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Para construir un gran espacio público se necesita algo más que buen diseño

En los vecindarios pobres, hasta los parques y los centros comunitarios con los mejores diseños se desperdician si es que nadie los usa. Kounkuey Design Initiative es una organización sin fines de lucro que está aceptando ese reto directamente.
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6 Abr 2017 – 4:49 PM EDT

El urbanista William H. Whyte famosamente observó los diseños que arruinan espacios públicos, ya sea al excluir lugares donde sentarse y reunirse hasta crear zonas muertas. Pero incluso los espacios públicos mejor diseñados pueden desperdiciarse si nadie los usa. Esto es particularmente cierto en comunidades de bajos ingresos.

“Es una trampa pensar que el diseño puede resolver todos los problemas”, dice Chelina Odbert, cofundadora del Kounkuey Design Initiative (Iniciativa de Diseño Kounkuey), una organización sin fines de lucro. “Como arquitectos y planificadores, nos gusta pensar que nuestras habilidades abarcan muchas disciplinas diferentes y eso es cierto. Por sí solo el diseño nunca bastará”.

Los residentes de bajos ingresos se encuentran entre los que más se benefician de espacios públicos. Los parques pueden proveer un espacio seguro donde los niños puedan jugar y los centros comunitarios pueden servir de sede de programas cívicos para residentes. Las plazas se pueden usar para reuniones públicas o para ser la sede de mercados, lo cual aumenta la calidad de vida económica y social. Pero los arquitectos no pueden simplemente montar un parque público en un vecindario y así esperar que arreglarán todo con eso.

La Kounkuey Design Initiative tiene un enfoque diferente. Con más de una docena de proyectos actualmente en progreso, la organización trabaja en las Américas y en África para construir lo que se llaman espacios públicos productivos para las comunidades de bajos ingresos. Los construyen mediante diseño participativo, colaborando con los vecindarios desde el principio al final ("Kounkuey" es una palabra tailandesa que expresa la idea de conocer a algo íntimamente, lo cual según Odbert personifica la misión de la organización). Ellos fueron uno de los cinco ganadores de los Renewal Awards (Premios de Renovación) de The Atlantic , los cuales reconocen esfuerzos innovadores de bases que ayudan a comunidades que reciben poca atención.

Uno de los proyectos conlleva colaborar con residentes en Los Ángeles para convertir lotes vacantes en espacio público (Kounkuey Design Initiative).

CityLab habló con Odbert después de la ceremonia de entrega de premios el jueves pasado. Para entender por qué los proyectos tienen éxito o fracasan, reflexionó en tiempos pasados cuando aún era una estudiante de posgrado en la Universidad Harvard. Mientras que estuvo trabajando en un proyecto de investigación en una favela de Brasil, se topó con un parque que parecía estar fuera de lugar entre las casas atestadas y callejones sin pavimentar. Odbert estaba exultante, pero le duró por mucho tiempo.

Con la escasez de espacio para reuniones o juegos, uno esperaría que los residentes quisieran un espacio abierto formal como este. Pero no fue así en ese caso en Brasil, ¿verdad?

Al principio pensé “Santo cielo, ¡esto es increíble! Este debe de ser un maravilloso proyecto transformador”. Entonces empecé a preguntar a la gente que vive en las casas alrededor [del parque]. El primer hombre con quien hablé vivía directamente en frente y dijo que, en realidad, este parque es lo peor que le ha pasado a este vecindario.

Dijo que el parque no era una mala idea en sí pero cuando se construyó, no se pensó en nada más. No había mantenimiento ni actividades programadas, entonces en realidad el parque se ha convertido en un lugar que otra gente puede apropiar para sus propias necesidades… y la mayoría de esa apropiación la hacen los delincuentes o personas haciendo cosas que impactan a la comunidad de manera negativa.

¿Qué dice aquella situación sobre los límites del diseño en el espacio público?

Cuando les preguntas a residentes cuáles son sus mayores necesidades, por lo general las cosas como vivienda están en alguna parte de la lista, pero nunca se encuentran en la parte de arriba. Los problemas siempre son mucho más grandes que lo físico. Son problemas económicos, son sociales, entonces el diseño puede desempeñar un papel crítico, pero no puede ser la solución por sí solo.

Este fue el tipo de proyecto que motivó lo que hacemos hoy en día. Dijimos que nunca podemos sólo construir un parque o una escuela o cualquiera otra cosa y marcharnos, porque eso no conducirá a la sostenibilidad. Necesitamos considerar mecanismos para estos espacios públicos que generen suficientes ingresos para cubrir sus propios costos, para pagar por su mantenimiento básico, y para asegurar sus necesidades básicas. Entonces necesitamos trabajar con los residentes alrededor de este espacio para asegurar que tengan la capacidad social de mantener al espacio andando.

¿Cómo se ve y cómo funciona ese tipo de espacio público?

