacita?

nacho: bien.

el que anda medio preocupado

por ella soy yo.

martina: no, si no te conoceré.

ya decía que esa carita

no era normal.

cuéntame,

igual y te puedo ayudar.

rómulo: permítame.

¿viene aquí?

¿al changarrito "la popular"?

refugio: sí, sí.

aquí es.

espérenme, por favor.

rómulo: oiga,

¿no es alusión personal,

verdad?

[ríe]

refugio: ay.

julieta: ay, refugio.

refugio: julieta, buenos días.

mira.

te traigo el dinero

que te prometí, eh.

julieta: refugio,

que dios te lo pague.

refugio: pero no puedo

acompañarte al banco

porque tengo unas cosas

que hacer.

julieta: sí, sí,

ya me imagino.

no te preocupes.

refugio: pero no vayas a dejar

de hacer hoy mismo el depósito,

porque está muy cerca

el nuevo vencimiento.

julieta: sí, refugio,

te lo prometo.

bueno, pero,

¿y qué decidiste de lo otro?

refugio: julieta--

rómulo: buenos días,

buenos días.

no interrumpo, ¿verdad?

julieta: ya quedó contestada

mi pregunta, refugio.

rómulo: qué bien surtido

su changarro, eh.

desde niño que no comía de esto.

óigame, yo--yo

a usted la conozco.

con todo respeto,

jamás podría olvidar eso,

y el cuerpo.

¿no me fue a buscar

a mi oficina?

julieta: ¿sabe que?

yo nunca en mi vida

buscaría a un hombre

como usted.

yo fui a buscar

a patricio chavero.

ni nunca lo buscaría.

rómulo: belleza,

nunca diga nunca.

porque las mujeres

son como los taxis,

si una se va, atrás viene otro.

y no me hable tan golpeado,

no me conoce.

refugio: bueno, bueno.

yo ya hice

lo que tenía que hacer.

¿podemos irnos, por favor?

nos vemos, julieta.

gracias.

julieta: que dios te acompañe.

rómulo: ¿para mí también

va a haber beso?

¿cuánto le debo?

julieta: nada, lléveselo.

se lo regalo, señor.

rómulo: están un poco rancios

pero de todas maneras,

hay que pagarlos.

se queda con el cambio, belleza.

permítame.

como puede usted darse cuenta,

sé tratar a una dama.

¿le gusta?

julieta: tenga su dinero.

rómulo: ábreme la puerta.

abel: sí, señor.

rómulo: ¿no le molesta el humo,

verdad?

julieta: pero ¿qué le pasa

a mi amiga refugio?

¿por qué está haciendo esto?

[música]

[música]

nacho: entonces, vi que mi jefa

se subió a un carro

bien elegante, de lujo,

así como de alemania y todo.

martina: achis.

qué raro.

¿y qué piensas, mi hijo?

nacho: la neta, me dio

rete mala espina, doña marti.

martina: ay, no, nachito.

tú, no.

no pensarás mal de tu mamá,

¿verdad?

nacho: no, ¿cómo cree?

¿cómo se le ocurre?

es mi jefa.

no, para nada.

martina: me espantaste.

entonces,

¿qué supones que está pasando?

nacho: pues, no sé.

la verdad es que le hago

y le hago, y no le doy.

digo, porque mi jefa me dijo

que tenía cosas importantes

que resolver y que yo confiara

en ella, pero la pura neta

es que me da miedo que...

martina: ¿qué?

suéltalo, mi hijo.

nacho: ¿sabe lo que hace

mi jefecita, desde hace días,

cuando llega a la casa?

se pone a tejer ropita de bebé.

digo, doña marti,

yo no soy tonto.

tengo con qué.

y a mí me late que el patricio

la está chantajeando

para que haga algo a su favor.

a mí eso no me gusta nada.

olga: ¿y?

se me hace muy raro

que no me hayas dicho nada

de mi nueva acompañante,

y eso que es tu nana.

patricio: a ver, mi amor.

cuéntame qué es lo que quieres

que te diga.

¿por qué no mejor la conoces tú

y tú misma me dices

qué te parece?

olga: ay, bueno.

