La mayoría de las tierras vírgenes del planeta están en Norteamérica

Nuevo reporte internacional señala la tundra boreal, bosques boreales y casquetes como los pocos sitios prístinos que aún se conservan y que urgen de mayor protección.
14 Sep 2016 – 10:56 AM EDT

Aunque el homo sapiens llegó a la Tierra hace apenas 100,000 años, ya ha alterado dramáticamente el hábitat del 76.8% del planeta. En solo dos décadas, el mundo perdió el 10% de sus tierras vírgenes y hoy solo queda un rezago del 23.2%, cerca de unos 11.6 millones de millas cuadradas.

Según este reciente estudio de la Wildlife Conservation Society, la mayoría de las áreas vírgenes que se conservan se encuentran en América del Norte, pero las autoridades de EEUU, Canadá y del mundo no están actuando a la velocidad que se está produciendo la intervención y el impacto de la actividad humana.

“Definimos áreas vírgenes como áreas que están libres de los principales impactos humanos, y por lo tanto sigue siendo bastante intactas o prístinas”, explica a Univision el autor del estudio Oscar Venter y especialista en bosque de la Universidad del Norte de Colombia Británica. Para el especialista, aunque parezcan pocas y escasas, la conservación de estas áreas es vital para la buena salud y sobrevivencia del planeta y de los humanos que lo habitamos pues son reservorios de agua dulce y de aire limpio.

Estas áreas inalteradas representan los últimos hábitats de muchas especies amenazadas y de muchas otras que, conforme aumentan las temperaturas empiezan a migrar cada vez a latitudes más altas para sobrevivir. “Sin estas áreas prístinas muchas de las especies más emblemáticas de Estados Unidos simplemente ya no existirán: como el oso pardo ( Ursus arctos), el lobo gris (Canis lupus) y el bisonte americano (Bison bison)", precisa Venter. Estas tres son especies consideradas en peligro de extinción.

¿Cómo son esos rezagos prístinos?

Entre las zonas vírgenes norteamericanas destacan al menos tres tipos de ecosistemas.

Primero, la llamada tundra boreal, área que se ubican alrededor de los círculos polares de la Tierra, es decir, más arriba de donde pueden crecer los bosques. Estos son de los hábitats más alejados del Ecuador. No es raro que la palabra provenga del finlandés y que signifique área desarbolada.

Según explican los especialistas, la tundra es un ecosistema con cambios estacionales muy marcados y notorios. Así, mientras que durante el invierno no hay prácticamente nada vivo, durante el verano, las múltiples horas diarias de sol y luz hacen florecer el paisaje con vegetación y la proliferación de diversas especies de animales.

Además de la tundra está también el bosque boreal de coníferas o taiga y los casquetes polares (en la Antártica y en el interior de Groenlandia).

Los bosques boreales se extienden por las regiones de clima frío de la Tierra. Son franjas de coníferas: píceas, pinos y abetos. La biodiversidad de estas regiones parece ser baja y hay quienes los denominan “bosques vacíos”. Por su parte, los casquetes están mucho más cerca de los polos y experimentan un clima mucho más frío, en algunas categorizaciones no son considerados como biomasa terrestre por no tener ningún tipo de vegetación.

Aunque parezca que las tundras, los bosques boreales y los casquetes pueden estar muy alejadas de las personas y comunidades, estas áreas silvestres proporcionan servicios ambientales vitales para todos. “Estos servicios importantes de los que dependemos, pues desempeñan un papel importante en la mitigación del cambio climático. Entre ellos, por ejemplo, almacenar grandes cantidades de carbono en las plantas y los suelos, haciéndolos imprescindibles para combatir el cambio climático”, enfatiza Venter.

El otro autor de la publicación, James Watson, dijo a Naciones Unidas que hay mucho trabajo por hacer para proteger áreas que por su lejanía han sido marginados. Según él, el 80% de los programas internacionales de financiación como el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, Fondo Verde Climático y el Fondo de Cooperación de ecosistemas críticos han sido asignados a las naciones con menos del 20% de áreas prístinas.

Watson urge a la acción y redireccionamiento de fondo público para mantener intactos y protegidos procesos ecológicos que una vez que se alteran no pueden recuperarse. Esta investigación se publicó en la revista Current Biology.


RELACIONADOS:Planeta
Publicidad