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La inesperada nueva vida del Estadio Olímpico de Montreal

Por muchos años, la deuda que generó su construcción fue un dolor de cabeza para la ciudad, pero hoy, cuatro décadas después, es símbolo de orgullo.
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16 Ago 2016 – 11:11 AM EDT

Durante décadas el Estadio Olímpico de Montreal ha sido el sello arquitectónico de la ciudad: una imagen de postal conocida en todo el mundo. Pero, para los lugareños, el curvado platillo de concreto que domina la parte oriental de la ciudad también ha sido un recuerdo amargo de la deuda, corrupción y atrasos de construcción que casi le costaron las Olimpiadas a la ciudad en 1976.

Los costos finales de construir el parque resultaron ser más de tres veces de los 300 millones de dólares (de fondos del estado) una vez proyectados por el carismático alcalde Jean Drapeau, quien logró traer las Olimpiadas a la ciudad después de una sumamente exitosa Feria Mundial en 1967. La torre inclinada al lado del Estadio fue completada una década después de que terminaron los Juegos. El techo retráctil también fue terminado 10 años tarde y tendía más a romperse que a retraerse con éxito.

Pero, a medida que la ciudad celebra el cuadragésimo aniversario de las Olimpiadas en Montreal, hay un aire sorprendente de optimismo en cuanto a La Gran Deuda, el recuerdo cívico más prominente de los Juegos Olímpicos de 1976. Una campaña de renovación liderada por la agencia de administración del parque ha invertido unos 7 millones de dólares para renovar un malecón que queda fuera del Estadio y unos 5 millones de dólares para restaurar la torre, la cual ahora cuenta con un sistema de iluminación exterior de última generación y un observatorio renovado. Desde que estas mejoras se iniciaron en 2012, el estadio ha sido la sede de cientos de eventos cada verano, entre ellos juegos individuales de béisbol y fútbol, conciertos al aire libre, reuniones de camiones de comida y festivales de deportes extremos. Las autoridades calculan que aproximadamente 570,000 personas visitaron al Estadio Olímpico en 2015: se trata de más del doble la cantidad de visitantes de 2011.


¿Ícono de la deuda olímpica o joya arquitectónica?

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De por sí, el hecho de que esta reliquia de estadio haya sobrevivido durante dos décadas sin ningún equipo deportivo profesional como un inquilino es impresionante. Resulta extraordinario que pudiera encontrar la forma de prosperar. Como resultado, parece que las actitudes de la gente de Montreal hacia el Estadio ya están cambiando.

“Nos estamos orgulleciendo del estadio”, le dijo a CityLab Claude Lizotte, un montrealense de 66 años, en una entrevista el miércoles pasado. Lizotte y su esposa estaban sentados en sillas plegables en un pedazo pastoso del malecón al lado del estadio. La pareja estaba entre las aproximadamente 30,000 personas que se habían reunido para un concierto gratis al aire libre para celebrar el aniversario del Estadio. “Aun si no estamos contentos con el costo de éste, con el tiempo uno más o menos se olvida de eso”, dijo.

También ayuda que las facturas de construcción del estadio finalmente se pagaron por completo en 2006. Lizotte dice que hubiera tenido otra opinión antes de ese tiempo, cuando aún había un impuesto en productos tabacaleros para financiar el estadio. Céline Elie comparte la actitud de Lizotte. Esta residente de Montreal tiene 69 años y ha vivido aquí cada tanto tiempo desde 1968. Elie estaba sentado con un compañero cerca de un jardín orgánico de demostración que recientemente fue sembrado en un rincón del malecón. Se acuerda de la controversia en cuanto a la construcción del estadio durante los años 70 y la furia debida a los excesos presupuestarios que siguieron durante años.

“Sé que pagué por él”, dijo. “Pero ahora está allí. ¿Qué se puede hacer? Por lo menos ahora lo están usando”.

Aún cuesta un millón de dólares al año para mantener el estadio. Y es cuestionable si se usa lo suficiente para justificar esos costos de manutención: desde que los Expos (el equipo de béisbol de la ciudad) se fueron en 2004, ningún equipo deportivo lo ha usado como sede. Además, está vacante una buena parte del año: en mayor parte esto se debe a su techo, el cual continuamente presenta problemas. El estadio incompleto estuvo abierto durante los Juegos Olímpicos de 1976 y cuando se instaló el techo retráctil en 1987, éste sólo logró abrirse 88 veces, y no funcionó para nada en condiciones ventosas. Se reporta que el techo reparado que sustituyó al techo original ahora tiene unos 6,000 huecos y rasgaduras, por lo que el estadio es prácticamente inutilizable durante el invierno.

La aridez esencial del complejo —diseñado por el arquitecto francés Roger Taillibert y construido de cemento— sigue presentando un obstáculo a que los visitantes se sientan bienvenidos. De hecho, es un milagro menor que el estadio sobreviva. El paso del tiempo puede ser cruelcuando menoscon los antiguos estadios olímpicos. Y muchos de los complejos multiusos grandes construidos en los años 70 ya han sido demolidos.

