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Los deseados besos de Nancy

Esta es la historia de Rudi, un pequeño que creció en un barrio malo de Los Ángeles y que descubrió que la niña de sus fantasías era la fantasía de todos.
10 Feb 2017 – 6:26 PM EST

(Ilustraciones: Laura Mclnerney - Instagram: @itwaspluto)

Nancy no es nombre de niña, parece más bien el nombre de una mujer; pero así se llamaba esa niña de siete años que vivía al frente de Rudi, que realmente se llamaba Rodolfo, pero como su madre nicaragüense se había venido a vivir a Estados Unidos, era más fácil que sus nuevos amigos en inglés le pudieran llamar por un nombre pronunciable. Ro-dol-fo, devino en Ru-di.

De Nancy no sabemos mucho, solo lo que la memoria de Rudi decidió conservar. Usaba zapatos como esos que llevan las niñas a la iglesia, que si los juegos de su memoria no le fallan han de ser de correas, punta redonda y charol. Llevaba siempre pulcro el vestido y debajo una capa de enaguas que él puede describir con detalle, como si no solo las hubiera visto, sino que también las hubiera tocado.

Había entre Nancy y Rudi solo un prado que separaba sus casas. Uno que aunque él tiene la tentación de imaginar verde y con un poderoso árbol de duraznos enmedio, no era más que un polvoriento camino de esos propios de los barrios malos de Los Ángeles en los años 80.


Todos los días los zapatitos de charol de Nancy, que imponían su brillo entre tanta polvareda, la llevaban con devoción no a la iglesia, sino a ese lugar en donde ellos tenían un encuentro, digámosle sacro, que les conectaba los labios con algo adentro en las entrañas para lo que Rudi, cree, aún no tenía un nombre.

Detrás de un montón de botes de basura —imposible para él no imaginarlos repletos de desperdicios y gatos como en las películas de pandilleros— se abría un espacio entre una cerca de árboles en donde Nancy y él se olían y se ponían uno frente al otro tan cerca que los cuatro ojos se volvían dos grandes, como de cíclope.

Rudi recuerda de ese día triste un sándwich de atún que llevaba en la mano. Uno que le había preparado su madre y que perdió de vista en tanto vio que Nancy caminaba sola en dirección a su escondite secreto.

Giró detrás de los basureros y la siguió (no hubiera podido hacer otra cosa) para descubrir que delante de Nancy estaba otro niño que no era él. Ella había convertido aquel pequeño agujero de sus fantasías, en el lugar en donde los niños del barrio probaban un poco de sus besos ingenuos.

Rudi volvió la mirada para encontrarse solo con su miserable sándwich, que milagrosamente aún sostenía con sus manos lívidas; lo arrojó al basurero, corrió a su casa y lo único que recuerda sentir, paralizado por dentro como estaba, era la voz de su madre que le pedía en español que le confesara “qué malo había hecho”.

Rudi no olvida lo que sintió. Lo lleva tan presente que el recuerdo lo ha convertido en una pieza de su obra de teatro ‘Pet’ que hoy lo lleva a viajar por todo el mundo.

Aún permanece soltero.


Rudi Goblen es un reconocido artista y bailarín de 35 años que reside en Miami y que ha logrado viajar por el mundo con sus obras de teatro ‘Pet’, ‘Insanity Isn't’ y ‘Fair Welling’.

Latin Lovers es un proyecto que nació con la idea de buscar historias reales de amor de latinos por el mundo que pudieran inspirar, conmover y animar a nuestra audiencia en la semana de San Valentín.

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