Antes de que la policía confirmara lo impensable, Timothy Jones Sr. ya cargaba con una certeza dolorosa: sus cinco nietos, de entre 1 y 8 años, estaban muertos y el responsable era su propio hijo.
La historia de Timothy Jones Sr: Su hijo asesinó a sus 5 nietos en Lexington
El punto de quiebre llegó con una llamada desde Mississippi. Un oficial informó que Jones Jr. había sido detenido en un control de tráfico, pero había algo extraño: una inquietante pista, manchas de sangre en el vehículo.
Todo comenzó con una ausencia sin importancia, pero que pronto encendió todas las alarmas. En agosto de 2014, los niños no asistieron a la escuela y nadie lograba contactar a su padre, Timothy Jones Jr. La preocupación escaló rápidamente cuando un amigo le confirmó a Jones Sr. que tampoco se había presentado a trabajar.
"Recuerdo haberle dicho a mi esposa: 'Sé que los ha matado'", reconoció el hombre entre lágrimas al medio Fox News Digital. "Simplemente no sé dónde están. Pero sé que lo hizo. Lo sé en mi corazón. Lo podía sentir".
Su hijo, Jones Jr. confesó que había asesinado a los cinco menores en su casa en el condado de Lexington, Carolina del Sur, en agosto de 2014; después metió a los niños en cinco bolsas de basura y los abandonó en la carretera en Camden, Alabama, a más de 420 millas de distancia.
Los primeros indicios
El punto de quiebre llegó con una llamada desde Mississippi. Un oficial informó que Jones Jr. había sido detenido en un control de tráfico, pero había algo extraño: una inquietante pista, manchas de sangre en el vehículo, y ningún rastro de los cinco niños.
Desesperado, el abuelo pidió ver a su hijo. Lo que encontró en la sala de interrogatorios no era el niño que había criado solo, como padre soltero, sino un hombre irreconocible. “Era como mirar a un animal salvaje”, describió, marcando el instante en que la sospecha se convirtió en certeza.

En ese encuentro, la tensión escaló, Jones Jr. llegó a amenazar con matarlo. El padre, lejos de responder con miedo, apeló al amor: “No puedes matarme. Te amo”, le dijo. Pero su objetivo no era salvarse a sí mismo, sino obtener una respuesta, una pista, cualquier señal que condujera a sus nietos.
La verdad era aún más brutal. En agosto de 2014, Timothy Jones Jr. asesinó a sus cinco hijos, de entre 1 y 8 años, en su casa de Carolina del Sur. Luego condujo durante días con los cuerpos en su vehículo antes de abandonarlos en Alabama, en un intento por ocultar el crimen.
En 2004, Jones Jr. se casó con Amber Kyzer, formaron una familia con cinco hijos y después de ocho años de una relación turbulenta, finalmente se divorciaron en 2012. Un fiscal otorgó la custodia principal al hombre. Su padre, abuelo de los niños le ofreció ayuda, pero él se negó.
"Le rogué: 'Déjanos ayudarte. Tienes familia que podría ayudarte. Estoy aquí'. Pero lo único que dijo fue: 'Todo saldrá bien'”, dijo Timothy Jones Sr. en su participación en la serie de crímenes de Investigation Discovery, “El mal que vive aquí: Mi hijo el asesino”.

Con el paso del tiempo, los recuerdos comenzaron a reorganizarse en la mente del abuelo. Episodios aislados de la infancia de su hijo, comportamientos violentos, estallidos de ira, adquirieron un nuevo significado. Lo que antes parecían incidentes corregibles, ahora se percibían como señales ignoradas de un deterioro más profundo.
La vida adulta de Jones Jr. tampoco estuvo exenta de conflictos. En 2001, fue acusado de delitos como robo, allanamiento, robo de vehículos y falsificación de cheques. Fue sentenciado a siete años de prisión y al salir comenzó una transformación. “ Se levantaba y actuaba de forma extraña. No me lo esperaba”, recordó.
Según la defensa, el estrés y problemas de salud mental influyeron en su comportamiento, pero para la fiscalía, actuó con plena conciencia.
El juicio cerró el capítulo judicial, pero no el emocional. Un jurado lo declaró culpable de cinco cargos de asesinato y lo condenó a muerte. Para su padre, la sentencia no trajo alivio, solo una carga permanente de preguntas sin respuesta y una culpa que no se disipa.
Hoy, Timothy Jones Sr. vive con el peso de lo irreversible. Se reprocha no haber insistido más, no haber visto con claridad lo que ahora parece evidente . Su historia no es solo la de un crimen atroz, sino la de un hombre que intuyó la tragedia antes de que ocurriera, pero no pudo detenerla. Una intuición que, lejos de salvar, terminó siendo el preludio de una pérdida absoluta.








