CityLab Arquitectura

¿Quién le dará $550 millones a Roma para mantener sus monumentos históricos?

La ciudad dice que necesitará que intervengan donantes privados pero su fama de corrupción quizás disuada a los filántropos.
Logo CityLab small
3 Jun 2016 – 12:52 PM EDT

Roma está en la quiebra. La capital de Italia quizás sea uno de los grandes almacenes de arquitectura y antigüedades, pero también está hasta las narices en deuda que la está hundiendo como si estuviera en arenas movedizas. En total la ciudad está pendiente de pago en unos 14 mil millones de euros (15.6 mil millones dólares), según algunos cálculos. El resultado inevitable de esta situación es que hay muy poco dinero para conservar y mantener los monumentos mundialmente famosos de Roma. Entonces la ciudad ha anunciado que está buscando 500 millones de euros (557 millones de dólares) de inversionistas privados para esfuerzos de preservación histórica.

De esa cantidad, unos 178 millones de euros son necesarios sólo para mantener los monumentos de Roma en una condición pasable y el resto se guardaría para realizar mejorías. Francesco Paolo Tronca —alcalde provisional actual de Roma— ha expresado un par de detalles más al respecto: para restaurar y mejor las 80 fuentes más bellas de la ciudad, se necesitan 10.4 millones de euros. Si alguien sólo quisiera subvencionar la restauración del acueducto que suministra agua a la Fuente Trevi, esto costaría 600,000 euros. Y hay muchos otros proyectos más pequeños que también necesitan financiamiento. Con 300 euros, por ejemplo, uno aparentemente podría contribuir suficiente dinero para que se puedan arrancar las malas hierbas alrededor de la Columna de Trajano.

Han pedido ayuda, ¿pero alguien responderá? Sin lugar a dudas, en el pasado Roma ha tenido éxito en convencer a negocios a reparar sus atractivos. El año pasado la empresa joyera Bulgari pagó 1.5 millones euros para restaurar la escalinata de la Plaza de España, la empresa de calzado Tod ha contribuido hacia la preservación del Coliseo y Fendi contribuyó dos millones de euros para mejorar la Fuente Trevi. La ciudad ha descartado ofrecer patrocinios directos, pero estos aportes ya mencionados recibieron tanta atención en los medios que las empresas contribuyentes probablemente ya hayan ganado un retorno sobre su inversión mediante la publicidad que obtuvieron.

Sin embargo, para las empresas que no que no tienen raíces en la cultura italiana tan obvias y tan fáciles de promocionar, la petición de fondos de Roma quizás no sea tan interesante. Una razón por la que la ciudad está tan apretada (más allá de los efectos monumentales de la crisis financiera de 2008) es que su administración está deteriorada como los monumentos de los que está a cargo. Guiada por una combinación de incompetencia esclerótica y corrupción abierta, hace mucho que la administración de la ciudad ganó el sobrenombre de “ la capital de la Mafia”. Más recientemente se ganó otro apodo — affitopolis o “alquilapolis”— cuando se reveló que muchas propiedades de la ciudad se estaban alquilando por meros centavos. Entonces no es la mejor campaña publicitaria para una ciudad que busca fondos exteriores. Cualquier donante potencial quizás se incline por preguntarse cuánto de su aporte realmente llegará a su fuente final.

Hubo algunos intentos por mejorar esta situación de Ignazio Marino —el alcalde anterior— pero aun así Marino presidió sobre un periodo en que la disfunción de Roma sólo empeoró. La limpia imagen de Marino se arruinó cuando tuvo que renunciar en octubre 2015 después de un escándalo con gastos. Ahora hay una nueva fuerza política que jura que cambiará las cosas. Tal parece que el Movimiento Cinco Estrellas—un partido populista y anticorrupción— ganará elecciones municipales el 5 de junio. Si así sucede, esto también proveerá a Roma con su primera alcaldesa en su historia: Virginia Raggi, comediante y concejal de la ciudad. Es muy temprano para predecir si el cambio político será lo suficiente para sacudir a Roma de su letargo. A corto plazo, la pobre imagen pública de la ciudad —en un momento en que una gran parte de Italia necesita fondos para la restauración— quizás impida sus esfuerzos de hacer que las corporaciones donen una buena cantidad de dinero.

Este artículo fue publicado originalmente en CityLab.com.

Publicidad