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El martirio de Oscar Arnulfo Romero

El martirio de Oscar Arnulfo Romero

El Arzobispo de San Salvador fue asesinado por un francotirador hace 35 años en una capilla de San Salvador.

Se cumplen 35 años del asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero Univision

Por María Elena Salinas @MariaESalinas

La hermana Maria Julia García no estaba presente cuando ocurrió, pero como si estuviera, tiene grabada en la memoria, paso por paso, la escena del momento en que Monseñor Oscar Arnulfo Romero se convirtió en mártir. "Monseñor acababa de terminar el Evangelio y se preparaba para consagrar", me dijo la monja en el altar de la capilla del hospital Divina Providencia, en San Salvador.” Las puertas de la capilla estaban abiertas y un auto pasaba lentamente por frente. En el asiento de atrás un francotirador disparó, pegándole directamente en el pecho a Monseñor.

La hermana María Julia cuenta cómo las monjas corrieron a su auxilio pero ya era tarde. “La bala no le atravesó su corazón”, dice. “Fue una bala explosiva que destruyó la arteria aorta.” Sangraba por todos lados. Asegura que muy posiblemente Monseñor Romero vio a su asesino, y según ella “Dios le dio la gracia de no esconderse, gritar o avisar.” Fue el 24 de marzo de 1980.

 

La beatificación de Monseñor Romero Univision

Han pasado 35 años desde ese fatídico día, y tuvo que pasar todo este tiempo para que la Iglesia Católica reconociera su martirio y abriera el camino para la beatificación del hombre que ya muchos consideran San Romero de América. Para poder ser considerado mártir hay que probar que una persona fue asesinada por odio a la fe. El hecho de haber sido el primer sacerdote en varios siglos en ser asesinado mientras oficiaba misa fue suficiente para convencer a los altos mandos del Vaticano de que Romero merecía ese honor.

Ese mismo odio con que lo mataron se manifestaba en lo que ha sido descrito como "montañas" de cartas que llegaban a la Santa Sede buscando entorpecer el camino a la santidad de Romero. Lo acusaban de ser comunista. Embajadores salvadoreños ante el Vaticano decían que Romero era simpatizante de la guerrilla izquierdista contra quien el gobierno mantuvo una larga y sangrienta guerra civil. El cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, que asesoraba a los Papas sobre asuntos Latinoamericanos, les aseguraba que Monseñor Romero practicaba la Teología de la Liberación, vista con malos ojos en la Santa Sede.

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Tomó una serie de acontecimientos inesperados, la llegada de un Papa Latinoamericano y posiblemente una intercesión divina para cambiar el rumbo de la historia y dejar constancia de que, en efecto, Monseñor Romero vivió un martirio.

 

Los opositores lograron callar su voz Univision

Cuentan quienes lo conocieron de cerca que cuando llegó a ser Arzobispo de San Salvador fue con el apoyo de la clase adinerada del país. Romero era un sacerdote conocido por sus posturas conservadoras. Pero el brutal asesinato del sacerdote Jesuita Rutilio Grande junto a dos campesinos, abrió los ojos de Monseñor Romero ante los excesos militares y despertó en él la sed de justicia. El padre Grande era su amigo, y el hecho de que su asesinato haya quedado impune, llevó a Romero a acercarse más a los pobres y desprotegidos, ganándose el apodo de “La voz de los sin voz”.

Sus homilías cambiaron de tono y pronto se comenzaron a transmitir en la radio llegando a todos los rincones del país. Según Monseñor Jesús Delgado, Secretario personal de Romero en esa época de convulsión y alta tensión política, él se estaba metiendo en un ámbito donde estaba prohibido meterse, “darle conciencia a la gente.” Sus palabras comenzaron a incomodar a quienes alguna vez le habían dado su apoyo, y comenzaron también a llegar amenazas de muerte anónimas contra Romero.

Él de alguna manera intuía que lo podían matar y no hizo nada para evitarlo, me aseguró Monseñor Ricardo Urioste, creador de la Fundación Monseñor Romero en San Salvador. "De Roma le dijeron que si se iba para allá, para evitar cualquier cosa, y él dijo que no, que su puesto de Pastor era aquí."

De alguna manera Urioste cree que el destino de Monseñor Romero era ser mártir. Aún recuerda las palabras que escribió Romero durante un ejercicio espiritual un mes antes de su muerte. "Tengo miedo a la violencia en mi persona, pero si Dios quiere que así sea, yo sé que lo voy a sentir muy cerca como lo sintieron los mártires." El escrito continúa diciendo: "No quiero pedirle a Dios con mi muerte por la paz en mi país o por la iglesia porque él sabrá qué destino darle a mi muerte."

 

Era simultáneamente el más amado y el más odiado Univision

El asesinato de Monseñor Romero dio paso a una sangrienta guerra civil que dejó más de 75 mil muertos en El Salvador. Doce años después se firmó un acuerdo de paz. Y aunque los fusiles dejaron de rugir, las divisiones sociales en El Salvador persisten, creando toda una nueva ola de problemas que persisten hasta el día de hoy.

Para Monseñor Urioste, el que se haya reconocido en la Santa Sede el martirio de Romero significa el triunfo de la verdad sobre la infamia. Eso quizás, ayude a unir a un pueblo que aún tiene las abiertas las heridas de la guerra.

(Nota: La ceremonia de beatificación de Monseñor Arnulfo Romero se llevasrá a cabo este sábado 23 de mayo).

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