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Canoa: el pueblo turístico ecuatoriano que quedó en el suelo

El aumento de los visitantes en esta paradisíaca playa generó un boom hotelero. Sin embargo, el terremoto arrasó con muchas de estas construcciones.
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27 Abr 2016 – 12:20 PM EDT

Hace más de un año visité Canoa, en la costa del Ecuador, trabajando para un proyecto periodístico sobre la provincia de Manabí, donde este municipio (o parroquia, como se conocen en este país) se ubica. Recuerdo que al equipo de fotógrafos y periodistas la región nos absorbió por completo. No queríamos salir de ahí nunca. Regresé a muchos de los rincones de Manabí hace más de una semana, esta vez para cubrir los sucesos del terremoto más fuerte en más de cuarenta años en el Ecuador, un sismo de 7,8 grados que sorprendió al país el sábado 16 de abril.

Manabí era un paraíso. En cada rincón uno iba encontrando gente que había llegado y decidió quedarse. Canoa era uno de ellos. En los últimos años había crecido y cada vez recibía más turistas. De acuerdo a los censos realizados en 1990 y 2001, la rama de servicios creció del7,2% a 29,2% del total de la actividad económica. Para Canoa, el turismo representa aproximadamente un 38%, y ha dejado a la pesca en segundo nivel. En 2003 había once establecimientos de alojamiento en el lugar, pero para 2014 la cifra había crecido dando un total de 41 hoteles, dos hosterías, 21 casas de hospedaje y 18 hostales.

Pero, lamentablemente, esto podría detenerse. Canoa fue uno de los lugares más destruidos por el terremoto. En muchos periódicos locales se habla de un 60% de edificaciones en el suelo. Otras fuentes mencionan hasta un 85%. Y en sus calles era difícil no preguntarse qué es lo que hacía que un hotel siguiera en pie y otro, muy cerca, esté severamente dañado. El hotel Amalur, por ejemplo, se mantenía en pie con pocos rasguños, a pocas cuadras el hotel Royal Pacific tenía dos pisos en el suelo y dos que empeoraban con las réplicas que se producían en la zona.


Greg Gilliam, arquitecto y dueño del Hotel Canoa Beach, fue uno de esos que llegaron para quedarse. Sin embargo, hace un año se quejó del crecimiento. Cada vez era más difícil tener la misma experiencia apacible que antes brindaba la playa. “Por esta triste realidad me dediqué al turismo en esta zona. La playa al sur de Canoa continúa siendo una joya poco habitada y kilométrica, pero lo importante es que se mantenga así”, explicó este estadounidense nacido en Kentucky.

Hace unos días Greg Gilliam dio una entrevista a ABC News. Ahí explicó cómo su hotel de madera y nylon sobrevivió intacto al terremoto y era ahora el lugar que acogía a doctores y voluntarios que llegaron a la zona a ayudar. De acuerdo al empresario, el concreto utilizado en otros hoteles y hogares, al ser mezclado con sal marina, fue erosionando el acero de las columnas . “En un evento de esta magnitud hace más fácil que se caigan. No es la única razón, pero es un factor importante”, dijo en la entrevista.

De acuerdo a Gustavo González, arquitecto con especialidad en planificación ambiental, una de las razones por la que la destrucción fue mucho mayor en lugares como Canoa fue el crecimiento desordenado, el que incluyó estas construcciones que utilizan arena con sal y que se realizan en espacios donde no se debe construir.

“Los municipios pequeños no tienen capacidad para controlar o ni siquiera para realizar estudios técnicos, y el emprendimiento privado supera su capacidad de gestión”, explica González. En Canoa, en los últimos años se levantaron varios edificios de más de dos pisos que funcionaban como hoteles. La demanda turística crecía y la gente empezó a adecuar la zona para que tenga la capacidad de recibir cada vez más visitantes. Hace ocho años, en 1998, otro terremoto afectó a la región, pero no hubo mayor destrucción. En esa época, el lugar era completamente diferente. La zona cercana a la playa apenas tenía construcciones pequeñas y en su mayoría estaban construidas con materiales de la zona como caña y madera.

