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La presidencia forajida

“Como sugiere el cierre arbitrario del gobierno, Trump intensificará sus ataques al Congreso y otras instituciones democráticas, como las cortes de justicia y el periodismo independiente, durante su tercer año de mandato.”
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2018-12-24T12:29:20-05:00

El gobierno permanece parcialmente cerrado, dejando sin cobrar sus cheques a cientos de miles de empleados federales y sin servicios a millones de estadounidenses. La bolsa de valores de Nueva York ha sufrido su peor caída desde la Gran Recesi ón, arruinando a cientos de miles de inversionistas y pensionados. Estados Unidos mantiene una costosa guerra de aranceles con China, uno de nuestros principales acreedores. Se ha ordenado el regreso de las tropas que en Siria luchan para contener a los terroristas de ISIS y mantener en jaque al régimen de Bashar al-Assad. Se prepara la retirada de Afganistán, sin discutirla tampoco con los jefes militares o el Congreso. Altos funcionarios abandonan posiciones clave. Y Donald Trump enfrenta 17 investigaciones, muchas de ellas criminales. Estos son apenas los últimos síntomas de una presidencia al garete que no por previsible desde el día de las elecciones será menos desastrosa para Estados Unidos y el mundo libre y democrático. Concluimos 2018 en caos. Pero lo peor, ay, está por venir.

Por estas mismas fechas el año pasado, luego de padecer otros 12 meses de malas calamidades, los facilitadores republicanos del presidente Trump intentaban calmarnos resaltando a tres supuestos guardianes del orden y la cordura: el secretario de estado, Rex Tillerson; el secretario de defensa, Jim Mattis, y el jefe de gabinete, John Kelly. Hoy ya ninguno de los tres se halla en su puesto. Trump los tronó de mala forma. Los tres, aparentemente, se dedicaban a disimular que acataban sus órdenes arbitrarias y a menudo ilegales, a cambiarlas por otras y a tratar en vano de hacerle entender cómo funciona constitucionalmente el gobierno de la que, hasta su llegada a la presidencia, fuera la democracia más poderosa e influyente del mundo. Porque ya tampoco lo es.

Los principales aliados democráticos guardan distancia de Estados Unidos. Algunos, como Francia, Alemania y Canadá, critican abiertamente el aislacionismo que practica Trump. Otros, como México, mal disimulan llevarse bien con él, en espera de que llegue el momento oportuno de denunciar sus bravuconadas. Solo lo aplauden y alientan autócratas impresentables como Vladimir Putin, el hombre que tras bambalinas lo maneja como a un títere.

Además de Trump, los republicanos son los mayores responsables de la catástrofe que a fuego lento se cocina en el país. Lo han encubierto y justificado en sus sistemáticos ataques a nuestro estado de derecho. Durante el proceso electoral, Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado, se negó a suscribir las denuncias preparadas por las principales agencias de inteligencia del país sobre la intervención ilegal rusa en nuestras elecciones para propiciar el triunfo de Trump. Sera un baldón indeleble en su carrera política. Todavía más bochornoso ha sido el rol de Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes. Permitió a propósito que la Comisión de Inteligencia se convirtiera en caja de resonancia y c ómplice de Trump en el engaño al pueblo estadounidense sobre la injerencia rusa. Y personalmente justificó o restó importancia a muchos de sus caprichos y abusos de poder.

“Esta es una presidencia forajida”, se lamentó el otro día el general Barry McCaffrey, exjefe del comando sur y ex zar antidrogas de Estados Unidos. Y lo será mucho más el año que viene a menos que el Congreso, cuya composición cambiara en enero, haga algo sustantivo para evitarlo. El Artículo # 1 de la Constitución le confiere el poder para frenar los excesos y corregir los graves errores de Trump. Pero deberá usarlo, superando la inercia y la indiferencia con que ha actuado bajo el control total de los republicanos. Y siendo más fiel al rol fiscalizador del ejecutivo que le otorgó ese hoy debilitado inciso constitucional.

Como sugiere el cierre arbitrario del gobierno, Trump intensificará sus ataques al Congreso y otras instituciones democr áticas, como las cortes de justicia y el periodismo independiente, durante su tercer año de mandato. En su mentalidad primaria, está en guerra contra enemigos reales e imaginarios, especialmente quienes lo investigan a él, a su familia y sus negocios, como el asesor especial Robert Mueller y la fiscalía federal de Nueva York; quienes reportamos y comentamos las investigaciones; y también todos los que, desde su perspectiva, no se saltan las leyes para pararlas. Y buscar á cumplir a toda costa su delirante promesa de campaña de construir un muro con México al son de más de 25,000 millones de dólares de los contribuyentes, promesa con la que encandiló a muchos de nuestros compatriotas vulnerables.

En su tercer a ño, en suma, Trump continuará reduciendo la influencia de Estados Unidos en el mundo, seguirá siendo un aliado inconstante de los gobiernos democráticos y pueblos que luchan por la libertad, como los kurdos en Siria, y continuará usando la presidencia para mejorar las perspectivas de negocios suyas y de su familia. Pero lo más grave es que, a medida que aumente el asedio de las investigaciones criminales, responderá con ataques cada vez más temerarios a la legalidad y a nuestra democracia.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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