Chicago.- Su caso es como el de miles de personas que han sido separadas de sus familias por agentes de inmigración en Estados Unidos, muchas de ellas detenidas mientras trabajaban o hacían su vida cotidiana, y que pasan meses lejos de sus seres queridos en procesos migratorios inciertos.
“Ni todo el oro del mundo vale más que la libertad”: vendedor de tamales regresa a casa tras 8 meses detenido por ICE
"Lloré por mi familia. Lloré en muchos momentos ahí dentro", recuerda Fausto, quien fue detenido por ICE en octubre del 2025.
Ocho meses después de su detención, Fausto Valladares Alvarez volvió a hacer lo que más anhelaba y extrañaba, que era estar junto a su familia trabajar, algo que no había podido hacer desde el 9 de octubre del año pasado, cuando agentes federales lo detuvieron mientras vendía tamales en la esquina de la 52 y Pulaski en West Lawn, en Chicago.
Según sus seres queridos, el vendedor de tamales es un padre amoroso de cinco hijos, un esposo dedicado y un trabajador que llegó a Estados Unidos con el objetivo de darle una mejor vida a su familia.
La familia de Fausto se enteró de su detención a través de las redes sociales. Lo único que encontraron en la esquina donde trabajaba fue el carrito de tamales con el que diariamente se ganaba la vida.
“Extrañé todo, trabajar, mi familia, la libertad, volver a respirar el aire fresco”, recuerda Fausto al hablar con N+ UNIVISION de los meses que pasó lejos de casa. Asegura que “ni todo el oro del mundo vale más que la libertad” que perdió aquel día en el que ICE lo detuvo.
Tras su arresto, fue trasladado inicialmente al centro de detención de Broadview, donde permaneció bajo condiciones difíciles. “Sentí tensión y miedo, pero es seguir adelante”, relata.
Diez días después, fue llevado a otro centro de detención en Michigan, donde permaneció durante ocho meses mientras su familia enfrentaba la vida diaria sin él.
“Puedo decir que lloré por mi familia. Lloré en muchos momentos ahí dentro, recordaba que tenía que salir adelante porque mi familia me necesita, y gracias a todas las personas que estuvieron ahí apoyando a mi familia”, cuenta.
Durante su ausencia, su esposa asumió por completo el negocio familiar y el cuidado de sus cinco hijos. En un principio, pensó que estaba sola, pero sintió el apoyo de la comunidad que les ayudó a salir adelante.
“Nunca nos dejó la comunidad, siempre estuvo ahí comprándonos mis tamales y mi delicioso champurrado y arroz con leche”, dice su esposa.
Sin embargo, a pesar de la solidaridad, hubo momentos que Fausto se perdió. Uno de los más dolorosos fue la graduación de su hija, quien sintió mucha tristeza porque su papá no pudo acompañarla en ese día tan especial.
“Me sentí muy triste porque no pudo ir papá, vi que muchos tenían la oportunidad de abrazar a sus papás en la ceremonia”, recuerda la joven.
Afortunadamente, mientras Fausto volvía, la familia recibió ayuda para sostener su negocio y cubrir gastos importantes. “Me ayudaron a ir a vender mis tamales en un lugar donde están mis papás, y la escuela me ayudó a pagar mi vestido de prom”, compartió su hija.
Ahora, de regreso en casa, Fausto intenta retomar su vida y espera con emoción volver pronto a vender tamales y comparte un mensaje para la comunidad que lo apoyó:
“Espero que este mismo apoyo que me han dado se lo sigan dando a otras personas que lo necesiten realmente, porque no somos solo una persona, sino miles de personas que necesitan ayuda”.
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