González fue parte de un equipo de trabajo que diseñó un plan integral para Puerto López, un sitio al sur de Manabí que, al igual que Canoa, ha crecido en los últimos años por su potencial turístico. Se declaró al sitio Área Turística Protegida en 2008 y se esperaba que fuera el ejemplo para planificar otros lugares turísticos del país. El plan contemplaba todo lo que una zona como ésta necesitaba y, además, todas las prevenciones que se debía tener en el perfil costero por su complicada geografía y por eventos como el fenómeno del niño, que cada año causa inundaciones. El entonces ministro de Turismo, Freddy Ehlers, dijo que se calculaba una inversión de 67 millones de dólares para convertir a Puerto López en el ejemplo para otros destinos turísticos. Los cambios administrativos, sin embargo, no han permitido que el plan se ejecute por completo hasta ahora.

Canoa se incluía como parte del plan integral de manejo costero en el Ecuador que el Banco Internacional de Desarrollo reconocía como pionero en Latinoamérica. Hoy en día solo podemos imaginarnos si un plan como éste hubiera cambiado la forma en que Canoa recibió el terremoto y empezar a planificar desde lo aprendido.


En general, en Canoa la mayor parte de las edificaciones destruidas eran de cemento y hormigón. “No se puede satanizar a estos materiales”, explicó Fausto Cardoso, arquitecto cuencano que recorrió la zona, “pero la gente no construye de manera correcta y los edificios terminan siendo muy peligrosos”.

Muchos arquitectos y expertos aseguran que en adelante se debería insistir en la construcción con materiales de la región como la madera, caña y bambú. Todos estos son materiales más livianos y flexibles que se han utilizado en estos lugares por años.

“Utilizamos caña y madera que se talan en luna menguante, porque así resiste”, explicó hace más de un año Dumas Mora, un habitante de Calceta, al norte de la provincia, donde existen las llamadas “casas manabitas”, hechas con estos materiales. De acuerdo al arquitecto Cardoso, la madera se tala en menguante porque acumula más líquido y es más flexible. Por esto, al presentarse un movimiento, las construcciones de este material se mueven y vuelven a su lugar. La sabiduría sobre cómo construir con madera y caña existe en toda la costa ecuatoriana.

Sin embargo, Gustavo González explicó que no solo se trata de los materiales, sino también del emplazamiento. En la costa en los municipios pequeños no existen lugares con estudios sobre zonas de riesgo, estudios geológicos o hidrológicos. Se construye donde se puede. En las áreas turísticas se hace muy cerca de la playa, como en el caso de Canoa. Esto, además de ser peligroso, termina dañando el recurso escénico que posee el perfil costero. El uso de arena de mar, barata y fácil de conseguir, añade otro factor.

“Muchas veces se explotan dunas que se supone que deberían proteger los asentamientos urbanos y los municipios hacen la vista gorda,” explica González, quien insiste en que se debe repensar a partir de esto la planificación de las ciudades. “Corresponde al gobierno nacional y a los gobiernos locales apoyar a municipios pequeños para su control y crecimiento”, menciona. En 2008, cuando Puerto López fue declarado Área Turística Protegida, se establecían varias disposiciones para construcción y ordenamiento de las zonas costeras.

“Aún no hemos podido discutir con las autoridades cómo se va a enfrentar lo sucedido, pero escucho de las conversaciones que he podido tener que hay la intención de pensar en este tipo de planificación. Lo que sucedió aquí es un gran shock pero representa una oportunidad”, dice González y pone como ejemplo la ciudad de San Francisco, que tras el terremoto de 1989 se levantó y ganó mucho, se eliminaron las autopistas que separaban la bahía de la ciudad, se implementó un tranvía y aumentaron espacios de recreación lo que ha dinamizado la economía de la ciudad a causa del proceso de reconstrucción bien guiado que existió después.

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