¿por qué no me das un adelanto

y me dices qué clase

de araña es?

porque fue tu nana

durante años, ¿no?

patricio: olga,

te dije que respeto, por favor.

no tengo ganas

de hablar de ella.

para empezar, yo no estoy nada

de acuerdo con que esté aquí.

¿tú no eras la que decías

que no querías a mi nana

visitándonos aquí, a cada rato,

después de que nos casamos?

pues, entonces,

no debiste aceptarla.

olga: mira, amorcito.

yo tampoco la traje,

así que no te desquites conmigo.

y si la trato mal,

es porque yo les advertí

el otro día que no quería

a nadie que cuidara.

¿sabes por qué?

porque para eso te tengo a ti.

patricio: olga,

yo tengo una vida.

olga: yo también.

y cuando nos casaron

el cura nos lanzó todo el rollo

diciendo que no éramos dos,

sino uno.

¿cómo la ves?

patricio: sí.

muy bien, pero yo creo

que no todo el mundo

eso lo tome en serio.

ahí tienes de ejemplo

a tus papis.

olga: con mis papás no te metas.

abusas que yo no conozco

a los tuyos,

para que estés ofendiendo

a los míos.

mira, la voy a aguantar

un rato más.

si mi papá la trajo

ha de ser por algo.

así que le voy a dar chance

para ver qué tan eficiente es.

pero poca.

si me harta, en ese momento,

la mando a la calle.

y espero que no crea

que por haber sido tu nana

puede tener aquí confiancitas.

la servidumbre en su lugar,

y nosotros en el nuestro.

y todos contentos, ¿ok?

patricio: qué perdida de tiempo.

de verdad, no entiendo

qué estaba pensando tu papá

cuando decidió traerla acá.

olga: ah, a ver.

entonces,

¿no estás para nada de acuerdo

de que refugio

esté trabajando aquí?

patricio: por supuesto

que no estoy de acuerdo.

te lo dije hace un ratito.

tener a mi nana aquí

es lo último que yo hubiera

querido en mi vida.

refugio: buenos días, señora.

buenos días, patricio.

patricio: buenos días...

señora.

refugio: puedes decirme

"refugio", como tu esposa.

disculpará que lo tuteé,

pero lo conozco

desde que era un bebé.

olga: pues, qué remedio.

pero a mí me respetas.

oye, patricio, ¿y mi beso?

¡patricio!

refugio: ¿así es siempre?

olga: pues tú me lo has

de poder decir mejor, ¿no?

refugio: por lo que veo

sigue portándose

como un niño caprichoso.

olga: mira, yo ya no quiero

seguir hablando contigo.

¿me llevas a mi cuarto?

refugio: sí.

patricio: ¡para qué

tuvieron que traerla!

¿por qué vino?

me quiere arruinar.

olga: a ver, oye, patricio.

¿qué te pasa?

pareces loco, ya van varias

veces que te encuentro ahí,

hablando solo.

que no te oiga mi mamá,

porque te van a mandar

al psiquiátrico.

oye, patricio.

¡patricio!

ven, y dame mi beso.

a ver, tú.

ve, ahora mismo, por mi marido

y dile que venga

a darme un beso.

refugio: en cuanto la deje

en su cama, señora.

martina: mira, nacho.

sea lo que sea,

tu mamá sabe lo que hace.

y tú y mundo tienen que respetar

lo que ella decida.

nacho: mira, yo a mi jefa

la apoyo en lo que necesite,

pero a mí, la verdad,

me da miedo de que esté expuesta

a patricio.

y le va a afectar, doña marti,

porque se va a poner mala

de nuevo, como la vez pasada.

siempre le pasa así.

martina: bueno, ya, nacho.

no te alteres.

a las madres, a veces,

nos ciega el amor a los hijos.

pero creo que con todo

lo que le ha pasado a tu mamá

como que ella se ha vuelto

más juiciosa.

los golpes de la vida

son los que más educan, mi hijo.

nacho: pues, eso espero,

doña marti.

martina: mírame, hijo.

tú eres el mejor ejemplo

de que tu mamá ha hecho

un buen trabajo con ustedes.

ya depende de cada quién,

pues, cómo se desarrollan

en la vida.

pues, tengo confianza en ella

y en su buen corazón,

y en su buen juicio.

