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Descubrimiento perturbador al investigar la escena del fatal desenlace. La cámara graba jennifer garcía recibiendo al supuesto anestesiólogo que llega a la casa de la mujer con un pequeño tanque de oxígeno y una camilla para asistirle en el proceso final de un tatuaje en la espalda.
Minutos después, angustiado, el tatuador corre por la escalera y el anestesiólogo, que en realidad no era médico y trabajaba en una clínica estética clandestina, se ve a través de la puerta como intenta reanimar a jennifer, la hija menor de la víctima. Alcanzó a llamar a emergencias, pero ya era demasiado tarde.
Tu hermana ya murió. Ya no se pudo hacer nada.
Ya se quitaron los guantes. Y eso es como decir.
Dios mío. El esposo de jennifer, que prefiere no mostrar su rostro, cuenta que fue él quien le regaló el tatuaje a su mujer para que pudiera lucirlo en las vacaciones.
La segunda sesión ya amor, me duele mucho la espalda. Estoy embalada con este tatuaje porque ya me duele mucho.
Yo no sé qué hacer. Reconoce que el tatuador le insistió en que no usara anestesia.
Yo le decía a roberto hermano, mire a ver si qué cremas tiene o o qué podemos hacer. Dígame, yo lo compro.
Sí, con tal de que ya no sienta el dolor. La policía y los encontraron medicamentos como ketamina para sedar caballos y varias jeringas ocultas en el baño de la casa.
Todo apunta al falso anestesiólogo porque ella nunca presentó alergias a la tinta del tatuaje. No le tenía ni un saturador ni nada, solo oxígeno y los medicamentos que se le antojó ponerle y qué cantidades?
Yo creo que ni él sabe qué tanto le puso. El anestesista y el tatuador fueron dejados inexplicablemente en libertad.
La familia pide justicia, se. Espera la máxima condena.
Se espera. Celeridad en la justicia.
Una pena aproximada de 35 años sería la máxima para el delito de