Indocumentados

Lo que se ve (y lo que no) en un recorrido por la peor cárcel para inmigrantes en California

Univision Noticias visitó el centro de detención de máxima seguridad del condado de Orange marcado por un largo historial de denuncias por abusos.

LOS ÁNGELES, California.- En una visita a la penitenciaría Theo Lacy no se pueden tomar fotos, ni hablar con los reclusos que uno se encuentra, ni mucho menos entrar con dispositivos electrónicos como un celular. Hay que seguir el protocolo de seguridad impuesto por el Sheriff del Condado de Orange (OCSD), que es más estricto que el que aplica la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en los centros de detención que gestiona.

Theo Lacy es una prisión de máxima seguridad del sur de California que desde 2010 alberga personas que han cometido infracciones migratorias, según el acuerdo firmado entre OCSD y ICE. Del total de camas disponibles (3,442), un 24% (838) está destinado a inmigrantes indocumentados.

Tan solo dos años después de que empezara recibir presos acusados de delitos migratorios, Theo Lacy fue citada como una de las diez peores cárceles para indocumentados en Estados Unidos -al única de California en esa lista- según la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU).

Los inmigrantes eran víctimas de golpizas, abusos e insultos racistas, según ACLU. Cuatro años después de aquel informe, el historial de quejas por malos tratos sigue aumentando aunque, dado el secretismo con el que se opera en Theo Lacy, esas denuncias son muy difíciles de demostrar. Las autoridades insisten en que se proporciona a los reclusos un "ambiente seguro y humano".

En 2008, antes de que la corporación firmara el acuerdo con ICE, un gran jurado encontró que se permitía que algunos convictos en Theo Lacy usaran la brutalidad para mantener el orden en los dormitorios, esto mientras los celadores jugaban videojuegos, veían televisión y tomaban siestas en horario de labores.

Lo que se ve

En Theo Lacy los indocumentados están distribuidos en dos áreas: una ubicada en el segundo nivel, para convictos por delitos graves y de mediana categoría; y otra en la planta baja, para los de menos peligrosidad, ya sea solicitantes de asilo político, detenidos por faltas menores o en espera de audiencias judiciales.

La primera impresión deja la sensación de que reina un bajo estado de ánimo, los rostros son tristes. En visitas a otros centros de ICE, el ambiente era más distendido, los reclusos mantenían conversaciones informales, veían televisión o jugaban al fútbol.

En el sector para migrantes con delitos menores hay cinco dormitorios llenos de literas con camas individuales. Los colchones son delgados. No hay rejas, sino cristales gruesos. En teoría, los detenidos son libres de salir al patio. La mayoría de los migrantes ahí eran latinos.

Durante el recorrido, que se realizó durante una mañana, unos detenidos caminaban sin restricciones por el patio y otros dormían cubiertos de pies a cabeza con colchas cuadradas.

“Aquí pueden caminar, hay sol, aire fresco”, expuso el sargento Jesús Hernández, enlace del Sheriff con ICE en Theo Lacy, mientras se avanzaba por ese sector con capacidad para poco más de 100 personas y el cual cuenta con un jardín adornado con flores de distintos colores.

“Siempre estamos abiertos para los que quieran visitarnos. Esta es una cárcel, pero el trato y los servicios que ofrecemos son (los) mejores”, aseguró Jorge Field, director asistente de la oficina de ICE en Los Ángeles.

“Vamos a hacer cambios (pero) cuando lleguen los problemas”, añadió Field, que no tiene constancia de que esté pasando nada grave que requiera reformar el funcionamiento del centro.

Lo que no se ve

“Theo Lacy es por mucho la peor cárcel de California y seguro una de las peores del país”, afirmó Cristina Fialho, directora ejecutiva de Iniciativa Comunitaria que Visita a Inmigrantes en Confinamiento (CIVIC), organización que documentó cinco presuntas agresiones contra indocumentados por parte de alguaciles en Theo Lacy en 2014 y 2015.

“Las condiciones de detención están fuera de control”, agregó la mujer.

Uno de los testimonios que sustentan ese argumentario es el de Carlos Hidalgo, quien en 2015 pasó cuatro meses en el área de indocumentados en Theo Lacy y se dedicó a documentar algunas de las experiencias que vivió.