nacho: ay, doña marti,

yo sé que ella

se ve bien fuerte,

pero es que mi jefa tiene

corazón de pollo.

yo lo sé porque, de repente,

también como que siento así,

que me pasa lo mismo,

como que--de pollo,

creo que así soy.

la verdad,

sí me daría muchísima rabia

que otra vez la maltrataran.

martina: mira, mi hijo.

hay que esperar

qué es lo que sucede.

a lo mejor,

te estás preocupando de más.

nacho: doña martina,

si yo necesitara que usted

me eche la mano,

¿usted lo haría?

martina: ay, mi hijo,

por supuesto.

yo nunca voy a terminar

de agradecerte que hayas ido

a buscar a mi hijo.

y que hagas tan feliz

a mi chelito.

además,

tú eres un muchacho honesto.

trabajador, mejor compañía

para mí y para mi familia.

yo no podría pedir,

yo te quiero, de verdad,

como un hijo.

nacho: no.

[ríe]

martina: pues, déjame chulearte,

te lo mereces.

¡yo quiero a nachito chavero!

[ríe]

mira, nachito.

mírame, por ahora no queda

más que esperar.

pues, a ver qué dice tu mamá.

y tranquilo, mi hijo.

tu madre sabe lo que hace.

nacho: pues eso, que ni qué.

refugio: patricio,

perdóname si te hice

sentir incómodo hace rato,

pero es que no sé cómo llamarte,

no querrás que te diga

licenciado, ¿o sí?

patricio: quieres que todo mundo

nos escuche, ¿verdad?

refugio: bueno, si quieres

que te hable de usted,

solo dímelo.

al final de cuentas,

tú estás en tu casa,

yo aquí soy la intrusa.

patricio: es que yo no quiero

que te refieras a mí

de ninguna manera.

¿por qué no te vas de aquí ya,

por favor?

¿en qué estabas pensando?

¿cómo se te ocurrió venir aquí?

refugio: es que no es idea mía,

yo no busqué a tu suegro,

si es eso lo que estás pensando.

él fue el que me suplicó

que yo viniera a hacer esto.

patricio: sabes que no te creo.

mi suegro no suplica nunca,

nada.

nada ni a nadie.

en todo caso,

¿por qué aceptaste?

veme aquí,

la posición humillante

de ser presentada

como mi nana, mamá.

refugio: eso no se lo acepté

a rómulo, te lo acepté a ti.

¿ya lo olvidaste?

tú fuiste quien dijo,

desde un inicio,

que yo era tu nana.

yo lo único que he hecho

es no contradecirte.

y también parece

que se te olvida que lo hice

no por apoyar tus mentiras,

hijo, sino por amor.

amor a ti, a tus hermanos.

y ahora, pues a mi nieto.

julieta: hija,

¿crees que te podrías

escapar un ratito,

a la hora de la comida,

para que me acompañes al banco?

lucero: yo creo que sí.

¿a qué quieres ir?

julieta: a depositar el dinero

que te conté que me iba a dar

refugio.

ya ves que ahora somos

como socias de la tienda,

mi amor.

lucero: ¿van a hacer algún

contrato sobre eso?

julieta: ay, pues, no lo sé.

pero tienes razón.

se lo voy a ofrecer a refugio

como garantía del dinero

que nos prestó.

lucero: déjame preguntar aquí

qué tipo de acuerdo

se puede hacer.

ok, sí, ahorita salgo para allá.

julieta: sí,

está bien, hija.

lucero: ¿te pasa algo, mamá?

te escucho como nerviosa.

julieta: no, no.

todo está bien.

ya luego platicamos, hija.

virgencita,

que todo salga bien con refugio.

ese tipo, ese desgraciado,

no me inspira nada de confianza.

magos: ¿todo bien?

lucero: eso creo.

voy a salirme porque mi mamá

quiere que la acompañe al banco.

¿me cubres?

magos: claro, no te apures.

y si quieres, aprovecha,

para que vayas

a comer con tu mamá.

lucero: ¿de plano?

no, me van a regañar

si me cachan.

magos: a ver,

yo no se los voy a decir.

aparte, el panzón no está.

además, le invento que le fuiste

a hacer un encargo de su jefe.

refugio: muchas gracias, amiga.

magos: ni te apures, total,

aquí nunca pasa nada.

lucero: gracias.

magos: ¡suerte!

lucero: ¡gracias--uy!