Sin embargo, Montreal ha seguido utilizando su austero platillo volador. En 2011 un comité que estuvo estudiando el futuro del Parque Olímpico sacó un report e con varias recomendaciones en cuanto a lo que se debe hacer con el sitio. Lejos de recomendar la demolición (a diferencia de otros estudios), el reporte del comité encontró que la gente de Montreal quería conservar y mejorar el sitio. Una encuesta realizada en 2009 encontró que un 95% de los residentes de la provincia de Quebec (donde se encuentra Montreal) se oponían a una demolición del Estadio, tal vez por estar sumamente conscientes de cuánto les costó.


Y ahora hay nostalgia afectuosa por las Olimpiadas de 1976, las cuales sí le dieron reconocimiento internacional a Montreal. Desde un punto de vista atlético, con atletas de la talla del campeón del decatlón Bruce (ahora Caitlin) Jenner y la gimnasta Nadia Comaneci con sus puntajes perfectos de 10, tales juegos olímpicos ahora están entre los más memorables.

Con ese legado en mente, el reporte de 2011 sugirió que los gerentes del estadio hicieran más para promocionar los deportes juveniles y que trataran de atraer a más turistas con restaurantes y posiblemente un hotel. También propusieron reinstalar el techo retráctil a un costo de 200 millones de dólares. Quizás parezca raro invertir tanto dinero en un complejo deportivo donde no juega ningún equipo deportivo, pero tales 200 millones de dólares representan un cuarto de la cotización actual de realizar una demolición del estadio. Según un estudio, habría que demoler al estadio sección por sección por un costo enorme de 800 millones, ya que implosionarlo recubriría la ciudad con una nube de polvos tóxicos. En esa encuesta de 2009, un 81% de las personas estaban a favor de alguno tipo de nuevo techo.

Hasta cierto punto el gobierno de Quebec está escuchando a su gente. El otoño pasado aprobó 166 millones de dólares para hacerle renovaciones adicionales al estadio. Un cuarto de este dinero se utilizará para convertir la torre en espacio para oficinas para Desjardins, un banco que será el primer inquilino corporativo en la historia del Estadio. La torre —promocionada como la estructura inclinada más grande del mundo— actualmente sólo contiene una plataforma de observación, la cual se mantendrá abierta para los turistas

Según Cédric Essiminy, un representante de relaciones públicas para el Parque Olímpico, la presencia de 1,300 empleados de Desjardins quizás podría atraer más inversión alrededor del vecindario del estadio, el cual está pasando por problemas económicos. Eso podría significar más apoyo para la revitalización del Estadio, lo cual es, según el punto de vista de Essiminy, una continuación de lo que siempre ha estado ocurriendo aquí discretamente.

“Cuando navegas en internet, ves notas acerca de lo que les pasó a algunas de las otras instalaciones creadas para las Olimpiadas, cómo fueron abandonadas, en lo que se han convertido”, dice. “En este caso [tenemos] algo que nunca dejó de usarse. La gente aún sigue viniendo para acá para beneficiarse [del estadio]. La gente tiende a no darse cuenta de esto cuando lo comparan con estadios en Atenas, Sochi y Sarajevo”.


A medida que se van disipando los resentimientos, parece que los residentes más viejos de Montreal piensan que puede haber una segunda vida (quizás una tercera o cuarta vida) para “La Gran Deuda”. Y para los residentes más jóvenes que nacieron después de las Olimpiadas de 1976, las relaciones emocionales son el estadio son menos fuertes. Sí, algunos lo ven como un colosal “elefante blanco”, un recuerdo de la disfunción gubernamental. “[Como destino turístico,] pienso que Viejo Montreal es mucho más agradable y vale la pena visitarlo en lugar de venir acá y ver [esta cosa], sea lo que sea”, dijo Gabrielle, una residente de Montreal de 29 años que se negó a dar su apellido, mientras que se comía un emparedado antes del concierto en el área delante del Estadio. Pero muchas otras personas ven al estadio como una parte de su patrimonio cultural.

“Trae gratos recuerdos cuando la gente se reúne y están haciendo mucho para tratar de mantener eso presente durante los últimos anos”, dice Audrey Lorange, un residente de 26 años quien vive cerca. “[El estadio] es un símbolo de mi hogar”.

Marie-Laurence Parent, de 30 años de edad, me dijo lo mismo. Se crió cerca del estadio y tiene una foto de esté en su pared. Su amigo Gary Haran tiene 37 años de edad y dice que ha pasado la mayor parte de su vida adulta en Montreal desde mudarse de Francia. Aunque él a veces relaciona el estadio con otras frustraciones en cuanto a la administración de proyectos de construcción por parte de la ciudad, también siente orgullo de su singularidad arquitectónica. Como ícono internacional, funciona de lo más bien, dijo.

“A mí me gusta cualquiera cosa que distrae del hecho de que comemos poutine”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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