Los tratamientos médicos representan una opción importante para las personas con obesidad en Estados Unidos. Medicamentos como el GLP-1 han revolucionado la atención clínica de pacientes adultos y adolescentes, con eficacia comprobada por la evidencia científica.
Medicamentos de emergencia en niños: ¿Qué amenaza más, el tratamiento o la enfermedad?
Los tratamientos experimentales se utilizan en menores durante situaciones de emergencia pese a que la evidencia científica que respalda su seguridad y eficacia en la población pediátrica sigue siendo limitada
Pero su aplicación está avanzando rápidamente y sin control al comenzar a identificarse casos donde los menores de edad son los receptores. Aunque no existen estudios científicos sobre las repercusiones y eficacia, ya hay casos documentados en menores de 12 años.
Guillermo Santos, doctor y experto en salud pública, considera que algunos padres de familia están decidiendo usar ese tipo de tratamiento al no tener resultados para ayudar a sus hijos a bajar de peso.
“Si tengo un niño que es bien obeso y hemos tratado todo y nada me funciona, entonces yo entiendo cómo un doctor con la mamá o el papá de este niño puede llegar a una decisión de utilizarlo”, comenta.
Eficacia carece de resultados
Para el pediatra Ilán Shapiro, el uso de los tratamientos origina controversia entre los especialistas al argumentar la falta de datos robustos que permitan determinar la eficacia, así como su prolongado uso en los niños.
“En este momento es tener mucha cautela porque no se han probado realmente los efectos secundarios y también la eficiencia y la dosis que se necesita para estas edades”, explica el pediatra.
Un problema de salud pública
Los tratamientos contra la obesidad han proliferado en territorio nacional, donde se tienen registros de más de 1 4 millones de menores considerados como obesos. Las estadísticas indican que uno de cada cinco niños tiene ese padecimiento.
El problema es grave porque las cifras muestran que el 21% de niños y adolescentes estadounidenses entre 2 y 19 años tienen este padecimiento de salud que afecta su salud. Este problema de salud pública se ha incrementado en las últimas décadas, ya que en la década de los 70 la cifra apenas era de 5%.
El problema es mayor entre la población hispana, donde cerca del 27% de los niños latinos viven con obesidad, una tasa superior al promedio nacional de Estados Unidos.
Los datos son tema que divide las opiniones de los padres
Aunque la eficacia y seguridad de los tratamientos contra la obesidad en menores no son seguras, algunos padres de familia aseguran que no dudan en aplicar el producto en sus hijos si con ello mejoran.
“Si es algo que está probado que puede ayudar a mis niños para evitar futuras enfermedades como la diabetes. Por supuesto que sí. Lo quisiera intentar”, comenta Annette Gazette, madre de familia.
“Un niño en pleno desarrollo. Uno no debe estar colocándole cosas que uno no sabe si le van a causar un efecto bueno, un efecto dañino”, menciona Eduardo Rivero, padre de familia.
Eduardo considera que no existen los estudios suficientes para aplicarlos a los niños, mucho menos cuando están en etapa de desarrollo.
“Porque los niños no son adultos pequeños, son cuerpos que todavía se están desarrollando a nivel físico, a nivel mental, a nivel hormonal y todavía no tenemos la ciencia de saber qué es lo que estos medicamentos en realidad funcionan a ciencia cierta”, asegura.
Las opiniones están divididas, pero detrás del debate sobre el uso hay una pregunta: ¿es más peligroso el medicamento o una enfermedad infantil severa con graves consecuencias para el futuro?