>> estamos buscando al señor

isaías requena,

director de este despacho.

benjamín: lárgate, lárgate.

¿quién lo busca, señores?

están en su casa, bienvenidos.

refugio: yo,

lo que menos quiero,

es meterte en problemas

con tu nueva familia, hijo.

patricio: entonces, vete.

además, yo no tuve nada

que ver con esto.

yo no quiero que continúes aquí,

sufriendo.

clotilde: perdón, señor.

pero la señora olga

está tocando su timbre.

supongo que llama a refugio.

refugio: ahorita voy, clotilde.

a propósito,

tu esposa pidió que no te fueras

sin darle un beso.

creo que el médico recomendó

no contrariarla.

así que te ruego que te despidas

de ella como debe ser.

patricio: estás gozando esto,

¿verdad?

clotilde: como le dije,

la señora olga tiene

un carácter muy desparejo,

así que ándese con cuidado.

refugio: gracias, clotilde.

pero no creo que sea para tanto.

clotilde: conste

que yo se lo advertí.

¿va a comer aquí?

porque tendrá que cenar conmigo

en la cocina.

a la señora olga no le gustan

las confianzas,

ni que la gente de servicio

comamos con ella.

refugio: no te preocupes,

yo voy a comer

donde tú me lo indiques.

[música]

[música]

auditor 1: somos

auditores de hacienda.

isaías: está bien,

pero no entiendo

qué están haciendo ustedes aquí.

auditor 2: nos dieron aviso

de varios fraudes

por evasión de impuestos

que se llevan a cabo aquí.

y vamos a hacer una auditoría

para comprobarlo.

isaías: esto es un insulto

a mi establecimiento,

a mi persona

y a mi integridad moral.

auditor 1: nosotros no venimos

a juzgar,

venimos a comprobar hechos.

isaías: pues,

no estoy de acuerdo.

todos mis representados

están al corriente.

esto, o es un error,

o es una venganza.

auditor 2: señor, si no tiene

nada que ocultar,

no debería ponerse nervioso.

las denuncias son anónimas

y la auditoría tiene que

realizarse porque los intereses

de 50 de sus representados

están en juego.

isaías: no, eso no puede ser.

auditor 1: en todos los casos

aquí contenidos se presenta

sospecha de fraude fiscal.

isaías: eso es imposible.

no puede ser,

y no lo voy a permitir.

auditor 1: con esa actitud

está admitiendo su culpabilidad.

auditor 2: la auditoría

no es opcional, señor requena.

así que más le vale

cooperar con nosotros.

benjamín: ¿a dónde? ¿a dónde?

magos: voy a dejarle esto

a don isaías, él me lo pidió.

benjamín: pues no podemos

interrumpirlo,

está con los contadores

de hacienda, niña.

magos: ¿en serio?

¿no vaya a ser que usted

me quiere inventar eso,

para que yo no entre

y le entregue los papeles,

y me regañe?

benjamín: ya te dije que lees

mucha porquería.

la verdad, ya te echaron

a perder el cerebro.

magos: ¿y eso qué tiene que ver?

benjamín: que en todos lados

ves moros con tranchetes.

magos: ay, no tengo idea

de lo que sea un tranchete.

ay, como se nota

que es un dicho de su época.

benjamín: ay, más bien

se nota que fuiste

a escuela de gobierno.

y deja de hacerte la chistosa.

¿en dónde está lucero?

porque hace rato se salió,

¿verdad?

magos: no tengo idea.

y me encantaría seguir

platicando con usted,

pero con cada palabra

la brecha generacional

entre nosotros

se va haciendo más grande,

y la verdad,

no quiero que terminemos

en diferentes siglos,

viejo rabo verde.

julieta: bueno,

pues ya está hecho.

con esto podemos

estar tranquilas un rato más.

lucero: ay, mamita.

no tenía idea de que tuviéramos

tantos problemas.

te prometo que me voy

a enfocar más en hacer

las cosas de manera correcta.

julieta: está bien, amor.

