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Asegurar la frontera del país requiere más que un simple “muro”, exige compromisos ideológicos y políticos

“Si bien un muro de más de 2,000 millas está lejos de ser la “bala de plata” que podría acabar con todas las preocupaciones asociadas con la seguridad de la frontera, otra verdad cruda es que simplemente no existe tal bala. ”
Opinión
Expert in Human Trafficking on Border Security.
2019-01-24T17:58:00-05:00

Quiero contarles algunas crudas verdades que se han extraviado en la cacofonía de voces que participan en el debate sobre la seguridad fronteriza en Estados Unidos. El actual estancamiento está beneficiando a los nefastos actores contra los que nos queremos defender. Eso es algo en lo que están de acuerdo los principales líderes en seguridad nacional, incluida la Asociación de Agentes del FBI (FBIAA).

Entre los actores que están sacando partido de la parálisis política hay contrabandistas empresariales descarados, prestamistas estafadores, tratantes de personas y empresas criminales que aprovechan el desespero y la necesidad de miles de migrantes que huyen de la pobreza abyecta, la violencia de las pandillas y las instituciones rotas en sus países de origen.

La historia de Hachita, una pequeña comunidad de ganaderos en el suroeste de Nuevo México, a 45 millas aproximadamente de la ciudad más cercana, y a solo 12 millas al noroeste de la frontera con México, ilustra esta verdad.

Hachita fue una de las últimas paradas de Jakelin Caal, una niña guatemalteca de siete años que, según la Patrulla Fronteriza, murió de deshidratación después de estar detenida con su padre. Los dos viajaban con otros 161 inmigrantes guatemaltecos y fueron abandonados por su coyote en este remoto pueblo de aproximadamente 49 personas, una tendencia creciente y alarmante.

El testimonio del padre de Caal revela que los “paquetes de viaje” en Guatemala empiezan en 15,000 dólares por un “servicio personalizado que lleva a los clientes a cualquier destino en Estados Unidos”. Caal optó por una oferta de nivel medio, 7,000 dólares, que lo metió en una gran deuda. Jakelin, por ser niña, viajó gratis.

El dinero para pagar estos gastos, que generalmente son cobrados por adelantado, es puesto a disposición de los migrantes por grupos de prestamistas que operan como empresas bancarias en sus países de origen. Los prestamistas manejan esquemas fraudulentos, cobrando tasas de interés extravagantes a una población obligada a trabajar en empleos con salarios bajos. Imagínense tener que pagar 7,000 dólares, con un interés de 10%, mientras se trabaja vacunando gallinas en Ohio, o cosechando naranjas en Florida por un salario mínimo. Estos esquemas fomentan una ineludible servidumbre por deudas, un arma fundamental en el arsenal de métodos de control utilizados por los traficantes de personas para explotar a sus víctimas –sexual o laboralmente–, una vez que se encuentran en Estados Unidos.

Los negocios de estos inescrupulosos actores están en auge. Ningún muro interrumpirá sus operaciones y cada día que el gobierno siga cerrado los beneficiará.

La parálisis del país en torno al tema de la seguridad fronteriza está empeorando porque muchos estadounidenses siguen aferrados a dogmas políticos que reducen las complejas realidades de seguridad a un tema en blanco y negro. Si bien un muro de más de 2,000 millas está lejos de ser la “bala de plata” que podría acabar con todas las preocupaciones asociadas con la seguridad de la frontera, otra verdad cruda es que simplemente no existe tal bala.

De hecho, es urgente mejorar la seguridad en nuestra frontera sur pero, para citar al más reciente Jefe de Estado Mayor de la Casa Blanca, “un muro fronterizo por sí solo no hará el trabajo”. Una aproximación más realista a los problemas en cuestión requiere una conversación más amplia y una comprensión más global de las sutilezas en juego.

Esto significa aplicar medidas radicales, con estrategias diseñadas en ambos lados del espectro político. Estas deberían mejorar la capacidad de comunicación de los agentes fronterizos, la aplicación de técnicas de vigilancia más avanzadas, un aumento en los recursos para ayudar a los migrantes en peligro, y sí, hasta cierto punto al menos, la construcción de barreras y muros en puntos geográficamente estratégicos, para ayudar a los agentes de la frontera a cumplir con su misión en los lugares más remotos.

Sí, esta declaración aboga por algún tipo de barrera como parte de la solución, no como la solución. Lo digo como hijo de padres que llegaron a este país desde Colombia, cruzando la misma frontera que ha concentrado la atención del país, para escapar de la violencia y el caos de Medellín en los años ochenta.

Pero una estrategia integral no solo debe incorporar medidas físicas a lo largo de nuestra frontera. Dicha maniobra también debe dirigirse 1,500 millas al sur, trabajando con aliados regionales para enfrentar la corrupción endémica, la violencia de las pandillas y las bandas criminales transnacionales en la región.

Debe incluir, además, un aumento en el financiamiento de los programas de asilo de Estados Unidos, para abordar las necesidades humanitarias de quienes arriesgan todo por una oportunidad de vivir con dignidad. Esto requiere de un replanteamiento completo de la obsoleta ley de inmigración de Estados Unidos, el último de los cuales ocurrió en 1965, cuando Lyndon B. Johnson era presidente.

Metan todo lo dicho en una máquina de moler carne y verán que la solución para nuestro impasse es llegar a un estado de compromiso político e ideológico.

Cada día que sigamos en este estancamiento aumentará las consecuencias negativas para millones de estadounidenses, no solo desde el punto de vista de la seguridad sino también desde el punto de vista financiero. Según Zillow, los trabajadores federales no pagados debido al cierre parcial del gobierno adeudarán alrededor de 438 millones de dólares en pagos de alquiler e hipotecas este mes y el valor total de los salarios federales retrasados continuará aumentando a una tasa de 2,000 dólares por segundo.

El 11 de enero marcó un punto de inflexión para cientos de miles de empleados federales que, por primera vez, sintieron el golpe financiero de no recibir un cheque por su trabajo. Si bien los sindicatos que representan a las autoridades fronterizas están respaldando públicamente el cierre del gobierno, el 11 de enero hizo que las consecuencias financieras de esa posición empezaran a materializarse. El cierra está golpeando a los estadounidenses donde más les duele (en sus bolsillos) y hay pocas señales de cambio en el horizonte inmediato, ya que los empleados del gobierno pronto perderán un segundo cheque de pago.

El embotellamiento que produce el debate sobre el muro fronterizo es emblemático del clima político polarizado y peligroso que presenciamos hoy. Mientras no estemos dispuestos a abandonar la comodidad de dar respuestas simples a realidades complejas y nos aferremos a dogmas políticos bidimensionales, es posible que no percibamos los peligros de nuestra propia parálisis hasta que sea demasiado tarde.

He aquí una última cruda verdad declarada por un agente del FBI en la Región Sudeste: “como empleado encubierto, he tenido que dejar de perseguir a pervertidos que buscan explotar niños, y esto pone a los niños en peligro”. El cierre ha socavado directamente las entidades de seguridad, cuya misión es proteger el país. Es una situación insostenible que nos pone a todos en riesgo.

*Esta pieza representa la opinión del autor y no la del Proyecto Polaris, al cual presta sus servicios.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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