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Para tener éxito, Biden tendrá que combatir mucho más que el racismo

"El que Biden y Harris logren avanzar hacia el bien común dependerá de la honestidad y firmeza con que acometan el cumplimiento de las promesas que hicieron como candidatos; y de si logran enlistar en este noble proyecto a la oposición republicana, disuadiéndola de la estrategia perniciosa de combatir todas las propuestas demócratas en aras de recuperar el poder".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision.
2021-01-18T12:47:03-05:00
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"Biden debería evitar la tentación de creer y actuar como si el racismo por sí solo explicara la popularidad de Trump entre más del 40% de los estadounidenses". Crédito: Alex Wong/Getty Images

Luego de los oscuros años del trumpismo, Joe Biden se estrena esta semana como el nuevo líder de la nación. Por delante tendrá una tarea tan ingente como difícil: revertir el daño extraordinario que Donald Trump le ha hecho a la democracia más antigua del mundo, controlando los flagelos de la pandemia de coronavirus, la crisis económica que ésta ha provocado y el profundo divisionismo y escepticismo antidemocrático que consume al país. La pregunta fundamental es si podrá lograrlo. Y cómo debería intentarlo.

El camino para el control de la crisis económica pasa por el sometimiento de la pandemia. Biden y su equipo de transición parecen estar conscientes de esta obviedad que, lamentablemente, nunca llegaron a comprender bien Trump y sus principales asesores, cuya estrategia consistió en negar el verdadero alcance y gravedad del mal creyendo que así se mantendría fuerte la economía. Solo cuando los estadounidenses comiencen a ver y a experimentar que se domina el covid-19, se reactivará de forma sostenida la producción económica, se reanudará el crecimiento de la economía y se generarán suficientes empleos. El nuevo gobierno deberá contribuir, además, a que la recuperación sea global porque, contrario a lo que propone el nacionalismo trumpista, las economías mundiales siguen y seguirán interconectadas. Su saneamiento requerirá remedios universales.

Con la ayuda diligente de su vicepresidenta Kamala Harris, la primera mujer de ascendencia hindú y negra en ocupar ese cargo, Biden deberá despojar el racismo de la falsa legitimidad que le confirió Trump. Ha comenzado con buen paso, nombrando el gabinete presidencial más étnicamente diverso en la historia de la nación. Sus nominados aun aguardan la confirmación del Senado. Pero la mayoría tiene buenas posibilidades debido a su profesionalismo, su trayectoria de servicio público y el relativo control demócrata de la tradicionalmente conservadora cámara alta. Predicar con el ejemplo es lo más importante que puede hacer un presidente de Estados Unidos para combatir la plaga persistente y corrosiva del racismo.

Sin embargo, Biden debería evitar la tentación de creer y actuar como si el racismo por sí solo explicara la popularidad de Trump entre más del 40% de los estadounidenses. El fenómeno ha obedecido también a la sensación que tienen muchos, sobre todo blancos no hispanos, de que se han convertido en ciudadanos de segunda cuyo trabajo y servicio al país y a sus comunidades específicas no se valora lo suficiente. Y de que injustamente tienen que competir por reconocimiento y remuneración con inmigrantes o recién llegados.

Esta creencia común de muchos estadounidenses ha producido un efecto acumulativo que ha derivado en el resentimiento antidemocrático que ha aflorado durante lustros y que culminó con el asalto violento al Congreso el pasado 6 de enero. Hoy se manifiesta mayormente como un fenómeno ultraderechista, de claros matices fascistas. Mañana podría resurgir como un fenómeno ultraizquierdista. Bastaría con que apareciera en el escenario político otro hábil demagogo como Trump, pero con esas tendencias y pretensiones ideológicas.

Biden y Harris podrían comenzar a atajarlo mejorando decisivamente las condiciones de los trabajadores que no han tenido la suerte de obtener títulos universitarios y se han rezagado en nuestra ferozmente competitiva sociedad. Sus contribuciones al bien común, al bienestar y progreso del país merecen un reconocimiento y una recompensa que nuestros dirigentes políticos, conservadores y liberales, republicanos y demócratas, les han regateado bajo la falsa presunción de que la única vía de progreso para todos es estudiar en la universidad, preferiblemente una carrera que refleje y responda a los grandes avances tecnológicos. En realidad, solo uno de cada tres estadounidenses ha adquirido una licenciatura universitaria de cuatro años.

El azote medieval del coronavirus ha puesto en clarísima perspectiva el trabajo, esencial para todos, que realizan muchas personas que carecen de credenciales universitarias. Empleados de limpieza y supermercados, empacadores de alimentos, agricultores y muchos otros, además de los abnegados miembros del sector sanitario, se han ganado con toda justicia el calificativo de “trabajadores esenciales”. En una sociedad más equitativa y sensible deberían conservar esa etiqueta y ser recompensados como tales. Biden y Harris pueden establecer los cimientos de una sociedad así. Para ello, deberían recurrir a un liderazgo basado en la humildad que, según el pensador estadounidense Michael J. Sandel, será indispensable para que el país modere “la dura ética del éxito que nos está dividiendo” y alejando de una convivencia basada en el bienestar común.

El que Biden y Harris logren avanzar hacia el bien común dependerá de la honestidad y firmeza con que acometan el cumplimiento de las promesas que hicieron como candidatos, y de si logran enlistar en este noble proyecto a la oposición republicana, disuadiéndola de la estrategia perniciosa de combatir todas las propuestas demócratas en aras de recuperar el poder. Nuestra convivencia civilizada -sin pandemia ni racismo, sin crisis económica ni tentación autocrática- dependerá de la delicada pero imprescindible colaboración entre el nuevo gobierno y la oposición conservadora, que contará con una minoría que naturalmente aspirará a ser otra vez la mayoría en el poder.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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