La historia del Comando Vermelho: lo que comenzó como un grupo revolucionario de ideas políticas es hoy una banda criminal declarada organización terrorista por Estados Unidos

La decisión forma parte de una estrategia de seguridad impulsada por Washington para ampliar sanciones y acciones contra redes criminales con presencia internacional y operaciones vinculadas al narcotráfico

Video Qué se sabe del megaoperativo en Brasil que deja más de 100 muertos: no descartan hallar más cuerpos

El Comando Vermelho (Comando Rojo) es la organización criminal más antigua del estado de Río de Janeiro, y ha consolidado un masivo poder territorial y armamentístico que desafía abiertamente al Estado brasileño. Así quedó en evidencia tras un megaoperativo de las fuerzas de seguridad en las favelas de los complejos de Penha y Alemão, en la zona norte de la capital carioca, que se convirtió en la operación policial más violenta de la historia de la ciudad al dejar un saldo de más de 120 muertos —incluidos cuatro policías—, 81 detenidos y la incautación de más de 100 armas de fuego.

Nacimiento del comando

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Los orígenes de esta organización se remontan casi 50 años atrás, en plena dictadura militar brasileña. Durante la década de 1970, el régimen encarceló a presos políticos de clase media y militantes de izquierda en el Instituto Penal Cândido Mendes, situado en Isla Grande, a más de 100 kilómetros de la capital carioca. Allí fueron agrupados en las mismas celdas con presos comunes condenados por asaltos a bancos.

Ambos perfiles compartían un estatus especial bajo la Ley de Seguridad Nacional, ya que los grupos de resistencia política también asaltaban bancos para financiarse. Esta convivencia forzada permitió que los reclusos comunes, quienes en su mayoría carecían de educación formal, aprendieran sobre sus derechos y estrategias de negociación de la mano de los militantes políticos.

Bajo el liderazgo de figuras fundadoras como William da Silva Lima, alias "el Profesor", el grupo se unió originalmente para organizar el espacio carcelario y establecer reglas de convivencia interna. El movimiento fue bautizado inicialmente como la Falange da Segurança Nacional, mutando luego a Falange Vermelha y, finalmente, la prensa local lo denominó Comando Vermelho. Aunque en sus comienzos tuvo una marcada impronta ideológica de autoprotección y búsqueda de justicia social.

De las prisiones al negocio de la cocaína

Los internos que permanecieron en prisión decidieron reorganizarse fuera de los muros carcelarios. En 1980, una fuga masiva permitió la evasión de más de 100 reclusos. Utilizando el dinero obtenido de nuevos asaltos a entidades bancarias, la banda decidió invertir en un negocio emergente: el tráfico de cocaína.

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La década de 1980 coincidió con el auge de Colombia como productor global de esta droga, lo que modificó las rutas internacionales y convirtió a Brasil en un punto estratégico de tránsito hacia el mercado europeo.

Para proteger sus cargamentos de robos de bandas rivales y ante la imposibilidad de acudir a las autoridades legales, el Comando Vermelho comenzó a adquirir armamento pesado. Esta dinámica desató violentas disputas territoriales y alimentó un mercado negro de armas suministrado incluso por policías corruptos, llevando a Río de Janeiro a registrar en 1994 un pico histórico de 64.8 homicidios por cada 100 mil habitantes.

En un intento por desarticular la organización, las autoridades brasileñas dispersaron a los principales líderes por distintas cárceles del país. Sin embargo, la estrategia estatal fracasó, permitiendo que los jefes criminales transmitieran sus ideales a nuevos reclusos y fortalecieran la estructura de la banda a escala nacional.

El modelo de abrir franquicias y la modernización tecnológica

En el siglo XXI, el Comando Vermelho consolidó un modelo operativo descentralizado. A diferencia de los carteles con estructuras piramidales rígidas, funciona como una suerte de "franquicia" o sociedad de actores independientes donde conviven múltiples dueños de favelas y ningún cabecilla tiene un poder absoluto sobre el resto.

Esta flexibilidad estructural facilitó que el grupo expandiera su presencia desde Río de Janeiro hacia 25 de los 26 estados de Brasil en los últimos seis años, un proceso acelerado paradójicamente por el propio gobierno federal al recluir a los grandes líderes en prisiones federales de distintas provincias.

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A pesar del encarcelamiento de figuras históricas de gran influencia como Luiz Fernando da Costa, alias "Fernandinho Beira-Mar", e Isaías da Costa Rodrigues, alias "Isaías do Borel", la banda mantiene intacta su capacidad de coordinar operaciones a gran escala.

Su infraestructura le permite controlar puntos fronterizos clave como el estado de Amazonas (limítrofe con Perú y Colombia) y Mato Grosso (fronterizo con Bolivia), garantizando el suministro constante de cocaína andina hacia las rutas internacionales. Asimismo, han diversificado sus fuentes de ingresos hacia otros mercados ilegales como el combustible, el oro, las bebidas y el tabaco, sectores que en conjunto con otras organizaciones movieron cerca de 273.300 millones de dólares tan solo en 2024.

El poder moderno del Comando Vermelho también se refleja en su arsenal y logística. Durante los recientes combates de 2025 en Río de Janeiro, la banda desplegó drones adaptados para lanzar explosivos contra las fuerzas de seguridad.

Frente a este escenario de alta tecnificación y arraigo territorial, investigadores y expertos locales advierten sobre la ineficacia crónica de las incursiones policiales. Pese a los altos costos humanos y materiales de los megaoperativos, las zonas ocupadas por las fuerzas del orden no logran retornar al control efectivo y permanente del Estado, perpetuando un ciclo de violencia en las áreas dominadas por el tráfico, donde la probabilidad de enfrentamientos armados es cada vez más alta.

Brasil aún no fija postura oficial

Hasta el momento, el gobierno de Brasil no ha emitido una postura oficial respecto a la decisión anunciada por Estados Unidos. La posible clasificación de PCC y Comando Vermelho como organizaciones terroristas podría abrir una nueva etapa de cooperación internacional en materia de seguridad y combate al crimen organizado en América Latina.

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