El secretario del Tesoro, Scott Bessent, comparte la
"Operación Furia Económica" para
asfixiar financieramente al régimen de Irán. Esta nueva fase busca congelar las cuentas de la Guardia Revolucionaria y
aplicar sanciones secundarias estrictas a cualquier país que compre petróleo iraní.
El gobierno estadounidense exige transparencia total a los bancos internacionales sobre fondos sospechosos,
ejecutando una ofensiva económica con el mismo rigor y alcance que una operación militar.