null: nullpx

Carne y Arena: un instalación diseñada para levantar conciencia y crear empatía

“El espectador de la instalación se convierte en protagonista de la obra de Alejandro González Iñárritu, y se pone en los pies de un migrante que cruza el desierto por la noche y enfrenta el arresto en manos de la Patrulla Fronteriza”.
Opinión
Secretaria de Prensa Nacional de Latino Victory Project.
2018-09-18T11:02:26-04:00
Comparte
La experiencia virtual de un cruce fronterizo que Inárritu ofrece a todos, incluído el presidente Trump. Crédito: Chachi Ramirez- Legendary

En Washington, D.C., un pedazo de lo que alguna vez fue un muro fronterizo abraza al edificio de Carne y Arena, una instalación de realidad virtual diseñada para levantar conciencia y crear empatía. Es una yuxtaposición de dos realidades. Afuera está la madera de un muro cuyo propósito fue obstruir el paso a los migrantes. Adentro palpitan el terror, la angustia y el frío que vivieron grupos de migrantes en su travesía por el desierto, en las hieleras, y en su experiencia posterior.

El espectador de la instalación se convierte en protagonista de la obra de Alejandro González Iñárritu, y se pone en los pies de un migrante que cruza el desierto por la noche y enfrenta el arresto en manos de la Patrulla Fronteriza. Se siente la arena en los pies y el viento que produce el vuelo de un helicóptero federal; se escuchan los gritos de los agentes, las súplicas de los migrantes y el llanto de un niño. Es una experiencia que se convierte en un recuerdo visceral. O mejor aún, en una lección de empatía, algo que hoy en día escasea entre quienes nos gobiernan.

Por mera coincidencia, Carne y Arena llegó a los Estados Unidos justo cuando la retórica antiinmigrante y xenofóbica de la administración Trump se había convertido en la norma en los noticieros y en las políticas propuestas por su gabinete y sus oficiales. La instalación en sí no tiene fines políticos –se eleva por encima de ellos para levantar conciencia sobre las historias humanas que hay detrás de los encabezados y las cifras que apuntan a los números de migrantes que cruzan la frontera o que son encarcelados cada año–. Se aprecian los testimonios de una madre que huyó de la violencia de su país en Centro América y trabajó por años para traer a sus hijos a Estados Unidos, y un joven que cruzó la frontera a los nueve años y obtuvo su título en Derecho de la Universidad de California en Los Ángeles. Es una experiencia imparcial, pero que por quince minutos nos permite vivir, por medio de los sentidos, la experiencia de estas madres, padres e hijos que cruzan la frontera buscando una vida mejor, como lo han hechos millones de personas desde los inicios de este país.

Hoy, en este país de inmigrantes se está escribiendo una historia regresiva. En lo que va del mes, hemos presenciado un nivel de crueldad alarmante en las decisiones administrativas de los oficiales de Trump. Por ejemplo, la administración desvió 10 millones de dólares de la agencia FEMA –dinero que puede ser usado para ayudar a salvar vidas durante desastres naturales o para la recuperación de Puerto Rico y otros lugares afectados–, para financiar los centros de detención en donde miles de niños y familias han sido detenidos tras cruzar la frontera.

El dinero era necesario para seguir encarcelando a niños y familias. El Washington Post reportó esta semana que las cifras de familias migrantes que han sido detenidas se han incrementado y que el mes de agosto tiene una de las cifras más grandes que han sido registradas. De acuerdo con The New York Times, hoy hay un total de 12,800 niños y niñas encarcelados, cuando en mayo del 2017 había 2,400. Son niños que están creciendo sin sus madres y padres, olvidados por un país que les ha fallado como guardián de la misma libertad que tanto propagamos en el resto del mundo. La administración también ha indicado que piensa renunciar a la ley Flores, la cual limita el numero de días que pueden detener a un menor de edad, en una señal de que quieren mantener encerradas a familias enteras. Esto incrementará el número de migrantes, de familias y niños, que tras su larga y difícil jornada serán tratados como si fueran criminales en vez de seres humanos en busca de asilo. Es verdaderamente desgarrador.

Más allá de ser una instalación de realidad virtual, Carne y Arena es un respiro de alivio, una puntuación en medio del caos que nos recuerda que al final el orden de la humanidad debe restablecerse. La empatía puede más que el odio. Pero, mientras tanto, a este país le haría bien recibir más visiones artísticas como la que ha aportado González Iñárritu, ya que entre más pasa el tiempo, la administración Trump parece reforzar sus intentos por deshumanizar a los migrantes y, junto a ellos, a la comunidad latina entera. En tiempos como el actual, en el que grupos de personas son victimizados por los que están en el poder, bienvenidas sean las voces de los artistas que ven más allá de la política en su afán por conectarnos al lazo innato que nos une sin importar el color de la piel.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

Comparte

Más contenido de tu interés