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El uso de los cigarrillos electrónicos exige educación, no prohibición

"Al igual que el alcohol, la marihuana, la cocaína y otras sustancias similares, los cigarrillos electrónicos no van a desaparecer del mercado. Por el contrario, podemos presumir que su producción y consumo aumentarán".
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2019-08-26T17:18:07-04:00

Las autoridades de salud pública informaron este fin de semana de la primera muerte presuntamente vinculada al vapeo. Tuvo lugar en Illinois en medio de un brote de enfermedades respiratorias relacionadas con el uso de cigarrillos electrónicos que habrían afectado ya a casi 200 personas.

Son motivos para sonar la alarma con el fin de buscar y propagar más información y mejor educación sobre la moda nacional e internacional del vapeo. Pero no para sucumbir a una nueva ola de histeria prohibicionista, como la que por décadas ha rodeado al uso de drogas ilegales para enorme perjuicio de la sociedad.

En Estados Unidos la ignorancia y la desmemoria nos impidieron aprender las lecciones que enseñaba el obstinado prohibicionismo del alcohol entre 1920 y 1933. Como consecuencia, a partir de los años 1960, el país se enfrascó en la delirante persecución de la venta, la compra y el consumo de sustancias como la marihuana y el hachís, entre otras, alentando así el gansterismo, la peligrosa y a menudo mortal adulteración de productos derivados del cannabis o de la hoja de coca, la corrupción policíaca y la demagogia política, para no hablar de la desestabilización de frágiles democracias en países de donde provienen las drogas que deportivamente consumen tantos de nuestros conciudadanos.

Aquello fue el producto aberrante del miedo colectivo a todo lo que la inmensa mayoría de los estadounidenses ignoraba sobre las sustancias que se prohibían a rajatabla; de la pereza intelectual de quienes preferían la prohibición a la información y educación sobre el uso de las sustancias que se vetaban; y del cinismo criminal de políticos que explotaban los temores e inseguridades de la gente.

Como resultado, miles de personas murieron y continúan muriendo en la guerra irracional contra las llamadas drogas “duras” aun cuando la sociedad se mueve hacia la tolerancia del consumo regulado del cannabis con fines medicinales – aprobado en 33 estados - e inclusive recreativos – aprobado en ocho estados. Demasiado tarde, desde luego, para millones de personas que, por décadas, fueron a parar a la cárcel o al cementerio por utilizarlo.

Del actual brote de enfermedades por vapeo sabemos que afecta a usuarios de 22 estados que, en muchos casos, han utilizado THC, el principal componente del cannabis, vinculado con otras sustancias químicas. Los más de 190 pacientes conocidos se reportaron entre el 28 de junio y el 20 de agosto. Y presentaron un cuadro de complicaciones respiratorias.

A propósito de la víctima fatal, el director de los Centros para el Control de Enfermedades en Atlanta, Robert Redfield, declaró que “su trágica muerte refuerza los riesgos serios asociados con los cigarrillos electrónicos”.

Cada vez aumenta más la certeza de que los vaporizadores son menos peligrosos para la salud que los cigarrillos tradicionales, pero también de que contienen sustancias químicas, incluyendo la nicotina, que entrañan riesgos, como señala Redfield.

Hay, además, preocupaciones legítimas por las campañas de publicidad de los fabricantes para convertir en clientes a jóvenes menores de edad. Y dudas razonables de que sean un método efectivo y duradero para dejar el hábito de fumar cigarrillos, como proclaman sus mercaderes. Pero estas incógnitas no son motivos para prohibirlos ni para castigar a sus consumidores, sino para estudiarlos a fondo y educar a la gente sobre sus características, los peligros que pueden acarrear y la forma más segura de utilizarlos.

La ciudad de San Francisco recientemente dio un ejemplo de lo que no se debería hacer para responder a la boga del vapeo, al prohibir de forma radical la venta y la compra de cigarrillos electrónicos. La prohibición siguió a un estudio de la Universidad de California en San Francisco que concluyó que el vapeo expone a muchos adolescentes a niveles significativos de sustancias químicas peligrosas, como las que ya se encuentran en el cigarrillo y los productos de espuma de poliestireno o ácidos.

Irónicamente, la empresa Juul, uno de los principales fabricantes y distribuidores de cigarrillos electrónicos, tiene su sede en esa ciudad californiana. Y ha respondido con un contraataque publicitario y legal sobre el que eventualmente se pronunciarán las cortes de justicia.

Al igual que el alcohol, la marihuana, la cocaína y otras sustancias similares, los cigarrillos electrónicos no van a desaparecer del mercado. Por el contrario, podemos presumir que su producción y consumo aumentarán. Por eso, lo ideal sería entender bien sus características, sus componentes, sus virtudes reales – no necesariamente las que promueven sus vendedores – y sus verdaderos riesgos – no los que enfatizan los mercaderes del miedo, como ciertos políticos.

Las autoridades, en suma, tienen el deber elemental de educar a la población sobre la forma más segura y benigna de consumir cigarrillos electrónicos. De esa paciente e impostergable labor – no de la improvisación ni de la histeria- deberían salir las normas para su producción, venta y consumo. Y también una campaña disuasiva que apele a nuestro raciocinio, no a nuestras inseguridades.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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