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Colombia vivió esta semana una de sus jornadas más difíciles tras el potente terremoto que sacudió varias regiones del país, dejando cientos de víctimas mortales, estructurales en operativos de rescate, réplicas y comunidades que intentan recuperarse. Hoy analizamos el impacto de esta tragedia y también los desafíos que enfrenta el país cafetero.
Y nos vamos precisamente a una de las zonas más afectadas en el eje cafetero, donde las comunidades indígenas también sufrieron los estragos de este terremoto. Sin embargo, ellos dicen que cuando ocurren catástrofes siempre son los más olvidados.
Reynaldo fernández nos tiene la historia. Así se encuentran las comunidades indígenas del eje cafetero colombiano en ruinas tras los estragos del terremoto.
Ellos me comentan que siempre que acontecen eventos naturales como este, ellos son los más olvidados. Estoy vivo de milagro, de milagro.
A tres horas de camino de manizales, muy adentrado en las montañas, se encuentra el resguardo de los indígenas escopetera y pirsa. Hemos entrado a la comunidad de bonafont y lo primero que vemos cuando entramos es a personas sacando escombros desde sus hogares.
No, pues duro. El terremoto fue muy duro.
Sálgase, sálgase. Que esto aquí se nos va a caer encima.
Pero aquí la ayuda no llega tan rápido como en manizales. Parte del gobierno nacional han recibido ayuda?
No de parte del estado. No vengan, estén acá, entren a las comunidades lejanas.
Sus habitantes se sienten olvidados, por eso deciden apoyarse entre ellos mismos. Todos nos colaboramos, todos nos ayudaron para levantar los escombros que quedaron sobre el terremoto.
O sea, todas las personas aquí se han ayudado entre sí. Sí, aquí es una comunidad muy unida.
En riosucio, un poblado a 25 minutos del resguardo, algunos jóvenes recolectan ayudas. No es un problema de un solo día.
Esto apenas es el inicio. Sin embargo, no es suficiente.
Pues nosotros venimos ya acá. Y que hacer con la voluntad de dios?
Y menos mal que gracias a dios estamos bien. En su cultura, los adultos mayores son los sabios de la comunidad.
Hay muchos de ellos quedaron sin nada. Apenas estamos ahí.
A ver que en que no nos nos colaboran en alguna cosa, porque ya nosotros con ya con 80 años, 81 pues ya trabajó uno, casi no le dan y y es poco el trabajo que hay. Yo vuelto un gato prendido, aprendido acá donde yo no hubiera podido moverme.
Creo que no está echando cuenta. Los desplazados por la violencia que buscaban refugio en esta comunidad también fueron sorprendidos por los movimientos telúricos.
Nosotros somos víctimas del conflicto. Nos toca estar viajando de parte a parte, porque yo no tengo una parte tengo nada.
Los líderes indígenas autogestionan ayudas, pero no dan abasto. Tuvimos muchos damnificados, pues, eh, perdieron todos sus enseres, viviendas, eh, viviendas quedaron destruidas prácticamente otras.
Pues, eh, estamos tratando de colaborarles lo que más se pueda. Ya no gritan, no piden auxilio porque sienten que no los escuchan a través.
Volver a reconstruir lo poco que se tenía. Cae la noche y la gente en bonafont continúa abrazándose ante la desgracia.
Que dios los bendiga. Amén.
Esta es una comunidad de más de 370 familias indígenas que se niegan a morir en el olvido y