Ramón Guanipa, hijo del dirigente venezolano, relata
la asfixiante vigilancia que vive su padre bajo arresto domiciliario. Con policías dentro de la vivienda, cámaras en áreas comunes y la
prohibición absoluta de emitir declaraciones, la familia asegura que
no hay nada que celebrar. Denuncian que
la medida cautelar es una extensión del secuestro político y que el control sobre el hogar impide una convivencia normal para sus hijos, quienes viven bajo la amenaza constante de un nuevo traslado.
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