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Throwback

Cosas de 'Experiencia Religiosa' que sólo las chicas de los 90 entenderán

Enrique Iglesias fue lo mejor que le pasó a la música en el 95 y nadie puede decir que no.
14 Jul 2016 – 3:59 PM EDT

Tenía siete años y apenas había entrado a la primaria. Había ahorrado unos cuantos pesos mexicanos y había comprado el cassette de Enrique Iglesias, uno de mis primeros tesoros musicales. Lo llevé a la escuela para enseñarles el booklet a mis amigas y aprendernos todas las letras turnándonos unos audífonos raquíticos enchufados a un walkman. Cantábamos ‘Por amarte’ sin parar, imitando los movimientos de Enrique. Cubríamos nuestras palmas hasta los nudillos con las mangas del uniforme de la escuela. Con una mano nos tapábamos un oído mientras con la otra sosteníamos un micrófono invisible. Enrique era nuestro pasatiempo favorito y no podíamos explicar porqué.



Ahora me parece muy claro que Luis Miguel y Chayanne eran para mamás y Enrique se presentó como la primer figura masculina solista como una alternativa hecha precisamente para niñas de mi edad, pero aun así habría que admitir que en ese primer álbum homónimo de 1995 habían grandes canciones. El disco abre con ‘No llores por mí’, una confesión de infidelidad dolorosísima que de inmediato familiariza al escucha con los tres rasgos más característicos de la música de Enrique en ese entonces. Ese “uuuuuuuuummm...” que va pegado al principio de cada frase (si no saben de lo que hablo, piensen en “Mis lágrimas uuuuuuuuummm...hacen un mar” ¿Ven? A eso me refería). Esa manera de cantar pujando típica de Enrique que a su vez subraya ese irresistible acento español. Y por último, ese falsetto que nadie había hecho nunca en las notas largas y sostenidas.



En ese entonces, habían sólo una o dos canciones que realmente atrapaban al público en los discos pop. En este caso predominan ‘Por amarte’, ‘Si tú te vas’, ‘Muñeca cruel’, ‘Trapecista’, que aun después de más de 20 años y un largo camino recorrido por Enrique son imposibles de olvidar. Pero a tanto tiempo de distancia, es justo y necesario hablar sobre la ‘Experiencia religiosa’. Aunque no fue el sencillo líder para promocionar el disco en su momento, aparentemente los años le han hecho bien. Escuchen y juzguen ustedes mismos:


De todos los looks que Enrique presentó en ese primer año debut, el más representativo es el que usó en el video de ‘Experiencia religiosa’. El suéter negro de cuello de tortuga con las mangas oversized para poder cubrir sus manos a medias y el peinadito de príncipe valiente es la imagen típica que marcó los libros de historia de la cultura pop seguida de la camiseta blanca sin mangas y el sillón de animal print que usó para el video de ‘Trapecista’. Además, creo que fue en este video en particular que se abusó del recurso de esa cara de cachorrito triste que le dio a Enrique un lugar muy específico en el terreno de la solemnidad. ¿No la recuerdan? Déjenme refrescar su memoria:



Si el solo video y la canción no les parecen prueba suficiente de que no hay mejor canción de los 90 que esta, vamos con los datos duros. ‘Experiencia religiosa’ fue nombrada como Mejor canción pop del año en los Premios Lo Nuestro del 97 y un año antes estuvo nominada para Mejor video del año. Estuvo en el número uno entre las Hot Latin tracks de Billboard durante semanas enteras en el 96 y en la edición italiana del disco se incluyó una versión de este corte en el idioma. Por si fuera poco, la boy band irlandesa Boyzone logró entrar en el mercado norteamericano gracias al cover que hicieron de este track espiritual en 1997, al que titularon ‘Mystical Experience’. De cuatro irlandeses no hicieron un solo Enrique Iglesias, pero se agradece su participación. Además, les faltó el elemento más místicamente característico del track, el coro de gospel y las campanas que contextualizan todo el concepto. Y sí, existe el video y lo pueden ver a continuación:


Ya no tengo siete años y no frecuento a mis amigas de la primaria desde hace una década o tal vez un poco más. Hace mucho tiempo arranqué el poster que venía con el cassette que compré en 1995 que había pegado en una puertita en mi clóset de mi antigua casa. Ya no puedo hacer una imitación súper atinada de Enrique. Lo único que mantiene un lazo íntimo entre la niña de siete años que adoraba ese primer disco con mi yo de ahora es que, todavía, de vez en cuando, disfruto profundamente la ‘Experiencia religiosa’. Esa prueba de tiempo tan enterrada en la identidad de las personas es lo que hace una gran canción y la convierte en historia.


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