¿y qué te dijeron del papel ese,

para que conste que refugio

es nuestra socia?

lucero: ah, pues,

que lo escriba,

que se lo enseñe

a un compañero de la oficina,

para que me diga si está bien.

y que luego lo firmamos, y ya.

la verdad es que doña refugio

es muy buena.

¿se quedó en la tienda, mamá?

julieta: no.

y bueno, de hecho,

lo más probable

es que se pase los días

cuidando a la esposa

de patricio.

lucero: ¿qué?

¿estás segura, mamá?

¿por eso estabas sacada

de onda hace rato?

julieta: casi

te lo puedo asegurar.

porque hoy llegó con ella

el suegro de patricio,

un tipo nefasto.

ay, hija,

me dejó muy intranquila.

lucero: no, pues sí,

ya me lo imagino.

julieta: por ahora,

no vayas a comentarle

nada a edmundo, mi amor.

porque no te corresponde.

mira, refugio no me ha dicho

si ya les contó a sus hijos

de su decisión.

pero más vale no darle motivo

para cuestionar a su mamá.

lucero: está bien,

pero tú sabes que a mí

no me gusta estarle ocultando

las cosas a edmundo.

julieta: hijita,

todos tenemos que hacer

pequeños sacrificios

de vez en cuando.

a las personas que amamos

debemos apoyarlas.

aunque a veces no estemos

de acuerdo con sus decisiones.

isaías: no, esto es un error.

admito que quizá

me pude haber equivocado

en una o dos declaraciones

de impuestos.

pero no en 50, señores.

auditor 1: está documentado.

isaías: pero si yo tengo copia

de estos estados de cuenta,

y de las declaraciones

de cada uno de los clientes

que representamos.

permítanme.

aquí están,

justamente aquí los tengo.

háganme el favor

de revisarlos,

verán que están equivocados.

revíselo.

auditor 1: el que está

equivocado es usted.

cada una de las cifras coincide.

aquí hay fraude, señor.

isaías: no, eso no es posible.

no puede ser.

auditor 1: ustedes llevan años

defraudando al fisco.

debe millones, señor.

isaías: no, no.

yo jamás pude hacer esto.

auditor 2: tendrá

que pagar lo defraudado

y las multas que correspondan.

usted, no sus clientes,

ellos lo tienen a usted

como apoderado legal.

isaías: yo estoy seguro

de que todo esto está mal.

permítanme hablar

con uno de mis empleados

para aclararlo todo.

¿ustedes me harán el favor

de regresar mañana?

se los ruego.

auditor 1: tiene 24 horas.

isaías: qué venga inmediatamente

benjamín.

y localiza también al notario.

dile que venga urgentemente.

auditor 2: te viste

muy generoso dándole 24 horas.

auditor 1: aunque le diéramos

24 días, no la libran.

el tipo está perdido.

auditor 2: hay que alertar

a las autoridades, y de paso,

a la policía fiscal.

esto pinta para fraude

a gran escala.

auditor 1: sí.

benjamín: [ríe]

muy bien.

>> señor,

lo busca el licenciado requena

en su oficina.

benjamín: ok.

hazme un favor,

dile que ahorita voy.

¿sí?

>> sí, señor.

benjamín: [ríe]

fue muy divertido trabajar aquí.

[ríe]

adiós, suerte.

[ríe]

refugio: ¿se puede, señora?

olga: ya, ¿qué?

¿cómo piensas tomarme

la temperatura

si no estudiaste enfermería?

refugio: no, pero tuve hijos.

así que sé

lo que estoy haciendo.

y no hay mamá que no sepa

leer un termómetro.

olga: ah, ¿no?

la mía.

refugio: ¿de verdad?

olga: ajá.

refugio: pues, qué pena.

olga: ¿pena, por qué?

la gente de dinero

tenemos un empleado

para cada cosa.

ah, pero es que, claro,

se me olvidaba que tú

no sabes de eso.

ah, bueno, no, sí.

tú trabajaste para la mamá

de patricio.

y supongo que ahí

te diste cuenta, ¿o no?

¿o llegaste con ellos

cuando ya se les había

acabado el dinero?

refugio: perdón,

es que no entiendo

de que me habla.

olga: ¿no?

