John McCain: un mensaje desde el más allá sobre la aptitud de Trump para el cargo

Los servicios funerarios de John McCain recuerdan a otro patriota estadounidense, Jeremiah Denton. Como prisionero de guerra en una prisión vietnamita, cuando lo pusieron frente a las cámaras, Denton, de forma ingeniosa, parpadeó en código Morse deletreando la palabra "TORTURA". ¿Acaso al hablar con Bob Woodward, los altos funcionarios de la administración Trump envían su propia señal de que el presidente no es apto para el cargo?
7 Sep 2018 – 5:20 PM EDT

Los servicios funerarios de John McCain le dieron a Estados Unidos una breve tregua de un verano deprimente de políticas tribales y nos recordaron que las creencias fuertemente arraigadas no tienen por qué dar pie a un partidismo burdo. Por el contrario, esas creencias pueden inspirar, y lo hacen, especialmente cuando se aligeran con la percepción de que la tolerancia y la compasión son el corazón de la grandeza estadounidense.

Su muerte nos recordó a otro patriota estadounidense que murió en 2014, el senador y almirante Jeremiah Denton.

Denton, nacido en Alabama, criado en la marina estadounidense y profundamente conservador, surgió por primera vez en la escena nacional en 1967, como prisionero de guerra en una prisión vietnamita. Como piloto de la marina estadounidense, igual que John McCain, y poseedor de un coraje indomable, también como McCain, Denton fue escogido por sus captores para infligirle abusos especialmente fuertes porque los desafiaba rutinariamente. Cuando sus torturadores pensaron que finalmente habían quebrado su espíritu, lo pusieron frente a las cámaras de televisión para utilizar su confesión forzada y su denuncia de Estados Unidos como una victoria propagandística.

En lugar de obedecer sumisamente, como se esperaría incluso de los soldados estadounidenses más rudos, Denton ingeniosamente parpadeó con los ojos en código deletreando la palabra "TORTURA", mientas fingía sensibilidad a la luz. Fue una confirmación de primera mano de que el Vietcong estaba efectivamente torturando a sus prisioneros estadounidenses. Al igual que McCain, el coraje de Denton inspiró a una nación que se encontraba terriblemente deprimida, cuando más necesitábamos creer que no habían abandonado la lucha justa.

Entonces, ¿qué me hizo pensar en Jeremiah Denton? Dos Marines, quienes quizás de forma figurativa "parpadearon" un mensaje al pueblo estadounidense.

Según quienes han leído las copias adelantadas, el nuevo libro de Bob Woodward, Fear, cita los comentarios duramente críticos sobre la competencia y aptitud del Presidente Trump hechos por los generales del Cuerpo de Marines Jim Mattis y John Kelly, actuales Secretario de Defensa y Jefe de Gabinete respectivamente. En cuestión de horas, ambos hombres descartaron los comentarios como "ficción".


Pocos en Washington o cualquiera que haya leído el periodismo de Bob Woodward acepta las negativas o piensa que Woodward está difundiendo "noticias falsas". El hombre que dio la primicia sobre la historia del Watergate y ha investigado y escrito sobre ocho presidentes durante más de medio siglo es un modelo de integridad periodística.

Entonces, ¿por qué?

¿Por qué dos duros y cautelosos veteranos de guerra, como Kelly y Mattis, se involucran en ambigüedades infantiles tipo "no, no lo hice ... sí lo hiciste"?

Mi sensación, y admito que esto podría ser más una esperanza que una convicción, es que los dos hombres están señalándole al Congreso de Estados Unidos y al pueblo estadounidense que el Presidente no es apto para el cargo, tal como Denton nos dijo en código que los prisioneros de guerra estaban siendo torturados

Woodward también hace una crónica del ex consejero de la Casa Blanca, John Dowd, cuando le dijo a Robert Mueller que el presidente no sería capaz de evitar cometer perjurio y le rogó que no entrevistara a Trump durante su investigación sobre la interferencia rusa en las elecciones. ¿Esto también es un SOS para el país? De manera similar, Woodward relata que el ex gurú del comercio de Trump, Gary Cohn, presuntamente robó un documento del escritorio del presidente el cual está convencido de que dañará la economía del país si el presidente lo firma. "Tengo que proteger el país", dijo presuntamente Cohn.

Ahora es axiomático decir que los ex miembros del personal de Trump, cuando fueron despedidos, se parecen a los maltratados prisioneros de guerra de la era de Vietnam.

Más de una docena de altos funcionarios de la administración Trump han sido apaleados por su jefe, pateados por los medios, y sus carreras han quedado manchadas irrevocablemente por su asociación con este presidente. Para ellos, no hay una bienvenida de héroes después de sus ejercicios en la Casa Blanca de Trump, como sí la hubo para McCain y Denton cuando pasaron la prueba de la Prisión de Hoa Lo, en Hanoi. Quizás un contrato de comentarista en algún canal de televisión por cable; pero nada de dignidad, nada de orgullo silencioso por el servicio bien cumplido. Nada que un nieto estudie algún día y le pregunte con admiración: "De verdad, abuela, ¿estuviste allí?" Para muchos solo hay honorarios de abogados y burlas públicas.

Pero quizás, solo quizás, estos dos Marines históricos, hombres que alguna vez se creyeron irreprochables en términos de rectitud e integridad moral, hombres que ahora actúan de forma complaciente como cortesanas untuosas en la corte del "Rey Sol" de Luis XIV durante las reuniones televisadas del gabinete de Trump ... quizás están parpadeando en código Morse la palabra "TORTURA" y diciéndole a la clase política del país que haga algo al respecto.

Sin embargo, el verdadero problema es ¿qué van a hacer ELLOS al respecto? Juraron proteger y defender la Constitución, no a un presidente cada vez más errático. Además, no son prisioneros de guerra encadenados que solo poseen la voluntad para resistir; son — por ahora — prisioneros de su propia conciencia.


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