“No se servirá carne de perro en el recinto de los Juegos Olímpicos”: la advertencia del comité organizador en Corea del Sur

Corea del Sur consume en promedio 100,000 toneladas de carne de canino al año. Ante la evidencia, atletas como la patinadora Megan Duhamel están dispuestos, además de ganar sus medallas, a adoptar perros y así salvarlos de su fatal destino.

“No se servirá carne de perro en el recinto de los juegos olímpicos”. Aunque esta podría ser una declaración descabellada en muchos países del mundo, en Corea del Sur, no se puede dar por sentado que en los platos de los atletas no se sirva un estofado de Pug o de Jindo Coreano.

La declaración dada al medio USA Today vine justamente de parte del comité organizador de los juegos Olímpicos de Invierno que es consciente de que, más allá de las diferencias culturales con las que se tiene que lidiar cuando representantes de 92 países del mundo se juntan en un evento, el tema de servir cocinado en la mesa un animal que suele ser la adorada mascota de muchos, resulta, cuando menos, problemático.

Sin embargo, si bien en el recinto deportivo los atletas pueden contar con que en su dieta no se incluirá un canino, no se puede decir lo mismo de los más de 20,000 restaurantes en toda Corea del Sur que, según la Asociación Defensora de Animales de ese país, ofrecen en sus menús ‘boshintang’ -perro en estofado- o ‘gaesojo’ –un caldo que resulta de hervir el perro completo con hierbas.

Según número de esta organización se estima que anualmente se consumen 100,000 toneladas de carne de perro, y que se usan otras 93,600 toneladas para hacer unos brebajes médicos que la tradición asegura ayudan a la virilidad y a estar fuertes contra las enfermedades.

Los esfuerzos por evitar que la atención durante los olímpicos se ponga en esta costumbre, no solo parece venir de parte del comité organizador, el propio gobierno Coreano ha implantado iniciativas por desalentar esta práctica apegada a viejas tradiciones que, sin embargo, registra consumos de 20% entra la población más jove y de 50% entre los mayores de 60 años según una encuesta Gallup en 2015. En febrero de 2017, se reportó cómo se había empezado el desmantelamiento del Mercado Moran, un lugar ubicado en Seongnam, una ciudad cerca de Seul, que vende en promedio 80,000 perros vivos o muertes cada año.


El cierre total del lugar, sin embargo, ha sido puesta en duda por muchos activistas, así como la completa erradicación de granjas de perros, que según el Servicio de Información Estadístico de Corea tenían más 100,000 perros en 2010.

Atletas que ganan medallas y salvan perros

Para muchos atletas no resulta suficiente saber que mientras estén participando en los juegos olímpicos no van a probar a qué sabe la carne de sus mascotas. Algunos, como la patinadora canadiense Megan Duhamel, han ido con la intención de a la vez que ganan medallas, adoptar cuanto perro puedan para salvarlos de su fatal destino.

Hace cuatro días la competidora ya alaredeaba en su cuenta de Instagram de cómo Mootae ahora sí podía dormir plácidamente. “Ahora él está libre de la Industria de Carne Coreana y disfruta descansando bajo el sol en la seguridad de su hogar”.


“Hay cientos de granjas de carne de perro escondidas y nadie está hablando de esto. Toda la bulla se la llevarán los Juegos Olímpicos”, le dijo la patinadora a USA Today.

En realidad, su idea no solo es hacer que durante los Juegos Olímpicos se hable de manera más abierta de esta industria, - que está desregularizada por el gobierno coreano-, sino que además más atletas como ella se sumen para adoptar perros y que se propongan como voluntarios para transportar los animales rescatados de estas fincas en avión hacia Norte América.

“Somos conscientes de la preocupación internacional sobre el consumo de carne de perro en Corea. Este es un asunto que el gobierno está abordando. Esperamos que este tema no afecte la entrega o la reputación de los Juegos y ni de la provincia, y apoyaremos el trabajo de la provincia y el gobierno sobre este tema según sea necesario”, ha enfatizado el comité organizador.

Mientras algunos deportistas se rehúsan a acoger esta causa por considerarla de irrespetuosa con las tradiciones de cada país, quizás algunos regresen a sus casas con una medalla y un perro coreano que ha sido salvado de ser comido.

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