Una tradición que durante años combinó la
pasión por el fútbol y la
fe religiosa ha generado controversia entre fieles y aficionados. La costumbre consistía en vestir una imagen religiosa con la camiseta de la
Selección Mexicana durante
competencias importantes. Sin embargo, la llegada de un nuevo párroco puso fin a la práctica, provocando reacciones encontradas entre quienes la consideraban una expresión de identidad y quienes creen que la religión debe mantenerse al margen del deporte.