¿con qué dinero te iban

a contratar los chavero?

ay, bueno, no, ¿sabes qué?

de esa historia

ya no estoy entendiendo nada.

refugio: si me permite

le voy a poner el termómetro.

olga: a ver,

¿para qué le estás haciendo así?

refugio: bueno,

es un termómetro de mercurio.

y se sacude para que pueda

leer la temperatura

con precisión.

¿sí?

tengo un hijo que estudia

para médico.

y me enseñó a hacerlo.

olga: qué padre.

¿y dónde estudió?

¿en la escuelita

del doctor feliz?

refugio: no,

en la universidad nacional.

en la misma donde

estudió patricio.

olga: ah, sí, qué padre,

la universidad.

pero, bueno,

patricio lo hizo

para fastidiar a su papá, ¿no?

o algo así.

yo pensé que la gente

de tu nivel no tenía

aspiraciones.

refugio: al contrario.

la gente de mi nivel es la que

más aspiraciones tiene.

olga: pues, realmente,

no me lo hubiera imaginado.

refugio: bueno, por favor,

quédese quietecita.

olga: me voy a quedar quietecita

mientras que tú

te vas a sentar ahí

y me vas a contar

todo lo que sepas

acerca de la familia

de patricio.

pero todo, refugio.

con detalles.

es una orden.

[música]

[música]

olga: ¿y qué te hace

tanta gracia?

refugio: ¿de veras cree

que en el poco tiempo

que va a tener el termómetro

yo puedo contarle

la historia completa

de la familia de patricio?

olga: no, claro que no.

pero, de cualquier manera,

yo quiero que me la cuentes.

refugio: bueno.

y qué le parece

si primero le voy contando

cosas sobre patricio.

poquito a poquito.

y así, pues,

tenemos algo de qué platicar.

olga: pues está bien.

refugio: y luego usted me cuenta

como era de niña.

olga: ¿yo?

refugio: ajá.

olga: ¿y eso cómo para qué?

refugio: porque quisiera saber

cómo creció una niña

tan linda como usted.

que vivió en una casa tan grande

y rodeada de tantas

cosas bonitas.

olga: pues, te lo voy a contar,

pero te advierto

que te va a dar mucha envidia.

y te vas a tener que aguantar.

refugio: está bien, señora.

yo me aguanto.

¿me permite?

gracias.

olga: pero, primero tú,

comienza a contarme

sobre patricio.

refugio: ay, patricio.

cuando patricio nació

era un niño hermoso.

sus ojos eran tan claros

que parecían grises.

y su boca era

como una florecita roja.

carnosita, brillante.

pesó más de cuatro kilos.

cuando su mamá

lo recibió en sus brazos

pensó que se le había abierto

el cielo para mandarle

un angelito.

olga: ¿de verdad se siente eso

cuando se tiene un hijo?

porque, bueno,

yo supongo que sí,

cuando el hijo es muy bonito.

pero si el niño es feo,

imagínate,

las mamás se deben sentir

muy avergonzadas.

refugio: no, para una verdadera

madre no hay un hijo feo.

además, la belleza está

en los ojos de quien sabe

cómo verla.

ay, voy a ayudarle

a clotilde con la comida.

si necesita algo, llámeme,

y yo vengo enseguida.

pollo: el 17 es el alacrán.

la 18 es el chispas.

edmundo: pollo.

me urge hablar contigo.

pollo: ¿qué pasa, carnal?

¿qué traes?

edmundo: quiero hablar contigo.

a solas.

pollo: cálmate, si la zaida

es de confianza.

edmundo: ya sé, pero quiero

hablar contigo a solas.

pollo: ya escuchaste, mi reina.

ahuéquele.

zaida: qué mala onda

que yo sea de confianza

solo cuando les conviene.

edmundo: es por tu bien, zaida.

zaida: ay, sí.

edmundo: te lo juro.

pollo: ya, suéltala.

¿qué traes?

edmundo: dime una cosa,

¿estás rodando las pastillas

entre los alumnos

de la facultad?

