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Biden contra el caudillo

"Una victoria contundente de Biden en las urnas haría más difícil que el caudillo desconozca los resultados electorales, como es su aparente intención, y que intente imponerse a las malas para continuar dominado nuestras vidas para su exclusivo provecho personal".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision
2020-10-26T16:16:16-04:00
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"El cándido y apacible Biden ha ido surgiendo como la opción única, y tal vez última, para rescatar a nuestra democracia de Trump y el peligro autoritario que éste encarna". Crédito: BRENDAN SMIALOWSKI/AFP via Getty Images

El otro día, mientras veía el debate final, se me hizo patente por qué Joe Biden es el candidato ideal para reemplazar a Donald Trump. Biden se comportó profesionalmente, aunque sin exhibir carisma, tartamudeando a veces (desde niño lo hace) y mostrando algún que otro achaque natural de los años que lleva encima. Se mostró humano, de la talla exacta en que está hecha la inmensa mayoría de las personas. Un deseable contraste respecto al caudillo omnipresente, atrabiliario y vociferante en que ha degenerado Trump en tres años y nueve meses de desgobierno.

Caudillos como Trump tienen la desagradable costumbre de acaparar nuestras vidas, porque así se lo dicta su insaciable narcicismo. Que nos lo pregunten a quienes venimos del futuro que tanto anhelan sus partidarios, consciente o subconscientemente, con buenas o con malas intenciones. En mi caso, de una Cuba en la que Sico Castro se nos aparecía a toda hora, en todo momento y en toda ocasión para decidir qué podíamos hacer y pensar, cuándo, por qué y hasta qué punto. Siempre, sin la más mínima pizca de sentido del humor o cualquiera otro sentimiento que delatara humanidad.

De la misma manera Trump se ha transformado en un caudillo que domina nuestras vidas por la tele, por Twitter y en mítines políticos en los que le importa un bledo diseminar el coronavirus, desplegando el histrionismo y la blenorragia oral típica de los dictadores. Empachados de trumpismo (a los cubanos castristas los bautizaron como empachados desde enero de 1959) sus seguidores aplauden arrobados, justifican o ignoran sus mentiras, exabruptos, arbitrariedades. Espantados, sus críticos no damos crédito a la credulidad de sus partidarios ni mucho menos a la facilidad con que el caudillo manipula a millones. Pero a todos nos va avasallando, como hicieran Castro en Cuba, Pinochet en Chile, Chávez en Venezuela, Mussolini – tal vez el tiranuelo a quien más se asemeja Trump – en Italia y tantos otros.

Pero Trump no solo se ha convertido en nuestro duce en la forma. También en el contenido. De manera sistemática ha rechazado las reglas del juego democrático que Estados Unidos había observado, con innegables tropiezos, durante más de 230 años, convirtiendo al Senado, el Departamento de Justicia, la Corte Suprema, otras instancias del gobierno y al Partido Republicano en nidos de corderos a su servicio personal: ha negado la legitimidad de sus rivales políticos, para los que suele pedir cárcel o exigir que se marchen al extranjero; ha estimulado y aplaudido la violencia contra sus opositores y críticos, habiendo llegado al extremo de justificar con su silencio las conspiraciones neonazis para secuestrar a los gobernadores demócratas Gretchen Whitmer de Michigan y Ralph Northam de Virginia; ha desatado la persecución y la discriminación a los inmigrantes; y ha recortado las libertades civiles de sus oponentes, desatando una feroz y ominosa campaña de descalificación contra la prensa independiente, de la que apenas se han salvado un puñado de programas de la cadena Fox porque los hacen bufones que posan como periodistas, y porque le sirven de previsibles cajas de resonancia.

A pocos días de las elecciones, nuestro duce cultiva una imagen de invencibilidad e inevitabilidad, otro rasgo típico de los tiranos. Se proclama puntero en las encuestas que sugieren exactamente lo contrario. Denuncia fraudes masivos para socavar la integridad del proceso electoral y acaso justificar un eventual zarpazo. Y pinta un escenario apocalíptico si elegimos a su rival, proyectándose psicológicamente porque el apocalipsis lo ha va creando él, fomentando las divisiones entre los estadounidenses, entrando en contubernio con dictadores impresentables, desdeñando a los gobernantes democráticos y manejando desastrosamente la pandemia.

Con ese calamitoso trasfondo, el cándido y apacible Biden ha ido surgiendo como la opción única, y tal vez última, para rescatar a nuestra democracia de Trump y el peligro autoritario que éste encarna. Para que funcione la opción, sin embargo, los demócratas deberán abstenerse de las provocaciones que les hacen el presidente descarriado y sus seguidores más fanatizados. El caudillo prepara una jauría de matones para intimidar votantes en los centros electorales y otra, de abogados, para cuestionar los resultados en estados péndulo como la Florida, Carolina del Norte, Ohio, Colorado, Pensilvania, Iowa y otros. Los demócratas deberían cerciorarse de que la policía proteja a los votantes de la primera jauría. Y emplazar su propio equipo de abogados para combatir a los mastines leguleyos del trumpismo.

Una victoria contundente de Biden en las urnas haría más difícil que el caudillo desconozca los resultados electorales, como es su aparente intención, y que intente imponerse a las malas para continuar dominado nuestras vidas para su exclusivo provecho personal.

A mi juicio, Biden tendría que lograr esa victoria en los centros de votación antes de que se cuenten todas las boletas que hemos enviado por correo millones de estadounidenses. Eso, desde luego, no depende del candidato demócrata quien ya ha hecho más de lo que muchos esperábamos para salvarnos del caudillismo. Depende más bien de que a las urnas acudan en masa los votantes, demócratas, independientes y republicanos que valoran la necesidad imperiosa de un cambio.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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