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El verano de desventura de Estados Unidos

En cualquier parte que uno mire en todo el hemisferio, parece que no hay más que malas noticias dignas de una tragedia de Shakespeare. Razón de más para homenajear a la generosa comunidad de '#ElPasoStrong'.
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Opinión
John Feeley fue embajador de Estados Unidos en Panamá y es analista político de Univisión.
2019-08-19T16:24:23-04:00

"Ya es el invierno de nuestra desventura" - William Shakespeare

Desde que Shakespeare escribió por primera vez sobre el malvado Rey Ricardo III, esta frase inicial se ha interpretado como una declaración de auto aversión, desilusión y desesperación. Al evaluar los acontecimientos políticos y sociales de los últimos meses en todo el continente americano, es fácil llegar a la conclusión de que estamos viviendo un verano de desventura.

En medio de la implosión interminable de Venezuela, el régimen dictatorial de Maduro parece haber consolidado nuevamente su control desde el llamado hecho el 30 de abril por el presidente constitucional, Juan Guaidó, a celebrar protestas pacíficas para desalojar a los chavistas. Aunque cuenta con el apoyo de más de 50 naciones, el destino democrático de Guaidó parece tenue a pesar de un cáustico informe reciente sobre los derechos humanos elaborado por las Naciones Unidas. El cínico asesinato extrajudicial de un militar disidente en julio enfatizó el repudio del informe.

Los alimentos y las medicinas escasean aún más y el gobierno ya no puede proporcionar servicios básicos. El sector agrícola de la nación no puede mantener ni remotamente las necesidades alimenticias básicas de la población. La agencia de refugiados de la ONU estima que 4 millones de venezolanos han huido del país. Para la mayoría de los venezolanos el descontento ya se convirtió en un estado de desesperación en el que sobreviven diariamente.

Mientras los venezolanos sufren un desastre humanitario de magnitud épica, una reciente elección primaria en Argentina representó en un duro golpe para el gobierno centrista del presidente Macri y la economía emergente de la nación. Hartos de sus medidas de austeridad, los argentinos acogieron una vez más a la desacreditada presidenta Cristina Fernández (2007 a 2015) y su plataforma económica populista y estatista. El peso perdió inmediatamente un 15% ante el dólar y el mercado de valores se desplomó un 30%.

La rentabilidad de los bonos aumentó y hubo fuga de capitales, lo cual sienta las bases para que Argentina reviva un capítulo empobrecedor de su historia. Algunos incluso hablan de un posible impago de una línea de crédito de 57 mil millones de dólares negociada con el Fondo Monetario Internacional si Alberto Fernández y su candidata a la vicepresidencia, la actual senadora Cristina Fernández (no guardan parentesco alguno), logran llegar a la presidencia en octubre.

Las condiciones socioeconómicas en Guatemala y Honduras no mostraron señales de mejoría. Aproximadamente el 60% de sus poblaciones viven en la pobreza. La violencia de las pandillas es desenfrenada. Un hongo del café ha devastado los cultivos, lo cual ha acabado con los trabajos de subsistencia de muchas personas ahora se unen a las caravanas de migrantes. El presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, a quien durante mucho tiempo se le promocionó como un sólido aliado de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico, fue implicado recientemente en el juicio por narcotráfico de su hermano en Nueva York.

En la vecina Guatemala, a muy pocos les entusiasmó la elección de Alejandro Giammattei en agosto como presidente del país que representa el principal origen de los migrantes desesperados de la región. La nación experimentó las tasas de participación de votantes más bajas desde el final de su guerra civil en 1995, lo cual debilita cualquier noción de progreso democrático. Muchos temen una continuación del capitalismo clientelista que tolera un poder judicial disfuncional, la impunidad para los adinerados y promueve la partida inminente de una comisión guatemalteca anti impunidad respaldada por la ONU que fungió como la institución judicial más respetada del país desde su fundación en 2006. Se programa que la comisión se clausure en septiembre de 2019, y Estados Unidos no ha dicho ni una palabra al respecto.

Pero las historias de desventuras no acaban ahí. El nicaragüense Daniel Ortega continuó cortejando a Irán, atacó salvajemente la prensa independiente, mantuvo prisioneros políticos y obstaculizó las negociaciones francas con la Alianza Cívica. El presidente de Brasil, Bolsonaro, exaltó a un difunto torturador del ejército como héroe nacional. La solución que propuso recientemente a la catastrófica deforestación amazónica de Brasil es que los brasileños deberían comer menos e ir al baño en días alternos.

Este verano se produjo un breve brote de optimismo democrático en Puerto Rico, donde un gobernador se vio obligado a dejar el cargo tras las protestas pacíficas de los puertorriqueños de todas las tendencias políticas y socioeconómicas. Disgustados por la revelación de un obsceno y repugnante grupo de chat de Telegram que incluía al gobernador Ricardo Roselló y su círculo de allegados, los puertorriqueños, trágicamente considerados estadounidenses de segunda clase, pero patriotas democráticos de primera, expresaron su negativa a aceptar un gobierno corrupto y mediocre.

Pero el descontento hacia las autoridades de Puerto Rico no ha llegado ni mucho menos a su fin. Divididos, heridos y debilitados, la renuente nueva gobernadora y su gabinete enfrentan una administración Trump definitivamente hostil y poco cooperativa. Su fuga de cerebros continúa, al igual que su recesión que dura ya una década.

Más allá de los latinoamericanos, los estadounidenses fueron testigos en junio de cómo la administración Trump eliminaba por primera vez aproximadamente 550 millones de dólares en asistencia exterior asignada a Centroamérica para combatir las causas de la migración. En lo que sólo podría describirse como un golpe mortal, se informa que las agencias ejecutivas recortarán 4,300 millones de dólares en ayuda global, pero preservarán los programas favoritos impulsados por Ivanka Trump y Mike Pence. El aumento de las redadas de ICE resultó en miles de desgarradoras separaciones familiares entre las comunidades de indocumentados, en su gran mayoría hispanas.

Una nueva normativa federal propuesta para redefinir la "carga pública" ahora amenaza con descalificar a los solicitantes de residencia legal y ciudadanía que son menos pudientes ... y menos caucásicos. A pesar de todo, la cuenta de Twitter del presidente alimenta la división racial hasta el punto de darle instrucciones a Israel de que rechace la visita de dos legisladoras musulmanas estadounidenses.

Y luego, El Paso. El extenso manifiesto antihispano del autor del tiroteo describía su odio racial hacia los inmigrantes en un lenguaje que el presidente y sus partidarios a menudo utilizan para exagerar una amenaza cultural inexistente para el estilo de vida estadounidense. Sin embargo, si la angustia de El Paso representó el punto más bajo de las oleadas de inseguridad de este país, #ElPasoStrong, la comunidad de ascendencia principalmente mexicana, nos dio esperanzas y nos mostró una verdadera generosidad y resistencia ante la desesperación y el descontento. Estos valientes habitantes de la frontera se unieron. Juntos rechazaron la intolerancia de la cosmovisión de Trump con respecto a la diversidad estadounidense.

Lloraron y enterraron a sus muertos y prometieron curar sus heridas juntos. Y cuando una de sus víctimas, Tony Basco, recién enviudado, temía que pocos asistieran al funeral de su difunta esposa, miles asistieron declarando que "TODOS somos familia".

Sin duda alguna, una razón para mantener las esperanzas en nuestro verano de desventura. Gracias, El Paso.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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