Cuando Jhorny Sojo habla de béisbol, no habla de un deporte, habla de su vida, y cuando habla de la liga Criollitos de La Guaira, se le quiebra la voz. El presidente de la organización Criollitos La Guaira aún no procesa del todo lo que vivió hace una semana, el miércoles 24 de junio a las 18:04 horas, cuando 39 segundos cambiaron su vida para siempre.
El día en que la tierra apagó el béisbol en La Guaira
El presidente de Criollitos La Guaira conversa con N+ Univision sobre el día que dos terremotos golpearon su pueblo y narra cómo están viviendo el día a día de la tragedia
El miércoles 24 de junio amaneció con el cielo cerrado sobre el litoral central venezolano. Para la corporación infantil Criollitos de La Guaira, se trataba de una jornada crucial: 44 partidos programados, entre semifinales y finales, que definirían el destino de cientos de niños que sueñan con cambiar el bate de madera por el de las Grandes Ligas. Pero la lluvia torrencial obligó a suspenderlo todo. Nadie imaginaba que el agua, al recluir a las familias en sus casas, estaba cambiando el guion de una tragedia mayor.
Horas después, el suelo firme de una de las regiones más devotas al béisbol en el Caribe se quebró.
El presidente de los Criollitos de La Guaira, cuya vida está atada a esta organización de 21 divisas y 96 equipos, se encontraba en su apartamento en Playa Grande, una de las zonas más vulnerables de la parroquia Catia La Mar. El violento sacudón sísmico lo obligó a tomar una decisión instantánea entre la rendición y la supervivencia.
Fueron dos minutos interminables. El colapso del edificio convirtió la huida en una carrera de obstáculos. Dejó atrás sus zapatos y descendió descalzo las escaleras de una estructura que amenazaba con venirse abajo; golpeándose contra las paredes, el colapso se sentía inminente.
Cuando logró pisar la calle, el panorama en Playa Grande parecía extraído de una pesadilla irreal: postes de luz caídos, incendios desatados en el horizonte, estructuras sepultadas y un eco generalizado de gritos y desesperación.
"Pensé que era algo que solo estaba pasando en mi apartamento. Pero abajo, mientras las réplicas seguían tumbando pedazos de edificios, solo nos quedaba rezar", relata el dirigente deportivo en una entrevista con N+ Univision.
Desesperado por conocer la suerte de sus padres y hermanos, el presidente de la liga interceptó a un viejo conocido que transitaba en motocicleta entre los escombros. Con las vías principales obstruidas por los derrumbes de los edificios residenciales, lograron cruzar la red de accesos colapsados. Al llegar a su destino, sus familiares ya habían sido evacuados a un refugio seguro. Sin embargo, la tregua emocional duraría poco.
Las horas encontraron a Sojo en el Estadio Fórum de La Guaira, la joya deportiva frente al mar donde se juegan las Series del Caribe. El panorama allí era desolador: peloteros de la Liga Mayor de Béisbol Profesional deambulaban por el terreno tras enterarse de que sus familias habían quedado atrapadas en un hotel que quedó completamente derrumbado.
A las 11:00 p. m., tras conseguir una señal intermitente de Wi-Fi, el presidente logró publicar en redes sociales un mensaje escueto pero rotundo: “Ahora sí puedo decir que estoy vivo”. La solidaridad del circuito deportivo de Caracas activó el envío de una ambulancia que logró rescatarlo del estadio a las tres de la mañana, bajo el acecho constante de las réplicas telúricas.
La mañana del jueves trajo consigo el golpe más duro para la institución. A las 7:30 a.m., una llamada telefónica le notificó el ingreso de un pelotero de la liga en un hospital caraqueño. Se trataba de un niño de la categoría de 12 años (U-12) preseleccionado para representar a Venezuela en el próximo torneo premundial.
El menor se encontraba completamente solo. El terremoto le había arrebatado a sus padres y a su abuela; solo un hermano sobrevivió al desastre.
Aquí hay algo que se resiste a morir
La Guaira, aunque geográficamente pequeña en comparación con otros estados venezolanos, opera como el corazón logístico y cultural del béisbol menor en el país. De sus canteras comunitarias han emergido figuras de la Major League Baseball (MLB) de la talla de Alcides Escobar, Cafecito Martínez, Luis Ángel Acuña, Maikel García y Ronald Acuña Jr., quienes crecieron bajo la tutela formativa de una organización que moldea la vida de niños desde los 4 hasta los 17 años.
Eventos masivos como el Juego de las Estrellas y la tradicional Copa Navidad —que congrega anualmente a más de 300 equipos de todo el país con espectáculos de fuegos artificiales en el Forum de La Guaira— daban fe de una gestión que en los últimos años había devuelto la identidad y el orgullo deportivo a la región tras la reestructuración interna iniciada en 2020.
Hoy, con el suministro eléctrico interrumpido y las comunicaciones colapsando de manera intermitente, la junta directiva y un comité de 28 madres voluntarias han comenzado a centralizar los censos de los niños desaparecidos y heridos en las parroquias más afectadas, que coinciden trágicamente con los sectores de mayor densidad de jugadores infantiles.
"No entenderé nunca este golpe", afirma conmovido el dirigente. "Pero no nos va a quitar el afecto. Tenemos que continuar y seguir guiando a los niños que nos quedan. Criollitos de La Guaira va a trascender a esta tragedia".
Las cifras que no llegan
Cuando se le pregunta a Jhorny Sojo por las cifras de niños fallecidos, responde que no tiene ninguna. Y es que no la tiene ni él ni nadie en Venezuela parece tener una cifra exacta o cercana a la realidad de lo que representa la tragedia. De acuerdo con los datos de la liga, en sus filas hay más de mil niños de 4 a 17 años. Hoy no podemos saber cuántos de ellos han fallecido, aunque se tema lo peor. De a poco, el presidente y los padres de familia van recabando datos, pasándose la voz. Pero si de algo están convencidos en Criollitos es que sus juegos no volverán a ser iguales nunca más; ahora, cuando un pelotero de La Guaira se pare en un diamante y conecte un hit, la bola llegará mucho más lejos, hasta perderse entre nubes desde donde los Criollitos lo celebrarán como un cuadrangular.





