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Científicos descubren siete planetas similares a la Tierra a una distancia de 40 años luz

Estos exoplanetas también giran alrededor de una estrella, como nuestro sol y tienen condiciones de temperatura que permitirían la presencia de agua en sus superficies.
22 Feb 2017 – 1:02 PM EST

Si los seres humanos tuviésemos que exiliarnos de la Tierra, un sistema planetario recién descubierto a 39 años luz de distancia podría ser, por ahora, nuestro mejor destino.

Se trata de TRAPPIST-1, un conglomerado donde hay siete planetas rocosos con masas similares o inferiores a la Tierra y que giran alrededor de una estrella que se llama TRAPPIST. No es exactamente un sistema solar porque no gira alrededor de un sol como el nuestro, sino de una enana, una estrella muy fría. Es por eso no se le dice sistema solar, aunque lo parezca.


Las condiciones observadas allí por los científicos sugieren que en alguno o en todos estos exoplanetas, llamados así por estar fueras de nuestro sistema solar, podrían tener las condiciones necesarias de temperatura para permitir la existencia de agua líquida en sus superficies. Temperaturas de entre 0 y 100 grados Celsius.

“En busca de nueva vida en otro lugar del Universo, este sistema planetario es probablemente nuestra mejor apuesta a partir de hoy", asegura Brice-Olivier Demory, profesor del Centro de Espacio y Habitabilidad de la Universidad de Berna.


El análisis que publica hoy la revista Nature fue hecho por científicos de la Universidad de Liège de Bélgica y de la Universidad de Leiden en Holanda con colaboración del Centro de Espacio y Habitabilidad de la Universidad de Berna, a partir de imágenes del Telescopio Espacial Spitzer de la NASA, un observatorio espacial infrarrojo lanzado en agosto del 2003 para estudiar los orígenes del universo en las áreas más lejanas. Se usó también el Liverpool Telescope, uno de los telescopios totalmente robóticos más grandes y más avanzados del mundo, situado en Canarias.


Ciencia desde lejos

Según Michaël Gillon de la Universidad de Liège, líder de la investigación, para hacer este análisis se usó lo que se llama la fotometría, ciencia que se encarga de la medida de la luz. Midiendo los cambios en la intensidad de luz de la estrella TRAPPIST-1 cada vez que un exoplaneta en cuestión pasaba frente a ella.

Esto es posible de hacer porque estos planetas orbitan una estrella fría y los cambios en la luz que emiten permiten a los telescopios actuales monitorear sus movimientos.

Los exoplanetas similares a la Tierra que orbitan estrellas enanas como TRAPPIST-1 son más fáciles de observar puesto que estas estrellas son mucho más frías. Además, en este caso en particular favorece que el sistema planetario sea muy compacto porque así los planetas orbitan muy rápido: completan una órbita en un periodo de entre 1.5 y hasta de 13 días.

Ahora la gran pregunta científica antes de destinar recursos en la exploración de este sistema planetario es es si hay presencia de moléculas de ozono en la atmósfera de alguno de estos exoplanetas. Recordemos que en la Tierra el ozono atmosférico se encuentra en diferentes concentraciones entre los 10 y los 40 kilómetros sobre el nivel del mar y tiene la vital función de depurar el aire y servir de filtro de los rayos ultravioletas procedentes del Sol.


"El Telescopio Espacial James Webb, el sucesor del Hubble, tendrá la posibilidad de detectar la firma del ozono si esta molécula está presente en la atmósfera de uno de estos planetas y esto podría ser un indicador de la actividad biológica en el planeta".

Eso significa que aunque en estos exoplanetas recién descubiertos hubiera agua en estado líquido aún no sería suficiente para albergar las formas de vida que conocemos: si no hay ozono, la radiación (proveniente de la estrella) podría impedir su desarrollo.

Lo que viene

Inferir o suponer que ya hay actividad biológica tras ver los análisis hechos con imágenes tomadas desde muy lejos no es buena idea: de cerca todo podría ser diferente de lo esperado, según los autores de la investigación.


En mayo de 2016, los astrónomos ya habían detectado tres planetas del tamaño de la Tierra que orbitaban la estrella TRAPPIST-1. Y precisamente por el potencial que les vieron decidieron dedicarse a observarlos durante meses con diferentes telescopios en Chile, Marruecos, Hawai, La Palma y Sudáfrica. Durante septiembre de 2016, el Telescopio Espacial Spitzer de la NASA monitoreó TRAPPIST-1 durante 20 días y de ahí salieron los datos. Este estudio va a continuar.

En el futuro, además, la NASA planea lanzar el telescopio espacial TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite), un telescopio espacial que pasará dos años identificando planetas en torno a más de 200,000 de las estrellas más brillantes del cielo, incluyendo alrededor de 10,000 estrellas enanas.

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