“Huesos quebrados, mano y hombro”, escribió sobre una hoja de cuaderno que guarda con celo en su casa en Los Ángeles después de una presunta golpiza que habría sufrido otro migrante detenido, José Gudiño.

Se cree que Gudiño fue confrontado por un agente, que no ha sido identificado, por supuestamente esconder algo de comida en su uniforme.

“El agente procedió a golpearlo y patearlo en repetidas ocasiones en el pie y sujetando sus manos […] En consecuencia el señor Gudiño fue incapaz de caminar durante un mes”, dice el informe más extenso sobre el incidente que realizó CIVIC.

El reporte de CIVIC, publicado en diciembre pasado, también cita el caso del reo Félix Alvarado, que en febrero de 2015 aparentemente fue “golpeado por varios agentes” que lo acusaron que tener un lápiz con la punta afilada. La paliza continuó, alega el grupo, incluso cuando el migrante estaba esposado.

Versiones contradictorias

ICE no respondió específicamente sobre las presuntas golpizas y maltratos, pero subrayó que el organismo procura el bienestar de las personas bajo su custodia en cualquier instalación.

“Estamos comprometidos a proporcionar un ambiente seguro y humano para nuestros detenidos y en ser transparentes sobre la naturaleza de nuestras operaciones”, dijo su vocera Virginia Kice. El Departamento del Sheriff de Orange no respondió a la solicitud de Univision para valorar los supuestos abusos denunciados por antiguos reclusos.

Hidalgo aseguró que los migrantes recibían golpizas en sitios solitarios de la cárcel. “Los llevaban al baño, a un lugar aislado, y se ponían toallas o una camisa en las manos para no dejarles moretones y ahí les daban”, afirmó.

Según ACLU, las condiciones punitivas que había establecido Theo Lacy en 2012 no eran aptas para alojar a personas retenidas solo por una violación civil de inmigración. Su informe alegaba que los indocumentados eran pateados y empujados, eran humillados con epítetos raciales y se descuidaban sus necesidades médicas.

Hace un mes, alrededor de veinte inmigrantes en Theo Lacy se declararon en huelga de hambre para pedir más acceso a la sala de descanso, que sus celdas permanecieran abiertas durante el día y que se reestablecieran los privilegios de empleo voluntario, según la versión oficial.

CIVIC, no obstante, expone quejas más severas, como el hecho de mantener apagado el sistema de aire acondicionado en pleno verano. “Estaban en condiciones inhumanas”, dijo Fialho.

Entre la vida y la muerte

La última muerte de un migrante detenido en Theo Lacy fue la del hondureño José Aguilar-Espinoza, quien falleció por un ataque al corazón el 31 de enero de 2011.

Los activistas de CIVIC creen que otra muerte está ligada a esa cárcel, la de Raúl Ernesto Morales-Ramos, quien falleció por causas aún desconocidas en Adelanto, pero después de no recibir atención médica durante “un lapso crítico” en Theo Lacy, donde estuvo detenido unos meses.

ICE no comentó en particular sobre el caso de Morales-Ramos. “En virtud de los protocolos de ICE, la muerte de un detenido desencadena una inmediata investigación interna de las circunstancias”, subrayó Kice, su portavoz.

CIVIC expone que mientras no se acepten los errores en Theo Lacy los migrantes seguirán sufriendo. “Si niegas el problema no vas a poder erradicarlo”, señaló Fialho, directora del grupo.

Carlos Hidalgo, quien salió de Theo Lacy en julio de 2015 después de defender por su cuenta un proceso de deportación y de pagar una fianza de 10,000 dólares, relató otro caso, el del migrante Eduardo Carmona, quien casi muere durante un ataque de epilepsia.

“Yo le di CPR (resucitación cardiopulmonar) y dos agentes del Sheriff nos veían con los brazos cruzados. Uno dijo: ‘mira, se puso morado’”, relató con lágrimas Hidalgo, quien salió de la penitenciaría con una cartera y una silla de montar elaboradas con envolturas de papas fritas, una distracción común ahí.

También regresó a casa con un poema que Carmona, el reo al que le salvó la vida, redactó en una hoja. “Tengamos fe que Él (Dios) ablandará el corazón de todos los que nos quieren hacer mal”, escribió.

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