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Si creías que la migración irregular era mala, no has visto nada todavía

“La decisión del Presidente de recortar la ayuda a Honduras, Guatemala y El Salvador demuestra que simplemente no entiende los motivos de la migración irregular, ni cómo detenerla”.
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3 Abr 2019 – 11:35 AM EDT

¿Odias la migración indocumentada e irregular procedente de Centroamérica? Pues la odiarás más ahora que el Presidente ha recortado la ayuda a Honduras, Guatemala y El Salvador, los países de donde huyen las familias y los niños que vemos en la frontera suroeste.

Los acontecimientos de la semana pasada fueron asombrosos, incluso según los caóticos estándares del Presidente Trump. El jueves, la secretaria de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), Kirstjen Nielsen, firmó un acuerdo con estos tres países del Triángulo Norte para reforzar la cooperación en un intento por frenar la migración irregular –un paso racional y constructivo que reconoció la necesidad de abordar el problema desde su origen–. Un día después, y sin previo aviso, el presidente le retiró el apoyo a la secretaria al recortar cientos de millones de dólares en ayuda exterior previamente aprobada para programas que abordan directamente los factores impulsores de la migración, incluyendo, presumiblemente, los mismos fondos que el DHS iba a utilizar en virtud del acuerdo recién firmado. ¡Gracias por el aviso, jefe!

Sabemos que gran parte de la política exterior del presidente está impulsada por la diplomacia personal y transaccional, pero este reciente anuncio demuestra que el presidente simplemente no entiende qué motiva la migración irregular, ni cómo detenerla.

En primer lugar, no les “damos” esos cientos de millones de dólares a los gobiernos del Triángulo Norte. No se involucra el dinero en efectivo. Más bien, Estados Unidos financia los programas que diseñamos e implementamos en asociación con los gobiernos asociados (como en el acuerdo de Nielsen) y con la sociedad civil. Estos programas ayudan a reducir la violencia, mejoran la gobernanza y las instituciones débiles, y crean oportunidades económicas para que las personas puedan tener futuro en sus países y no en Estados Unidos.

En segundo lugar, los gobiernos del Triángulo Norte no “envían” sus ciudadanos a Estados Unidos. Los migrantes huyen de comunidades violentas, huyen de la falta de recursos para instituciones débiles como la policía y los tribunales, y buscan trabajo para mantener a sus familias. Los gobiernos de Centroamérica no pueden impedir que sus ciudadanos se vayan, así como el presidente Trump no puede evitar que usted viaje al extranjero.

Entonces, nuestra política es caótica y contradictoria. Pero tenemos que preguntarnos, después de ver que los cruces fronterizos ilegales se redujeron a niveles mínimos históricos en 2017, ¿por qué estamos viendo un repunte ahora?
Tres razones: La primera, porque tenemos un auge económico. Mientras el PIB per cápita de Estados Unidos sea 25 veces superior al de Honduras, y mientras haya más empleos que solicitantes de empleo, habrá un factor motivador importante.
La segunda, aunque las cosas han mejorado en el Triángulo Norte (la tasa de homicidios en Honduras se ha reducido a menos de la mitad desde 2012), toda la política es local. Para muchas personas que viven en comunidades conflictivas o en la pobreza rural, las cosas no han mejorado lo suficiente ni lo suficientemente rápido como para satisfacer sus crecientes expectativas.

Y tercera, y quizás la más importante, el presidente no entiende que su propia retórica está contribuyendo a alimentar la actual oleada de migrantes hacia la frontera. Durante la primera oleada de menores no acompañados en el verano de 2014, nos enteramos de que los traficantes les estaban diciendo a los posibles migrantes que “tienes que ir ahora, luego va a ser más difícil cruzar la frontera”. Y funcionó. Estamos viendo lo mismo ahora. Los contrabandistas utilizan las propias palabras grandilocuentes del presidente como prueba de que la frontera se va a cerrar y de que si no lo hacen ahora, será demasiado tarde.

Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Cómo finalmente solucionamos el problema de la migración irregular desde Centroamérica? Manteniendo nuestra ayuda a los países del Triángulo Norte. Ayudando a pacificarlos, a que sean más responsables ante sus ciudadanos y más prósperos para que eventualmente alcancen ese punto de inflexión en que las personas deciden labrarse un futuro en casa. Éste es un juego largo y requiere un conocimiento de la historia y del desarrollo económico en los países subdesarrollados. Recordemos que el Plan Colombia requirió de 15 años de esfuerzo sostenido con tres administraciones estadounidenses sucesivas para transformarse.

Mientras tanto, el presidente insulta y ataca a los extranjeros sin analizar su propio gobierno. Si realmente quisiera arreglar las cosas, arreglaría el fracasado sistema de tribunales de inmigración. La razón por la que tenemos un sistema de “captura y liberación”, en el cual los solicitantes de asilo son liberados dentro de Estados Unidos en espera de una lejana fecha de juicio, es porque esos tribunales tienen una acumulación de 800,000 casos atrasados. Entonces, en lugar de tomar una decisión sobre una solicitud de asilo en tiempo real y de repatriar a quienes no tienen un caso válido, todos los que hacen una solicitud entran, al menos por un tiempo. Eso es ridículo, y se puede arreglar. En lugar de gastar miles de millones de dólares en un muro, en lugar de cerrar la frontera, en lugar de recortar la ayuda exterior destinada a solucionar el problema, ¿por qué no gastamos los recursos necesarios para reparar los tribunales de inmigración? No toleraríamos una acumulación de 800,000 casos en el Departamento de Vehículos Motorizado, entonces ¿por qué debemos tolerarlo en la frontera? Repatriar a los migrantes en tiempo real que no califican para el asilo enviaría un poderoso mensaje a Centroamérica: no desperdicies miles de dólares y arriesgues tu vida en el viaje porque probablemente no podrás entrar.

La política punitiva del presidente hacia Centroamérica y su retórica impredecible y grandilocuente seguramente continuarán. Como exembajadores que prestamos servicios en Centroamérica, predecimos más migraciones irregulares, secretarios de gabinete desacreditados y desvirtuados, y un enojado grupo de Comités de Apropiaciones, que ven que el presidente viola las leyes una vez más al no consultar adecuadamente con ellos.

*James Nealon fue embajador de Estados Unidos en Honduras y ahora es Investigador en el Woodrow Wilson Center. John Feeley fue embajador de Estados Unidos y ahora es consultor político de Univision.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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