Al menos 2,7 millones de cubanos sufren falta de agua en medio de la crisis energética

La crisis del agua no es nueva, pero en los últimos meses se hizo sentir aún con más intensidad tras el cerco petrolero impuesto por Estados Unidos, que ha generado una crisis energética

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Al menos 2,7 millones de cubanos son afectados diariamente en el país por el desabastecimiento de agua debido a que el sistema hídrico está operando con apenas el 37% del combustible necesario en medio de la peor crisis energética, según las autoridades.

“El sistema de Recursos Hidráulicos es uno de los sectores más impactados por el bloqueo de Estados Unidos, por ser de los mayores consumidores de energía del país”, aseguró el presidente del estatal Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Antonio Rodríguez, durante una mesa redonda sobre los daños ocasionados por el cerco petrolero impuesto por la nación norteamericana.

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El foro sobre la situación con el agua que está llegando de manera intermitente a la población de unos 9,7 millones de personas se realizó el miércoles por la noche y fue difundido el jueves por el portal oficial Cubadebate.

Según indicó el funcionario, no solo el bombeo de agua consume energía eléctrica, sino que todas las “actividades esenciales del organismo” requieren de combustible, desde la desobstrucción de redes, pasando por la limpieza de fosas o la supresión de salideros. Además, se necesitan insumos químicos, cuya importación se encuentra paralizada.

Según Rodríguez, anualmente ese instituto realizaba compras de piezas y otros elementos por unos 100 millones de dólares y en el último año, que contempla la agudización de la crisis desde enero, apenas se realizaron adquisiciones por unos 10 millones de dólares debido a la interrupción total de créditos.

La crisis del agua no es nueva, pero en los últimos meses se hizo sentir aún con más intensidad.

Estados Unidos incrementó desde enero las sanciones que ya venía aplicando a Cuba, presionando por un cambio del modelo político. En los últimos seis meses fueron llevados al extremo luego de que el presidente Donald Trump decretara un cerco petrolero sobre la nación caribeña y amenazara a los países que se atrevieran a operar con la isla. La población, que ya viene de un brillo de crisis económica, inflación y desabastecimiento, se ha visto más afectada con apagones de 20 horas diarias.

Muchos proveedores mantienen contratos en “compás de espera” mientras evalúan cuándo les conviene entregar suministros a la isla o cuáles serán los trabajos para procesar pagos bancarios, sin contar las limitaciones en el servicio de transporte de las navieras, indicó el funcionario.

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Provisión con cisternas

Algunos barrios de la capital como Habana Vieja, Lawton o 10 de Octubre reciben cisternas de agua, pero de forma inconstante, constató The Associated Press.

“Hace cinco días que no entra el agua”, se quedó el jueves en declaraciones a la AP Magaly Ribial, una maestra de 60 años, mientras recogía agua para su hogar de una pipa instalada en las inmediaciones de su casa en La Habana Vieja.

Unos metros más allá se encontraba Dayse Izquierdo, una anciana de 95 años que, dada su edad, no tiene facilidad para acarrear agua y recibe la que los vecinos le llevan cuando llega el tanque cisterna, que los cubanos llaman “pipa”.

Incluso algunos vecinos indicaron que caminaban desde otros puntos de la ciudad cuando se enteraban de que los camiones con agua llegaban a un barrio específico.

“La (mala) situación del agua es general”, comentó a la AP Carlos Molina, un trabajador de 55 años. “Vengo de otro municipio (Arroyo Naranjo) para recoger agua porque allá no hay”.

Pocas soluciones alternativas

El directivo Rodríguez reconoció durante su presentación que apenas una “pequeña parte” de las actividades del organismo está respaldada por sistemas alternativos como el fotovoltaico.

Las autoridades están desarrollando un programa acelerado con energía solar, pero los expertos sostienen que esas tecnologías requieren costosas inversiones. Cuba produce apenas el 40% del combustible que necesita.

Se suma una infraestructura gastada y estaciones de bombeo sobresaturadas, sobre todo en las ciudades grandes como La Habana, Santiago de Cuba y Matanzas, expresó Rodríguez. En muchos edificios o viviendas en alto se requiere además luz para que los motores suban el agua a los tanques elevados.

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