¿o los estás usando de burros?

pollo: ¿eso?

era de esperar,

qué vieja despechada, carnal.

edmundo: con eso me estás

respondiendo que sí

a las dos cosas.

pollo: pues si así fuera,

¿a ti que más te da, carnal?

edmundo: ¿qué onda los maestros?

me dijo que me cuidara de ti,

pollo.

porque ya se supo

que estás distribuyendo

medicina controlada.

pollo: [ríe]

refugio: ¿se puede?

olga: pásale.

refugio: ya le traje su comida,

señora.

olga: ¿y por qué no me la trajo

chole?

¿en dónde está?

refugio: ¿chole?

olga: sí, bueno, clotilde.

es que me choca su nombre.

refugio: ah.

está remojando sus sábanas.

las pusieron en suavizantes,

les pedí que lo hicieran,

porque tantas horas en la cama

le pueden irritar la piel.

olga: refugio,

¿por qué te portas así conmigo?

refugio: así, ¿cómo?

¿a qué se refiere?

olga: pues así,

tan tolerante, tan amable.

tan paciente.

¿qué pretendes?

¿quieres sacarme algo?

dímelo, así, de una vez.

refugio: lo único que quiero

es cumplir con lo que le prometí

a su padre.

olga: ah, ¿sí?

¿y se puede saber

qué le prometiste?

refugio: le prometí que la iba

a cuidar, para que estuviera

tranquila, atendida,

y sobre todo, en paz.

olga: pues, de una vez te digo,

que haciéndote la buena conmigo

no vas a conseguir nada.

refugio: ¿quiere comer sola?

¿o prefiere que la acompañe?

por si se le ofrece algo.

olga: [ríe]

no, ni creas que voy a permitir

que comas aquí conmigo.

refugio: no, señora.

yo ya comí.

precisamente para poder

quedarme con usted

el tiempo que necesite.

olga: esta sopa no me gusta.

no me gusta.

así que la quitas de enfrente

ahora mismo.

¿no me oíste, refugio?

quítamela o la aviento.

refugio: bueno,

si quiere aventarla, adelante.

pero avíseme a dónde,

para mover los muebles,

porque su cuarto está tan bonito

que sería una pena

que lo ensuciara.

[música]

[música]

pollo: ¿quién te dijo eso?

como para meterle un tapón o...

que deje de estarse metiéndose

en lo que no le importa.

edmundo: no tiene caso.

pero te advierto que si sigues

usando la facultad de medicina

para tus negocios, te olvidas

de mí, ¿eh?

pollo: pues, saliste muy

sonrisitas para pedirme

lana, ¿no?

muy enojoncito para reclamarme

mis métodos, mundo.

y aparte, a mí no me amenaces,

carnal.

no te hagas ilusiones

de que tus maestritos

son lo máximo.

pues, mira, te sorprenderías

de la cantidad de macizos

que hay en tranzas

con la gente que se dedica

a la medicina, mundo.

edmundo: primero,

no te estoy amenazando.

te lo estoy diciendo

como cuates.

te estás metiendo

en la boca del lobo, pollo.

pollo: tú, tranquilo.

yo sé lo que hago.

edmundo: es que si alguno

de la escuela ve el pitazo

se nos cae el teatrito.

hasta el bote vamos a dar,

tú lo sabes.

pollo: mira que eres

bien exagerado, carnal.

te inventas cada tragedia

en tu cabecita.

edmundo: tú sabes que no estoy

inventando nada.

y que eso mismo puede pasar.

pollo: para que

te quedes tranquilo,

me voy a encargar de eso.

pero, pues, antes necesito

que me digas quién te dijo eso.

edmundo: eso no te lo voy

a decir nunca, pollo barajas.

pollo: ¿y así cómo quieres

que proceda, mundo?

melisa: don rómulo,

lo busca el licenciado chavero.

rómulo: que pase.

secretaria: sí, señor.

adelante, licenciado.

rómulo: patricio.

pero, mira nomás,

¿estás enfermo?

te veo muy pálido.

patricio: no,

estoy bastante bien.

lo que quiero

es que me explique

por qué tiene a mi madre

trabajando en la casa.

rómulo: claro.

porque necesitamos

una buena mujer.

cándida, bondadosa.

una típica nana

que cuide a mi princesa.

y tú, puedes venir aquí,

a trabajar por tu sueldo,

que es muy alto.

patricio: sí,

¿por qué ella, don rómulo, eh?

rómulo: "¿por qué ella,

don rómulo, eh?"

