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Joel Simon: Por qué los periodistas deberían preocuparse con Trump

El autor analiza la función de los medios sociales en la redefinición del periodismo y su relación con el poder.
16 Mar 2016 – 2:21 PM EDT


Por Joel Simon, @Joelcpj, director ejecutivo del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) (*)

Como alguien que lucha por los derechos de los periodistas, he seguido las campañas presidenciales de Estados Unidos con una preocupación específica. Lo que más me llama la atención es cómo los candidatos hacen uso tanto de medios tradicionales como de medios sociales para generar atención. La campaña de Trump, en particular, me hace preocuparme por la seguridad de los periodistas alrededor del mundo. Déjenme explicar por qué.

Trump anunció su campaña en junio con una clara declaraciónofensiva y exagerada: los Inmigrantes mexicanos son violadores. Debido a sus indignantes comentarios —sin mencionar la cadena de reacciones furiosas— las palabras de Trump se volvieron noticiables y generaron una ráfaga de cobertura en los medios. Hubo abundantes denuncias, pero quienes estaban de acuerdo con el mensaje de Trump no solo se hicieron conscientes de su campaña sino también de que no estaban solos. Se comenzaron a organizar independientemente en una comunidad virtual que ha ayudado a darle fuerza al gigante movimiento de Trump.

Desde su incursión inicial, Trump ha refinado brillantemente este modelo. Cada vez que necesita aumentar su visibilidad, cambiar de tema o responder a un ataque, dice algo indignante y el ciclo empieza otra vez. Trump es difícilmente el primer candidato que se maneja en la intersección de los medios sociales y los tradicionales. En 2008 la campaña de Obama usó los medios sociales de forma innovadora, mediante estrategias de organización comunitaria para crear una comunidad comprometida y significativa de seguidores conectados.

Pero el enfoque de Trump es diferente. Su estrategia es impactar el sistema mediático con su comportamiento escandaloso, ofensivo, o provocador. El choque puede venir a través de medios tradicionales –por ejemplo, burlándose de la condición del reportero de The New York Times Serge Kovaleski en uno de los eventos de su campaña– o con el uso de medios sociales. El Twitter de Trump es una corriente de invectivas dirigidas a sus rivales y los medios (David Brooks es “el más tonto de todos”, los locutores de Fox son “payasos”).

El impacto resuena a través de todo el ecosistema mediático, con los medios tradicionales obligados a cubrir los pronunciamientos de Trump en los medios sociales, y los seguidores de Trump usando los medios sociales para aumentar y propagar cualquier cosa que él haga en los medios tradicionales.

Como lo explica un estudio reciente de un grupo de investigación del MIT Media Lab, enfocado en las personas que influyen en las elecciones, “Las viejas jerarquías de influencia han sido destruidas y remplazadas por un nuevo mosaico de influencia en el que los medios sociales juegan un papel creciente”. El estudio clasifica a @RealDonaldTrump como la persona con mayor influencia, describiéndolo como “maestro de ambos dominios”. William Powers, uno de los autores del estudio, observó que aunque Trump claramente no es un nativo digital, él estuvo “en la delantera porque aprendió hace mucho como ser su propio medio de comunicación”.

Aunque el estudio del MIT solo se enfoca en Twitter –donde Trump actualmente tiene más de 6.8 millones de seguidores– el candidato también tiene un gran número de seguidores en Facebook (6.3 millones de ‘likes’), y en YouTube (4.1 millones de visitas a su canal). Los números en su cuenta de Twitter empequeñecen los de sus rivales Republicanos –Marco Rubio tiene 1.3 millones de seguidores– y fácilmente superan a Clinton que registra 5.7 millones de seguidores.

Independientemente de sus puntos de vista sobre Trump, un sistema de medios con menos controladores de información (‘gatekeepers’) es emocionante porque permite a fuerzas no convencionales superar las barreras institucionales y divulgar su mensaje. Pero hay una gran desventaja: la continua erosión del poder de los medios tradicionales en Estados Unidos es parte de una más amplia dinámica global que está poniendo a los periodistas en un riesgo mayor.

