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La actriz Emily Ratajkowski defiende a Melania Trump de un periodista que la insultó: "sus desnudos y su historia sexual no deberían importar a nadie"

"Los ataques de género son asquerosa bazofia sexista", continuó en su Twitter. La primera dama agradeció a la actriz que la defendiera públicamente. El periodista del New York Times, Jacob Bernstein, ha pedido perdón.
14 Feb 2017 – 4:10 PM EST

Emily Ratajkowski se tomó un insulto a Melania como un insulto a todas las mujeres. Según cuenta la actriz en su cuenta de Twitter, se encontraba cenando junto a Jacob Bernstein, periodista del New York Times, cuando este dijo que Melania era una "puta".

La modelo tardó poco en reaccionar y de una forma muy contundente: lo hizo público de madrugada en su cuenta de Twitter, que tiene 984,000 seguidores.

"Anoche me senté junto a un periodista del New York Times que me dijo que "Melania es una puta". Independientemente de tus ideas políticas es importante denunciar esto".

Y siguió diciendo que a ella no le importan sus desnudos y su vida sexual, y a nadie deberían importarle. Para acabar su serie de tuits apuntó a lo que ella (y otras muchas) considera el verdadero problema detrás de estos insultos: una cuestión de género, un ataque sexista. Fue explícita de nuevo con su mensaje en Twitter: "Los ataques de género son asquerosa bazofia sexista".

La primera dama contestó a Ratajkowski desde su cuenta oficial agradeciéndole que la hubiera defendido públicamente.

"Un aplauso a todas las mujeres alrededor del mundo que denuncian, que se levantan y apoyan a otras mujeres" y cita a Emily Ratajkowski.

La polémica no ha quedado ahí. Jacon Bernstein, el periodista del New York Times que insultó a Melania ha pedido disculpas en su Twitter. La excusa: creía que era una conversación privada. Aunque luego matizó que hizo una observación estúpida sobre la primera dama.

"Hablaba en una fiesta en lo que pensaba era una conversación personal, aún así hice un comentario estúpido sobre la primera dama".

También dijo que sus editores no pensaban que una declaración así estaba a la altura del periódico y que su insulto se basaba en rumores infundados.

Los rumores a los que se refiere Bernstein, quien es periodista del respetado periódico New York Times e hijo del mítico periodista carl Bernstein y la escritora feminista Nora Ephron, fueron publicados por el Daily Mail. En un reportaje, el periódico sugería que la agencia de modelos para la que trabajó Melania Trump en Milán era en realidad proveedora de "acompañantes de lujo" para hombres ricos. La publicación tuvo que retractarse y admitir que solo citaba otras publicaciones y que no había pruebas al respecto.

Melania contraatacó denunciando al Daily Mail este mes de febrero con una demanda no exenta de polémica tampoco, ya que argumentaba que los rumores infundados habían dañado su imagen de manera que ya no podría usufructar su papel de primera dama, dando a entender que podría ganar dinero en esa posición, aunque luego matizaba que no era su objetivo.

Emily Ratajkowski es una de las primeras mujeres que defiende sin ambajes a Melania, sin peros ni matices. La primera dama, por norma general, provoca sentimientos encontrados. Por un lado hay voces que defienden sus decisiones individuales como el no ejercer de primera dama al uso y no seguir a su marido allá donde él ha decidido trabajar. Siempre hay un pero en estas alabanzas, como cuando se habla de que su capricho de vida independiente cuesta dinero a las arcas públicas.

Cuando se sugirió sin ningún fundamento en las redes sociales utilizando el hashtag #freemelania que Trump trataba mal a su esposa el tono general fue de apoyo a la primera dama, pero algunas publicaciones y otros tantos usuarios argumentaron que, aunque algo turbio allí ocurriera, ella estaba en esa relación porque quería, que era libre de marchar. Un argumento peligroso.

Otros le negaron su solidaridad por haber apoyado los comportamientos machistas de su marido e incluso haberlos defendido. La propia primera dama pidió que no sintieran lástima por ella, que no la defendieran, que se valía por sí misma, pero eso tampoco fue del todo aceptado.

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