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Señora, ¿usted no quisiera casarse conmigo?

El Alzheimer hizo que su vida pasada quedara recluida en el olvido, eso sin embargo no impidió que Rodrigo Londoño volviera a enamorarse.
10 Feb 2017 – 6:20 PM EST


(Ilustraciones: Laura Mclnerney - Instagram: @itwaspluto)

En 1983 mis papás se divorciaron, porque mi papá era un mujeriego que tenía novias en cada puerto.

Él era —sigue siendo, creo— el amor de la vida de mi mamá.

Ella lo conoció cuando la mandaban de chaperona a espiar las citas que su hermana, Paulina, tenía con uno de los hermanos Londoño.

Mientras vigilaba que su hermana no pusiera los labios en donde no debía, ella se enamoró de Rodrigo, el mayor de todos los de esa casa. Se enamoró tanto que el día que se enteró de que él se había ido a estudiar diseño a Nueva York, ella se consiguió un trabajo y se fue a buscarlo. Le pidió que la recogiera en el aeropuerto y él, que apenas la recordaba, no apareció.


No sé lo que hizo pero finalmente se encontraron en una esquina de Nueva York y en los primeros meses de 1955 se hicieron novios. A los tres meses estaban casados. A los cuatro, yo ya venía en camino.

Después de montar una empresa que se quebró durante el único paro de puertos que ha habido en Estados Unidos, se vinieron a Cali, Colombia y abrieron un negocio de importaciones. Eran de los pocos que hablaban inglés en una región agrícola con enormes plantaciones de caña necesitada de angloparlantes para negociar con el mundo.

Hubo mucho dinero, pero a pesar de que mi mamá trabajó hombro a hombro con él, él siempre estaba de viaje en viaje, juntando sus hombros quién sabe con quién y un día no hubo más matrimonio. Fue un divorcio doloroso e irreversible, a pesar del amor que todos sabíamos que se tenían. Para entonces, yo ya estaba teniendo mi propia hija y mis propios problemas.

Durante 20 años no se hablaron a pesar de que el destino quiso que ambos terminaran viviendo cerca el uno del otro en Estados Unidos.
Un día sin embargo, mi mamá —que ya cumplía 74 años— recibió una llamada de su ex esposo.¿Rodrigo? Sí, Rodrigo la llamaba después de todo por teléfono.

A principios del 2006 a mi papá le empezaron a pasar cosas extrañas. Se le olvidaba para dónde iba, se perdía en la ciudad y entonces empezó a darse cuenta de que su memoria y su idea de sí mismo estaban en peligro. Antes de desaparecer en los mares del olvido del Alzheimer, mi papá hizo una movida inteligente. Llamó a su abogado y a mi mamá y les pidió una reunión.

Ella accedió a encontrarse con él, a verlo de nuevo. Mi papá quería pedirle, tras años de silencio, un favor inesperado: le propuso pasarle todo su dinero para que ella se lo administrara. Le pidió también que cuidara de él, ahora que sabía que pronto él no podría hacerlo por sí mismo.

Aceptó. Era un acto de amor de ella. Pero también era un acto de amor de él, que finalmente le reconocía a mi mamá que ella era la persona en la que más había confiado en la vida. Quizá con los años la confianza se pueda equiparar al amor.

Mi mamá —que es pura fortaleza— se encargó de organizarle su casa, conseguirle una enfermera y alguien que le cocinara bien. Religiosamente lo empezó a llevar a almorzar los domingos, se hizo cargo de sus visitas al médico y además de atender sus propios asuntos (ella es dueña de una empresa de más de 40 empleados) administró sus negocios con sagacidad.

Fue testigo año tras año de cómo se le olvidó todo. Hasta su nombre. Pero en la medida en que mi papá empezó a perder su propia historia, una nueva manera de mirar a mi mamá pareció evidente. Mi papá, viejo y perdido, empezó a coquetearle a mi mamá, que cedía ante su reflejo, consiente o natural, de tomarle la mano.

Un día mi mamá me llamó entre risas, incredulidad y llanto y me dijo: "Fui a recoger a tu papá y cuando me vio me dijo: 'Señora, usted es maravillosa. ¿Usted no quisiera casarse conmigo?"

Con su vida pasada recluida en el olvido, todos los días se lo pregunta.


Isabel Londoño Polo, la narradora de esta historia, es una colombiana que lidera la Fundación Mujeres por Colombia. Ella vive en Bogotá, y sus padres viven aún en Miami, Florida.

Latin Lovers es un proyecto que nació con la idea de buscar historias reales de amor de latinos por el mundo que pudieran inspirar, conmover y animar a nuestra audiencia en la semana de San Valentín.

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