Cómo se destruye la buena política exterior: Centroamérica y la inmigración

¿Qué hay detrás del aplazamiento de la "Conferencia sobre Seguridad y Prosperidad" de alto nivel de Centroamérica, que estaba programada para la próxima semana? Una política confusa y la falta de liderazgo estadounidense.
13 Sep 2018 – 11:42 AM EDT

A pesar de la crisis fronteriza fabricada por el presidente Trump, una historia de éxito bipartidista en materia de política exterior en estos últimos años ha sido abordar las causas fundamentales de la migración del Triángulo Norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras) hacia Estados Unidos. Ahora eso está en peligro.

Los miembros del Congreso de ambos partidos, la propia embajadora de Trump ante la ONU. Nikki Haley, y el director de USAID, Mark Green, se dan cuenta de que es más barato, más eficiente y menos políticamente polémico abordar los factores impulsores de la migración irregular de Centroamérica en Centroamérica, en lugar de lidiar con las consecuencias de estos factores en nuestra frontera suroeste.

Mitigar la violencia, la falta de oportunidades económicas y la débil institucionalidad en esas tres naciones nunca iba a ser algo fácil de lograr. Siempre iba a requerir de una participación plena de los gobiernos centroamericanos y una atención y esfuerzo sostenidos por parte de Estados Unidos con el paso del tiempo. Aquéllos de nosotros que nos encargamos de implementar la política de Bush y Obama en Centroamérica lo sabíamos, y sabíamos que lo primero que teníamos que hacer era mantener a los gobiernos centroamericanos enfocados en hacer cosas que no necesariamente eran de su interés — como investigar y procesar a funcionarios y policías corruptos. En segundo lugar, entendíamos que mantener el enfoque y el compromiso de atención y recursos de Estados Unidos era algo difícil, pero esencial. En otras palabras, teníamos que mantener la vista en la pelota.

Aunque de ninguna manera quedó "resuelto", sí logramos progresos constantes. Pero ahora, hechos que no tienen nada que ver con la migración irregular ponen en peligro esta historia de éxito bipartidista. Se ha pospuesto una "Conferencia sobre Seguridad y Prosperidad" de alto nivel, enfocada en el Triángulo Norte y que originalmente estaba programada para la próxima semana en Washington. Esta conferencia, al igual que una reunión anterior dirigida por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) el pasado mes de junio en Miami, tenía como objetivo profundizar la cooperación bilateral y multilateral para detener la migración irregular. Los medios informan que funcionarios de El Salvador y Guatemala decidieron cancelar a última hora.

¿Por qué estos gobiernos, que previamente se mostraron entusiasmados por probar que son importantes socios de seguridad para Estados Unidos, cancelan una importante oportunidad para reunirse con sus homólogos estadounidenses de alto nivel?

Nuestra respuesta: cambio de políticas, falta de atención a la región y la combinación inadecuada de problemas por parte de la administración Trump.

Primero China

Cuando Panamá y la República Dominicana cortaron relaciones con Taiwán y reconocieron a la República Popular de China, el gobierno estadounidense reaccionó con un bostezo. Ahora parece haber despertado con el reciente cambio de El Salvador en agosto (NB: algo bueno según la opinión de los autores). El Departamento de Estado anunció el 7 de septiembre que estaba a consultas a sus Jefes de Misión de El Salvador, Panamá y la República Dominicana. Aunque no se relaciona directamente con el problema de la inmigración, la incursión comercial de China en América Latina es una realidad y Estados Unidos parece estarle prestando atención finalmente, pero quizás en detrimento de la necesaria cooperación para el desarrollo y la seguridad.

Luego Israel

En Guatemala, el gobierno del presidente Jimmy Morales decidió recientemente, junto con Honduras, trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, claramente solo para congraciarse con la administración Trump. A pesar de que Estados Unidos dañó a Honduras al no renovar el Estatus de Protección Temporal, Morales puede haber recibido una compensación tácita. Cuando recientemente decidió ponerle fin al mandato de la misión anticorrupción patrocinada por las Naciones Unidas y Estados Unidos, conocida como Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG, por sus siglas en inglés), el tuit del Secretario de Estado Pompeo pareció concederle el perdón a Morales por clausurar el organismo anticorrupción y antiimpunidad más eficaz de la región. Escribió, "Nuestra relación con Guatemala es importante. Valoramos mucho los esfuerzos de Guatemala en la lucha contra narcóticos y la seguridad". No se menciona la CICIG ni el desmantelamiento por parte de Guatemala de las iniciativas contra la corrupción, presumiblemente debido a la gratitud de la Administración por el traslado de la embajada a Jerusalén.

Después de las fuertes reacciones por parte de la sociedad civil y los miembros del Congreso, Pompeo llamó a Morales el 6 de septiembre. Una lectura hecha por la portavoz Heather Nauert dice en parte que "el Secretario expresó el continuo apoyo de Estados Unidos a una CICIG reformada ...". No se menciona cómo sería una CICIG reformada, o si Pompeo le pidió a Morales que le permitiera a la CICIG continuar operando en Guatemala. Pero la decisión de Morales de no participar en la conferencia de Washington nos hace suponer que Washington no estaba tan agradecido como él esperaba.

Y después los 'Conflictos de Programación'

Hemos escuchado que la administración Trump presionó a los centroamericanos para que asistieran a la conferencia a pesar de que las fechas coincidía con las celebraciones de sus Días Nacionales. Cuando la administración no cedió, cancelaron. Imagínese a nuestro Presidente asistiendo a una conferencia en el extranjero en lugar de asistir a las celebraciones del 4 de julio en su país.

Por lo tanto, lo que nos queda es una conferencia cancelada, embajadores llamados a consultas y una ambigüedad por parte de Estados Unidos con respecto a las iniciativas contra la corrupción. Pero, sobre todo, nos queda una sensación palpable de que el fuerte liderazgo estadounidense con los países del Triángulo Norte para detener el flujo de inmigrantes irregulares hacia Estados Unidos ha perdido un impulso considerable. Y en parte, por razones de política exterior — China, la capital de Israel — que no tienen nada que ver con la migración.

Así es como las buenas políticas comienza a destruirse. Intervienen los asuntos externos, y quitamos la vista de la pelota.

Hay algo que no ha cambiado. La mejor manera de mantener a los centroamericanos en sus países es ayudarlos a crear las condiciones para que tengan futuro en sus países y no en Estados Unidos.

(James Nealon fue embajador de Estados Unidos en Honduras y ahora es Investigador en el Woodrow Wilson Center. John Feeley fue embajador de Estados Unidos en Panamá y actualmente es consultor político de Univision).


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