[ríe]

pareces galán de telenovela.

patricio: no me da risa.

rómulo: [ríe]

siéntate, siéntate, ándale.

patricio: ¿cómo puede

estar tan tranquilo

con la idea de que mi mamá

cuide a olga?

¿no se da cuenta, lógicamente,

que esto puede terminar muy mal?

rómulo: ¿por tu mami?

nada más eso te falta decir.

ahora ya no es tu mami.

es tu nana.

ya deja de ponerte así.

eres un malagradecido.

pensé que te daría gusto verla,

después de todos mis esfuerzos.

¡te sientas, ahorita!

patricio: rómulo, de verdad.

a ver, dígame.

rómulo: así está mejor.

te va a quedar bien claro algo.

yo no obligo a nadie

a hacer cosas que no quiere.

tu mami aceptó

a hacerse pasar por tu nana,

para asegurarse

que tu hijo nazca.

y si no me crees,

pregúntale a ella.

patricio: es que ya lo hice,

ese es el punto.

rómulo: entonces,

relájate ya.

tranquilo.

gózalo.

agustín: ¿qué onda, melisa?

tú que eras presidenta

del club de fans

del licenciado chavero,

cuéntame.

¿por qué está tan alterado?

melisa: no sé.

agustín: no te hagas.

tú siempre sabes

lo que pasa en esa oficina.

melisa: ay, eso no es cierto,

agustín.

agustín: por supuesto que sí,

melisa.

y te he dicho muchas veces

que te conviene

estar de mi lado.

porque yo soy quien maneja

todos los asuntos de don rómulo.

melisa: lo sé.

pero eso no te da derecho

a querer sacarme información.

agustín: pero yo nada más

te voy a decir una cosa, melisa.

todos los días

se pierden expedientes.

si quieres que el de tu hermano

siga en el escritorio

de don rómulo,

te conviene cooperar conmigo,

melisita.

melisa: alcancé a escuchar

que hubo un problema

con una nana.

eso es todo lo que sé.

agustín: muchas felicidades,

melisa.

gracias por el dato.

por algo se empieza.

te encargo que estés

muy al pendiente.

melisa: sí.

isaías: qué bueno que llegaste.

notario: ¿qué pasó?

¿cuál es la emergencia?

isaías: házme el favor,

siéntate.

tengo un problema muy grave.

sabes, me temo que están

a punto de embargar.

alguien me tendió una trampa.

y quiero pedirte

un gran favor.

notario: pues tú dime

en qué puedo ayudarte.

isaías: mira.

son certificados

de la tesorería.

y otros valores en papel.

custódialos.

y asegúrate

de que mi nieta los reciba.

el día que yo llegue a faltar.

ya los menciono

en el testamento.

notario: no me asustes, isaías.

¿no estarás pensando

en suicidarte, verdad?

isaías: no, por supuesto que no.

pero prefiero estar prevenido.

uno nunca sabe

lo que puede pasar

el día de mañana.

notario: bueno,

eso sí es cierto.

bueno, yo me hago cargo

de cuidar que se cumpla

tu voluntad.

isaías: y, pase lo que pase,

quiero que mi hija y mi nieta

estén protegidas.

notario: te doy mi palabra,

yo me hago cargo.

isaías: gracias.

notario: cualquier cosa,

me hablas.

isaías: sí.

magos: sigue sin aparecer

benjamín, señor.

y ni siquiera contesta

su celular.

ay, ¿no será que otra vez

está en el banco?

isaías: ¿otra vez?

pasa, pasa.

¿por qué dices eso?

magos: porque ayer, lucero y yo,

lo vimos salir del banco

con un fajo de papeles.

isaías: ¿un fajo de papeles?

magos: ajá.

isaías: claro.

fue él.

estoy perdido.

magos: eh, perdón.

no lo comprendo.

isaías: nada.

diles que vayan a buscarlo

a su casa, a ver si de

casualidad se encuentra ahí.

magos: sí, don isaías.

con permiso.

isaías: fue él.

fue benjamín.

estoy perdido.

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