¿Dónde termina el muro? Estos hermanos hicieron un 'road trip' por la frontera para resolver una duda de infancia

Yonathan y Jordan Moya, dos hijos de inmigrantes mexicanos que crecieron en el sur de Texas, decidieron embarcarse en una aventura: recorrer con su cámara fotográfica la frontera entre EEUU y México desde Brownsville (Texas) hasta San Diego (California). Su propósito, uno solo, mostrarle al mundo que esa tierra es mucho más que lo que dicen los políticos.
8 May 2017 – 4:26 PM EDT

La frontera retratada por dos hermanos que la recorrieron en carro

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Crecieron en la frontera, en el sur de Texas. De niños corrían al lado del muro hasta que los pies se les cansaban sin alcanzar nunca a ver el fin de esa vasta pared que les dejaba claro que ellos vivían en el lado norte de la frontera, separados para siempe de la tierra original de sus padres.

Los hermanos Yonathan y Jordan Moya, hijos de una familia inmigrante mexicana, un día se fueron de la frontera, se mudaron a Indiana y Minnesota, respectivamente. Sin embargo, hartos de los estereotipos que había despertado el ascenso a la presidencia de Donald Trump sobre esa tierra decidieron emprender un proyecto: Irían manejando lo más cerca que se pudiera del borde que separa EEUU de México desde Brownsville (Texas) hasta San Diego (California).

Recorrerían 650 millas de muro existente y 1,554 millas de territorio que repartirían en 9 días para ir de una costa a la otra fotografiando la vida cotidiana, la gente, los paisajes impresionantes, el muro en su máxima expresión, la comida mexicana y el calor. “Cumpliríamos por fin el anhelo de niño de ver en dónde terminaba esa pared”, explica Yonathan, que marcó en el calendario el 25 de febrero como su fecha de partida.


Para poder cumplir su cometido, ellos, que trabajan con fundaciones sociales y no tenían dinero extra para este viaje, hicieron una campaña en redes para así recoger fondos suficiente para su travesía. Tras recibir donaciones por 3,329 dólares de gente de todo el país se dieron cuenta de que, no solo ellos, sino otros cuantos cientos más, estaban ávidos de conocer la realidad de la frontera.

“La parte fácil de este proyecto fue, de hecho, el viaje, la parte más desafiante fueron las historias que nos fuimos encontrando, la humanización de la vida allá, mostrar empatía y compasión hacia la gente que oíamos y conocíamos. Nos encontramos con gente que apoyaba la inmigración y les ayudaban a los que llegaban casi moribundos, gente que no. Gente que había votada por Trump y gente que no creía en él. Gente que a pesar de apoyar el muro eran incapaces de negarle un vaso de agua a los que veían que habían superado el desierto”.

Diario de historias extraordinarias

No fue difícil en el camino ir encontrándose con personajes particulares e historias.

Conocieron a Verónica, una fotógrafa del sur de Texas que se ha concentrado en recoger los zapatos que dejan los inmigrantes en su travesía. ‘Traveling Souls’ (‘Almas viajeras’) se llama su proyecto que recuenta la historia de aquellos que murieron o que huyeron y dejaron atrás sus zapatos.

Después, con un poco más de camino y polvo a cuestas, se toparon con Edgar, un hombre que había intentado pasar ilegalmente la frontera por tercera vez en esa semana. “¿Por qué lo hace?, lo increpamos después de habernos ganado su confianza… y él nos contó que su mujer y su hija se habían quedado en Estados Unidos y que él tenía que volver por ellos, tenía que ir a ayudarlos”, narra Yonathan, que fue consignando todos estos encuentros en su cuenta de Instagram .

Deslumbrados con el desierto, atemorizados con su soledad, después de manejar horas interminables y ser los únicos habitantes del camino, también intentaron hablar con un agente fronterizo que, aunque amable, no quiso conversar mucho. “Te das cuenta también de la vida que llevan estos hombres en ese silencio, en ese calor. Aunque su imagen es muy atemorizante nos ayudaron en una ocasión cuando empezamos a quedarnos cortos de gasolina”.

En El Paso, se encontraron con un grupo de hombres muy rudos y que se veían curtidos por el sol. “Tras pedirles un cigarrillo nos enteramos de que eran vagabundo de trenes, hombres que viajaban sin fin ni propósito montándose en un tren que los llevaba a lugares desconocidos y del que bajaban saltando. Se conocían todos los secretos y detalles de la frontera”.

En su viaje aprendieron también a hacer tortillas con los indígenas de la reserva Tohono Oóodham, en el sur de Arizona, y cruzaron la frontera junto a la monja católica Norma Pimentel, quién los llevó a un lugar en donde ella le da comida caliente, agua, baño y un cambio de muda a la gente que ha logrado llegar próxima a la frontera para encontrarse con sus familias en Estados Unidos. “Su intención, nos dijo, es restaurar la dignidad humana con estos servicios básicos. En su hogar ha llegado a tener a 433 inmigrantes”.

También, por supuesto, conocieron a Enrique, un deportado que pasó un año en prisión en Estados Unidos y que tras cumplir su condena y mostrarse arrepentido nos confesó: “ 'soy un mal tipo y tengo que lidiar con esas consecuencias, pero por mi otra gente está siendo tildada como criminales solo por ser mexicana'”.

Vieron pueblos fantasmas, mensajes gigantes puestos en una montaña que de cada lado de los dos países se podía leer y que profesaba: "La biblia es la verdad. Leela (sic)". Vieron cómo a diario mucha gente se pone cita en el muro para conversar por horas con su familiar del otro lado de la frontera y encontraron que California muchos artistas han hecho del muro un lienzo.

“De una manera u otra esa es su casa y quieren humanizarla, hacerla bella, asignarle otros propósitos y utilidades. No vimos una estructura fría, por el contrario, vimos una llena de mensajes de empoderamiento”, explican.

Después de los largos viajes, Yonathan y Jordan dejaron además consignado un prontuario de bellísimos atardeceres y de noches en los que el sol parecía no ocultarse.

Después de todo y quizás como su más profunda convicción los alentaba la vida, la belleza, los riesgos y la complejidad de la frontera no la pueden capturar las noticias, no los políticos con sus discursos , ni siquiera un par de hermanos con su cámara y 4,000 fotografías.

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