Nuestro trabajo en Kenia muestra cómo eso se puede lograr. Kibera es un asentamiento urbano informal muy grande en Nairobi, donde aproximadamente medio millón de personas viven en un espacio del tamaño del Central Park de Nueva York. Ahí hemos estado construyendo una red de espacios públicos productivos a lo largo del sistema de ríos que corre por el asentamiento. El río es realmente lo que la gente usa para transportar a los desechos lejos de ellos.

Lo que hace nuestro trabajo es reclamar espacios de desperdicios a lo largo del rio y transformarlos en un espacio productivo y descontaminante. Cada espacio público —el cual tiene el tamaño de un parque pequeño, más o menos— quizás tenga 8 ó 10 cosas diferentes sucediendo y la mitad de esas generarían ingresos. Un proyecto típico podría tener un invernadero o un jardín en donde se venden las verduras. Quizás tenga un grifo de agua limpia en donde se vende agua a los residentes locales o quizás tenga algo básico como inodoros y duchas que la gente no tiene en sus casas. Quizás también tenga cosas como una cooperativa de artesanías para mujeres en donde tejen y venden bienes.

Todas estas cosas ganan una pequeña cantidad de ingresos que alimenta un fondo para el mantenimiento del sitio y también permite a los miembros de la comunidad aumentar su ingreso familiar. No estamos solamente diseñando el espacio. Estamos diseñando la programación para el espacio. Y entonces estamos diciendo: ¿cuáles son los talentos y recursos que tiene la comunidad que se pueden usar como una actividad para generar ingresos, ya que eso es una prioridad? Nuestra idea es que a medida que crece esta red —ya estamos construyendo nuestro décimo sitio— se empiece a reclamar al río poco a poco.

Cuando KDI construyó un centro comunitario en el barrio marginal más grande de Kenia, la comunidad entera estuvo involucrada desde el principio hasta el final (Kounkuey Design Initiative).

También has trabajado en Los Ángeles, donde la actividad pandillera a menudo ocurre en espacios abiertos. ¿Cómo transformas a estos lugares en, por ejemplo, un parque infantil y convences al público que es un lugar seguro en donde sus hijos puedan jugar?

Estamos colaborando muy estrechamente con residentes y grupos como el Watts Gang Task Force (Cuerpo Especial contra Pandillas de Watts). Juntos estamos decidiendo donde tendremos la mayor probabilidad de transformar exitosamente un espacio visto como peligroso en un espacio seguro.

Entonces las cosas que realmente cambian la conducta son cosas sencillas, como activar a un espacio con la programación que la comunidad más quiere. En el caso del parque dentro de la favela, había mucha actividad ilícita porque no había más nada sucediendo. Puede ser tan sencillo como asegurar que haya iluminación y aceras. Y, debido al diseño, ya no es un espacio que sirve para esas actividades ilícitas.

Pero ellos también pueden ser parte de la solución, ya que nuestro trabajo coloca a los miembros de la comunidad al centro y eso incluye a personas que quizás sean miembros de pandillas.

¿Cómo sucede esto?

En East Los Angeles., personas que son pandilleros han sido los que nos han ayudado a cambiar la calle para que tenga otros usos. Ese proyecto se llama Play Streets (Calles del Juego) y se trata de crear espacios públicos temporales. Es una colaboración con el Departamento de Transporte de Los Ángeles y la oficina del alcalde.

Diseñamos una especie de kit móvil de parques —o un parque en una caja— que se implementa en una calle y la transforma en una calle del juego para personas de todas las edades. En Boyle Heights, un grupo comunitario identificó a una calle particular que se conoce por tener mucha actividad pandillera, pero es exactamente la razón por la que los residentes quieren hacerlo allí. Determinaron que esta calle necesitaba la mayor cantidad de impacto.

Cuando empezamos a implementar el parque ' pop-up', los residentes nos dijeron: “¿Ven a los tipos sacando aros de baloncesto? Esos son los pandilleros”. Ellos eran quienes sacaron las pelotas para que jugaran los niños. Solamente son cositas así. Al no excluirlos o directamente decir que queríamos deshacernos de ellos y al reconocer que estos también son miembros de la comunidad que quieren ver mejorías, ellos forman parte de la solución.

KDI tiene varios proyectos en desarrollo, pero abarcan sólo unas cuantas áreas. ¿Cuál es la estrategia con ellos?

No podemos simplemente trabajar en 20 lugares diferentes a la vez; necesitamos arraigarnos en un lugar a lo largo del tiempo y construir redes de proyectos, de personas y de voluntad política. De tal modo, nuestro impacto nunca termina con la gente que vive en un radio de una milla del proyecto. Puede crecer para afectar a cambios de políticas a nivel del vecindario, de la ciudad y de la región. Todos estos problemas que estamos discutiendo —degradación ambiental y pobreza— estos no son retos resueltos por un proyecto en grupo. Nuestro trabajo como diseñadores es construir esos sistemas que empiezan a inclinar la balanza a ese nivel mayor.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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