Esto ocurre porque lo que mantiene a los periodistas a salvo no son solo las protecciones legales y las salvaguardias institucionales, sino su utilidad para las fuerzas poderosas que buscan comunicarse con el público. Los políticos siempre han tenido un cierto desdén por los medios, pero tratan a los periodistas con algo de respeto porque los necesitan. Incluso grupos insurgentes y criminales rutinariamente cultivan su relación con la prensa. Los periodistas trabajando en áreas de conflicto comprendieron que no era el respeto por la Convención de Ginebra lo que los mantenía vivos, sino más bien el monopolio de información ejercido de manera colectiva por los periodistas, lo que los hace indispensables para las partes en conflicto.

El cambio en la dinámica de poder ocurre de manera diferente en diferentes esferas. Por ejemplo, si quieres saber lo que el Presidente Obama ha estado haciendo, puedes dejar de ver el noticiero de cada noche y ver ‘ West Wing Week’, un rápido y resumido video que produce la Casa Blanca y lo distribuye en sus cuentas en los medios sociales. La Casa Blanca habitualmente concede acceso sin restricciones al fotógrafo oficial del Presidente mientras que restringe al resto de la prensa, una política denunciada como “ control de imagen orwelliano” por el jefe de fotografía de AP.

El hecho de que la administración de Obama no necesite depender de los medios tradicionales para comunicar su mensaje hace más fácil mantener a los periodistas al margen. En el informe The Obama Administration and The Press producido en 2013 por el CPJ, David Sanger, el corresponsal de The New York Times declaró: “Este es el gobierno más cerrado y obsesionado con el control, que yo haya cubierto”.

La dinámica se muestra aun peor en países represivos como Rusia, donde Vladimir Putin ha restringido excesivamente a la prensa independiente mientras produce una red paralela de propaganda que cubre las noticias como las dicta el Kremlin. De hecho, Putin ha usado los medios controlados por el Estado para generar apoyo a intervenciones militares en Ucrania y Siria, y para quebrantar las políticas y los intereses occidentales en todo el mundo.

Una transformación aún más grande ha ocurrido entre grupos militantes y criminales –desde los carteles de droga en México hasta los insurgentes grupos islámicos en Siria. Allí donde estos grupos alguna vez buscaban periodistas y les daban entrevistas exclusivas, ahora el método más común para obtener la atención de los medios es llevar a cabo alguna atrocidad, documentarla y publicarla en los medios sociales. Estos grupos dependen de la cobertura de los medios tradicionales para ampliar su mensaje de terror.

El Estado Islámico es el ejemplo más horrible y los sujetos de sus vídeos terroristas son a menudo los mismos periodistas. Este cambio en la dinámica de poder explica por qué estamos en el momento más peligroso y mortal en la historia de los medios, según las investigaciones de CPJ.

Por supuesto que Trump insultando inmigrantes no es lo mismo que ISIS cortando cabezas, pero el principio es similar. Usan acciones escandalosas y dramáticas para obtener atención; disponen de los medios sociales para controlar el mensaje, enganchar a los críticos y movilizar a los seguidores; dependen del ciclo de retroalimentación entre medios sociales y medios tradicionales para llegar a un público masivo.

La estrategia funciona porque se basa en el ecosistema de medios como un todo, no en relaciones individuales con periodistas. Trump puede expulsar a Jorge Ramos de una conferencia de prensa por hacerle una pregunta impertinente; sugerir que Megyn Kelly lo está molestando porque está menstruando; amenazar con con demanda periodistas y reforzar las leyes de difamación; denunciar repetidamente a los periodistas como “basura” y mostrar indiferencia hacia reporteros maltratados o incluso detenidos mientras cubren sus eventos; y aún así recibir la cobertura exacta que necesita.

La relación con los medios está definida por el poder; y mientras el poder de los medios tradicionales decae, se redefine la relación entre periodistas y aquellos a los que cubren. La estrategia de medios de Trump es la confirmación de que la forma más efectiva de obtener atención en los medios hoy es comportarse de manera escandalosa, usar medios sociales para controlar el propio mensaje, y disponer de los medios tradicionales para amplificar la propia voz. Siempre que funcione la estrategia, será usada. Esas son malas noticias para las elecciones en Estados Unidos, pero aún peor para los periodistas que trabajan en entornos peligrosos y dependen de su utilidad para mantenerse a salvo.

(*) Columnista de Columbia Journalism Review ( CJR ). Su libro The New Censorship: Inside the Global Battle for Media Freedom, fue publicado por Columbia University Press en noviembre de 2014. Esta columna apareció originalmente en inglés, en Columbia Journalism Review.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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