El árbol que sobrevivió al 9/11: 25 años después, sigue creciendo entre las ruinas

Un árbol de pera Callery sobrevivió al colapso de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Esta es la historia de su rescate, recuperación y regreso al Memorial del 9/11.

Video El árbol que sobrevivió: La historia del último rescate de la Zona Cero en Nueva York el 11-S

Hasta la mañana del 11 de septiembre de 2001, la plaza Austin J. Tobin, frente a las Torres Gemelas de Nueva York, tenía una imagen cotidiana: en el centro estaba la esfera Koenig y, alrededor, nueve jóvenes árboles conocidos como perales Callery. Pero aquella mañana de martes, hace 25 años, todo cambió.

En cuestión de horas, las Torres Gemelas se desplomaron y la plaza quedó sepultada bajo toneladas de escombros. Durante semanas, entre el acero retorcido, el concreto pulverizado y el polvo, parecía imposible que algo pudiera haber sobrevivido.

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Hasta que, en noviembre de 2001, dos meses después de la tragedia, los rescatistas encontraron algo inesperado. Era apenas un pedazo de árbol, casi decapitado. Su tronco estaba gravemente dañado y parecía condenado. Sin embargo, entre los restos había unas pequeñas hojas verdes.

El árbol quería vivir.

El ingeniero civil y creador de contenido Samuel Márquez conoce la historia de aquel sobreviviente.

El Departamento de Parques de Nueva York tomó su custodia y lo trasladó al vivero Van Cortlandt Park, en el sur del Bronx. Los trabajadores dudaban que pudiera recuperarse. Aun así, comenzaron a cuidarlo.

Y ocurrió lo inesperado.

Cinco meses después, en la primavera de 2002, el árbol volvió a florecer. Incluso un nido de pájaros apareció entre sus ramas. Durante nueve años permaneció allí, fortaleciéndose en silencio, hasta que llegó el momento de regresar al lugar donde todo había comenzado.

Con la creación del Museo y Memorial del 11 de Septiembre, aquel árbol sobreviviente estaba en la memoria de todos. Debía volver a casa.

Fue trasladado con extremo cuidado y plantado en el Memorial, donde hoy miles de visitantes lo contemplan, dejan mensajes y escriben deseos.

Su cicatriz más evidente está en las ramas antiguas, cuya corteza es gruesa y áspera. Las ramas nuevas, en cambio, son lisas: una especie de frontera visible entre lo que sobrevivió y lo que volvió a crecer.

El árbol está plantado sobre la estructura de las fuentes del Memorial. Sus raíces reciben agua, oxígeno y nutrientes desde un sistema diseñado para mantenerlo saludable. Cables metálicos lo ayudan a resistir los fuertes vientos de Nueva York.

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Cuando fue rescatado, el árbol tenía ocho años y apenas ocho pies de altura. Hoy, a sus 33 años, continúa creciendo con una altura de 35 pies.

Veinticinco años después del 11-S, su historia es una poderosa lección de que incluso después de una tragedia inimaginable, la vida puede encontrar una grieta por donde volver a brotar.

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